Más vale prevenir que lamentar

10 de octubre de 2026

Foto: MOP

Este jueves, un torrente de barro y rocas arrastró vehículos y entró a clínicas, centros educacionales y viviendas en San Carlos de Apoquindo. El balance: al menos seis lesionados, cerca de 1.960 viviendas dañadas y zona de catástrofe para Las Condes.

A primera vista parecía un fenómeno imposible de prever: el cielo se oscureció, cayó granizo y después llovió con una intensidad torrencial. Pero hubo advertencias previas, y si las autoridades las hubiesen atendido a tiempo, la emergencia podría haber tenido otra magnitud.

Un incendio afectó la precordillera a fines de diciembre, se extendió por varios días y dejó la quebrada sin vegetación y más débil. El 31 de enero, una lluvia de verano provocó un aluvión más pequeño en el mismo sector. En febrero, Sernageomin ya hablaba de “alto peligro por remociones en masa”. Las mallas dinámicas de contención estaban proyectadas, pero su instalación recién iba a empezar este fin de semana.

Entonces, si sabíamos que esa quebrada era un peligro y ya se había activado una vez, ¿por qué el Ministerio de Obras Públicas, la Municipalidad de Las Condes y otros organismos tardaron tanto en actuar?

Las Condes es solo un ejemplo de algo que se repite en distintos rincones del país. Chile no está preparado para ser resiliente frente a las emergencias que trae el cambio climático, y que en otros casos incluso han costado vidas. No todo se puede evitar, pero mucho sí se puede atenuar, y eso depende de actuar antes, por lo que tenemos que tener un Estado mucho más fuerte no solo para enfrentar las catástrofes, sino también para evitarlas o al menos reducir su impacto.

Quizás -ahora más que nunca- no podemos olvidar el popular refrán "más vale prevenir que lamentar."

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