Lo que Ueno nos obliga a preguntar

7 de noviembre de 2026

Edificio corporativo de Ueno Bank
Edificio corporativo de Ueno Bank (Foto: Ueno Bank)

Imagínate abrir la app de tu banco por la mañana y que no te deje transferir, pagar ni sacar tu plata. Eso les pasó esta semana a casi tres millones de paraguayos, cerca del 60% de los adultos de ese país, cuando el Banco Central determinó el cese de operaciones de Ueno Bank, una fintech que en los últimos años se convirtió en banco y que empezó a ser muy popular en esa nación sudamericana.

El regulador explicó que el índice de solvencia de Ueno cayó bajo la mitad del mínimo legal. El banco había prestado cientos de millones de dólares a empresas ligadas a su dueño, Grupo Vázquez, del que el presidente Santiago Peña fue socio hasta marzo de 2025. Ayer fue destituido y detenido, sumándose así a otros ejecutivos de la entidad.

Por supuesto que Chile no es Paraguay, y nuestra ley bancaria es exigente. Pero el perímetro regulatorio se está llenando de actores nuevos, como las fintech. La pregunta que hay que hacerse es si todos operan apegados a la ley, porque si bien en muchos casos aclaran que no hay captación (es decir, captar depósitos para luego prestar esa plata, algo exclusivo del giro bancario), no siempre es claro cómo gestionan los fondos de sus clientes.

A mediados de año, la CMF rechazó la autorización de funcionamiento de la plataforma cripto Orionx. Meses después, cayó en desgracia culpando a algunos de sus socios de arrancarse con la plata. En el caso Sartor, de una AGF regulada que ayudó a poner de moda los activos alternativos, desde pequeños a grandes inversionistas siguen peleando por recuperar su plata. El hackeo a Binance, por US$6.300 millones, demostró que un ciberataque también puede dejar a los clientes sin sus lucas. La plataforma prometió cubrir las pérdidas, pero claro, es una solución que depende de su propia caja.

Son casos distintos, pero con el mismo efecto: personas que no pueden acceder a su plata y empiezan a dudar del sistema financiero. Esa confianza cuesta mucho recuperar. La idea no es desconfiar de lo nuevo, pero la ciudadanía tiene derecho a tener claro quién supervisa, quién responde y qué pasa con la plata cuando algo sale mal.

¿Tienes algo que decir sobre esta editorial? Escríbenos a [email protected] y cuéntanos tu opinión.