El precio de un seguro se entiende cuando ocurre el daño

1 de noviembre de 2026

Dos seguros de automóvil pueden mostrar una prima mensual parecida y ofrecer respuestas muy diferentes cuando ocurre un choque. El deducible, las exclusiones y las condiciones de reparación cambian cuánto deberá pagar el dueño y cuánto tiempo tendrá que resolver su problema. Comparar sólo la cuota mensual deja fuera una parte decisiva del producto.

Un ranking difundido por SERNAC en agosto de 2026 ofrece una señal concreta. Durante el segundo semestre de 2025 recibió 2.172 reclamos contra aseguradoras automotrices. La negativa a pagar un siniestro representó 843 casos, aproximadamente el 39%. Son reclamaciones recibidas, no decisiones que acrediten por sí mismas un incumplimiento ni una tasa sobre todos los siniestros del mercado.

Esa diferencia impide utilizar el volumen bruto para concluir qué empresa asegura peor. Una compañía con más clientes puede recibir más reclamos sin tener una mayor frecuencia relativa. La evaluación necesita denominadores comparables, tipos de cobertura y resultados de las controversias. La utilidad del dato es identificar dónde se concentran las dificultades que requieren explicación.

El deducible merece una lectura especialmente cuidadosa. La CMF lo describe como la parte que no reembolsa la aseguradora. Según la póliza, una prima menor puede venir acompañada de una suma mayor a cargo del cliente ante un daño cubierto. Esa combinación puede ser razonable si la persona entiende y puede afrontar ese gasto.

La investigación económica muestra que estas decisiones distan de ser intuitivas. Justin Sydnor estudió elecciones de deducibles en seguros de vivienda de Estados Unidos y encontró que muchos clientes pagaban primas elevadas para reducir riesgos monetarios modestos. Su artículo no permite recomendar un deducible a los conductores chilenos; evidencia que la forma de evaluar pérdidas pequeñas puede encarecer la protección.

La comparación debería permitir observar el costo anual junto con escenarios de uso. Para un mismo daño hipotético, con supuestos explícitos, cada oferta podría mostrar cuánto asume la compañía y cuánto el asegurado. Conviene incluir también un evento excluido: en ese caso, una cuota baja o un deducible bajo no crean una cobertura que el contrato no contempla.

Esta presentación no reemplaza las condiciones de la póliza. Las vuelve más fáciles de contrastar. Un ejemplo necesita identificar límites, requisitos de denuncia y circunstancias que cambian la respuesta; una simulación excesivamente favorable puede producir una confianza injustificada.

La liquidez también importa. La alternativa de menor costo esperado puede exigir un desembolso difícil de afrontar en el momento del daño. Decidir bien requiere relacionar la prima y el deducible con la protección buscada y la capacidad de asumir esa parte del riesgo, sin confundir una preferencia personal con una solución óptima para todos.

Propongo que las cotizaciones incorporen una ficha breve y comparable de escenarios, vinculada a la póliza que la respalda. Las empresas podrían someterla a pruebas de comprensión y revisar si reduce errores y controversias. Para el consumidor, la pregunta útil antes de contratar es cuánto le costaría un daño cubierto y en qué situaciones seguiría pagando por su cuenta. El precio del seguro se vuelve comprensible cuando esa respuesta aparece antes del siniestro.

Juan Alberto Díaz Mondaca

Ingeniero comercial y docente

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