Las últimas proyecciones para la economía chilena confirmaron un escenario más débil de lo previsto. El Gobierno redujo su estimación de crecimiento para 2026 a 0,7%, mientras el Banco Mundial la situó en 0,8%. Para 2027, en cambio, las perspectivas son más favorables y apuntan a una recuperación de la actividad.
Más allá de las diferencias entre las cifras, el escenario plantea una pregunta: ¿qué hacer cuando el entorno nacional ofrece menos espacio para expandirse y obliga a mirar con mayor atención cada decisión?
En períodos como el actual, la primera reacción suele ser defensiva: contener gastos, postergar inversiones y esperar mejores condiciones. Son decisiones comprensibles, pero tienen un límite. Una estrategia basada únicamente en reducir costos puede ayudar a atravesar un período complejo, pero difícilmente permite construir nuevas oportunidades.
Por eso, un escenario de menor actividad también puede ser una oportunidad para revisar cómo funcionan las empresas por dentro. Procesos que antes parecían secundarios —desde la gestión de pagos y cobranzas hasta la administración de proveedores o los flujos financieros— adquieren mayor relevancia cuando los márgenes son más estrechos.
La eficiencia, en este sentido, no debería entenderse solamente como gastar menos. También implica utilizar mejor los recursos disponibles, reducir fricciones y contar con mayor visibilidad para tomar decisiones. Para una empresa que opera con mercados internacionales, por ejemplo, tener procesos financieros adecuados puede hacer una diferencia relevante en la forma en que administra sus operaciones y planifica sus próximos pasos.
Esta mirada adquiere especial importancia en Chile por el grado de apertura de su economía. Cuando la actividad doméstica pierde dinamismo, ampliar la mirada hacia otros mercados puede ofrecer alternativas para empresas que cuentan con productos, servicios o capacidades con potencial de internacionalización.
Esto ya no es exclusivo de las grandes compañías. La expansión de las exportaciones de servicios, el comercio electrónico y el desarrollo de sectores, como la agroindustria y la tecnología, han abierto nuevas posibilidades para empresas de distintos tamaños. Pero aprovecharlas requiere algo más que encontrar un cliente en otro país: también supone contar con una estructura capaz de sostener operaciones internacionales de manera eficiente.
Ahí existe un desafío que trasciende la coyuntura. Chile puede tener un mejor escenario macroeconómico en 2027, pero las empresas que quieran aprovecharlo no pueden comenzar a prepararse cuando las condiciones ya hayan cambiado. La capacidad de responder con rapidez, abrir nuevos mercados y administrar de manera eficiente los recursos, debe construirse con anticipación.
Por eso, el actual período de menor dinamismo puede ser un buen momento para revisar prioridades. No se trata de anticipar exactamente cuándo cambiará el ciclo económico, sino de llegar a ese momento con organizaciones más eficientes, procesos más sólidos y mayor capacidad para aprovechar oportunidades que surjan dentro y fuera de Chile.
En definitiva, el desafío frente a un escenario de bajo crecimiento no es simplemente esperar a que la economía vuelva a acelerarse. También es preguntarse qué pueden hacer hoy las empresas para que, cuando las condiciones mejoren, estén en una posición más adecuada para adaptarse, crecer y expandirse.