Hace siete años fundamos Chócale sabiendo que el contexto para los medios era difícil. Sabíamos que el modelo de negocio del periodismo venía en proceso de desgaste.
El problema es que, sin querer caer en la autocomplacencia, la realidad a veces es más dura de lo que nos imaginábamos.
Tenemos mentalidad de startup y usamos la tecnología a nuestro favor. Pese a eso, enfrentamos una amenaza permanente desde múltiples frentes: buscadores que capturan tráfico sin retribuir (de hecho, cada vez ocultan más los links), redes sociales que deciden qué contenido circula y cuál no, redes de publicidad que se quedan con buena parte de los ingresos, agencias de clipping que revenden nuestro trabajo y, ahora, la IA, que sistematiza todo este saqueo a otra escala. A ellos se suman creadores de contenido que reempaquetan lo nuestro y lo publican como propio.
Esta semana, el periodista Ascanio Cavallo describió a la prensa como "un ejército derrotado" por tecnológicas que se quedaron con el tráfico, la publicidad y los ingresos que antes generaban los medios.
Advirtió sobre una segunda ofensiva impulsada por la IA, donde el insumo más valioso de esos modelos son los datos que los periodistas producimos a diario, y dijo que la inversión privada en IA llegó a US$350.000 millones en 2025 en EE.UU., pero apenas un 0,5% se destinó a pagar derechos de autor.
Esa misma lógica la enfrentamos a diario los medios chilenos: cada plataforma que redistribuye contenido sin pagar reduce el margen para sostener el periodismo, justo cuando se necesita más y mejor información.
La discusión no es si la tecnología debe convivir con el periodismo (ya lo está haciendo), sino en qué condiciones. Mientras no exista regulación clara sobre integración vertical ni compensación real por el uso de contenidos, los medios seguiremos financiando el negocio de quienes hoy buscan desplazarnos.