Hay algo especialmente corrosivo en los delincuentes de cuello y corbata. No necesariamente porque sus delitos sean más graves que otros, sino porque suelen moverse en espacios donde la confianza es parte esencial del negocio. Aprovechan el poder o el dinero para hacer lo que se les venga en gana… (y si no, tienen buenos abogados para defenderse después).
Esta semana nos generó mucha satisfacción y esperanza ver cómo finalmente se lograba cumplir el fallo judicial de la Corte Suprema y empezó el bloqueo de decenas de sitios de casas de apuestas ilegales que operaban en Chile.
Sin embargo, en menos de 48 horas, ya varios de ellos habían cambiado sus dominios para seguir funcionando. Recordemos: son ilegales, son nocivas, se llevan la plata para afuera (lo único que dejan es para marketing y medios, inhibiendo la crítica) y no generan ninguna externalidad positiva. Que sigan operando pese a todos los fallos solo demuestra la calaña de la que están hechos.
En el mercado financiero también estamos observando señales preocupantes. El caso Sartor dejó justamente esa sensación. Más allá de cómo terminen las responsabilidades individuales, el episodio golpeó la confianza en una industria donde el cliente entrega su dinero esperando que existan controles, supervisión y límites claros, y eso no se cumplió. El Estado debe proteger a las personas... si no, ¿quién más lo hace?
Lo más reciente es el colapso de OrionX, uno de los exchange cripto más conocidos. La propia compañía denunció una presunta salida millonaria de criptoactivos y presentó una querella contra dos de sus socios fundadores.
Será la justicia la que determine qué ocurrió y quiénes son responsables, pero los daños reputacionales suman y siguen. Pese a no estar regulada, intentó estarlo, y esto no solo los golpea a ellos, ya que también alcanza a otros actores fintech que llevan años tratando de demostrar que pueden competir en serio, con reglas, controles, productos y servicios de calidad.
Ese es el verdadero costo de los delincuentes de cuello y corbata. No solo se llevan la plata para la casa o vulneran la ley, también destruyen confianza. Y en el sector financiero, donde todo comienza por creer que otro va a cuidar tu dinero y respetar las reglas, recuperar esa confianza puede tomar mucho más tiempo que determinar responsabilidades.