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Vivir con amigos: Cómo llevar las finanzas sin afectar la amistad

Acordar reglas desde el inicio, separar gastos personales y transparentar pagos son algunas de las recomendaciones para preservar la amistad y convivir sin conflictos.

Vivir con amigos ya no solo es algo propio de la etapa universitaria. El aumento en los costos de vida ha empujado a jóvenes y trabajadores a buscar roommates, o compañeros de casa, para repartir los gastos que implica independizarse y salir de la casa de los papás.

Sin embargo, hay situaciones que pueden tensionar la convivencia: cuentas impagas, diferencias en compras comunes o desacuerdos sobre el uso de espacios compartidos suelen transformarse en algunos de los principales focos de conflicto entre quienes conviven.

Frente a ese escenario, el CEO de Patrimore, Sergio Tricio, planteó que el primer paso para evitar tensiones y conservar la amistad pese a la convivencia debe ser ordenar las cuentas desde el inicio.

“El primer paso es diseñar un presupuesto que incorpore todos los gastos esperados: arriendo, cuentas básicas, internet, artículos de limpieza, supermercado y gastos comunes, entre otros”, explicó.

Además, recomendó separar completamente las finanzas del hogar de los gastos individuales. “Una buena práctica, al igual que ocurre en muchas parejas, es utilizar una cuenta bancaria separada y compartida exclusivamente para los gastos del hogar. Cada integrante deposita mensualmente el monto acordado y todos los pagos se realizan desde esa cuenta”, señaló.

Foto: cottonbro studio de Pexels

A su juicio, este sistema ayuda a transparentar el uso del dinero y evitar discusiones posteriores. “Esto permite llevar un registro claro, revisar los gastos periódicamente y hacer ajustes cuando sea necesario, evitando malos entendidos o desorden financiero”, afirmó.

Los acuerdos que requiere la convivencia

Pero las diferencias entre amigos que viven juntos o roommates no siempre aparecen por falta de dinero. Muchas veces, los conflictos surgen por expectativas distintas respecto al estilo de vida, los hábitos de consumo o las responsabilidades dentro del hogar.

“Es muy importante que exista compatibilidad en el estilo de vida y en la realidad financiera de quienes deciden vivir juntos. Las diferencias de ingresos no necesariamente son un problema, pero sí pueden convertirse en uno cuando las expectativas de gasto son muy distintas”, sostuvo Tricio.

“Por eso, desde el inicio conviene definir claramente qué gastos serán compartidos, cómo se dividirán y qué cosas serán personales. Mientras más claras sean las reglas desde el comienzo, menor será la posibilidad de conflictos futuros”, agregó.

Por su parte, la psicóloga y académica de la Escuela de Psicología de la Universidad de los Andes, Romina León, explicó que el dinero suele transformarse en un tema especialmente sensible cuando se mezcla con amistades.

“Cuando dos amigos comienzan a convivir, el aspecto financiero pasa a transformarse en una variable muy relevante en la relación. Si no existen acuerdos claros, pueden aparecer tensiones asociadas a diferencias en hábitos de gasto, niveles de responsabilidad o percepciones de injusticia”, afirmó.

“Además, al tratarse de vínculos afectivos, muchas veces las personas evitan hablar de dinero para no generar incomodidad, lo que termina acumulando conflictos”, añadió.

Foto: AntonioGuillem de Getty Images

Pequeñas diferencias que terminan pesando

La decoración del departamento, los alimentos específicos o la frecuencia con que se utilizan ciertos servicios básicos suelen parecer detalles menores al comienzo de la convivencia. Sin embargo, con el paso de los meses, esas diferencias pueden generar desgaste entre quienes comparten un mismo espacio.

Uno de los errores más comunes es intentar compartir gastos que en realidad son personales o responden a preferencias individuales”, indicó el CEO de Patrimore.

Por ejemplo, mencionó decisiones relacionadas con la limpieza o la contratación de ayuda doméstica como situaciones que requieren acuerdos previos. “Pueden parecer temas menores al principio, pero con el tiempo generan fricciones importantes”, aseguró.

Foto: Dragon Images

Asimismo, la directora de las carreras del área de Administración de la sede San Joaquín del Instituto Profesional y Centro de Formación Técnica Santo Tomás, Abigail Morales, advirtió que muchas veces los problemas aparecen porque los acuerdos quedan solo en conversaciones informales. “Los errores más frecuentes son no formalizar acuerdos, no registrar los gastos y asumir niveles de compromiso financiero similares entre todos los integrantes”, explicó.

En este sentido, recomendó apoyarse en herramientas simples para ordenar las finanzas compartidas. “Existen aplicaciones de gastos compartidos, planillas simples o incluso cuentas comunes que permiten asegurar transparencia y trazabilidad en los pagos”, señaló.

También recalcó la importancia de revisar periódicamente cómo está funcionando la convivencia y no esperar a que aparezcan problemas mayores. “La prevención pasa por establecer reglas claras, mantener una comunicación constante y asegurar trazabilidad del dinero. En términos simples, las cuentas claras ayudan a preservar la convivencia”, afirmó.

León, en tanto, aclaró que los conflictos económicos no necesariamente terminan deteriorando una amistad cuando se enfrentan oportunamente. “La clave está en mantener una comunicación transparente, honesta y respetuosa. Los conflictos financieros se manejan mejor cuando se abordan de manera directa, pero desde la empatía y la colaboración”, sostuvo.

La confianza y la responsabilidad compartida son fundamentales para que los problemas económicos no terminen deteriorando la convivencia ni afectando la amistad”, concluyó.

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