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¿Es hora de dar mesada a tus hijos? Esto recomiendan los expertos

Siempre que se implemente correctamente, la mesada puede ayudar a desarrollar hábitos de ahorro, planificación y consumo responsable desde la infancia.
Foto: Diseño de Chócale, con ilustración generada por IA.

Los niños no nacen sabiendo cuánto cuesta un dulce, por qué no siempre les pueden comprar lo que quieren o qué significa ahorrar para conseguir algo más adelante. Esos aprendizajes comienzan en casa, muchas veces a través de situaciones tan cotidianas como pedir plata para un juguete, una colación o una salida con amigos.

En ese proceso, una de las preguntas que más se repite entre los padres es cuándo conviene empezar a dar una mesada y cómo hacerlo de manera que realmente tenga un valor educativo.

Aunque no existe una fórmula única, académicos y especialistas coinciden en que este aporte puede transformarse en una de las primeras herramientas para enseñar a administrar recursos, planificar gastos y tomar decisiones de consumo. La recomendación, eso sí, es adaptarlo a la edad de los hijos y a la realidad económica de cada familia.

Patricio Valenzuela, académico de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), señaló que una edad apropiada para comenzar a entregar una mesada, más bien pequeña, es entre los 6 y 8 años. “A esa edad, los niños ya tienen una comprensión básica de los números y pueden empezar a asociar el dinero con decisiones de ahorro y gasto”, afirmó.

Según explicó, esta herramienta permite desarrollar habilidades fundamentales como distinguir entre necesidades y deseos, comprender que los recursos son limitados y aprender a postergar gratificaciones para alcanzar objetivos mayores.

Desde una perspectiva psicológica, Paula Pérez-Bengoa, psicóloga de IP-CFT Santo Tomás Santiago Centro, aseguró que esta práctica puede transformarse en una herramienta de aprendizaje que va más allá del manejo del dinero.

Niño pequeño introduciendo una moneda de su mesada en una alcancía azul con ayuda de un adulto
Foto: Shisuka

"Ayuda a desarrollar funciones ejecutivas de planificación y control de impulsos, entendiendo las consecuencias naturales de no hacerlo bien: 'si gasto todo esto, no tengo más dinero para después'", explicó.

Más que una edad exacta, coincidió en que la entrega de una mesada debe ajustarse al desarrollo de cada niño. Aunque indicó que "suele ser adecuado comenzar aproximadamente entre los 6 y 8 años, cuando ya comprenden nociones básicas como cantidad, espera y elección".

Mesada: Más que dinero para gastar

A medida que los niños crecen, también aumentan los aprendizajes que pueden obtener a través de este aporte. Durante la preadolescencia, esta herramienta ayuda a desarrollar capacidades de planificación y comparación de alternativas.

Más adelante, en la adolescencia, permite introducir conceptos más complejos relacionados con presupuestos, medios de pago digitales e incluso nociones básicas de inversión.

“Más que el monto de la mesada, lo relevante es que la responsabilidad asociada a la administración del dinero aumente gradualmente con la edad y madurez del menor”, sostuvo Valenzuela.

Sin embargo, el académico de la Escuela de Negocios de la UAI, enfatizó que la evidencia muestra que esta práctica funciona mejor cuando va acompañada de educación financiera y del ejemplo que entregan los padres dentro del hogar.

Foto: Archivo Chócale

“Es muy importante formar hábitos financieros desde la infancia. En Chile, donde el sobreendeudamiento de los hogares sigue siendo una preocupación estructural, la educación financiera temprana es una herramienta clave”, señaló Abigail Morales, directora de carrera del Área Administración sede San Joaquín de IP-CFT Santo Tomás.

¿Cuánto dinero debería recibir un niño?

Uno de los aspectos que más dudas genera entre los padres es el monto adecuado para entregar. Los especialistas coinciden en que no existe una cifra estándar y que esta debe definirse en función de las posibilidades económicas de cada hogar.

Valenzuela explicó que la mesada no requiere grandes cantidades para cumplir su objetivo educativo. "Incluso montos modestos pueden ser suficientes para enseñar conceptos como ahorro, endeudamiento e inversión. Lo importante es que los niños dispongan de cierto margen para tomar decisiones, enfrentar las consecuencias de sus elecciones y aprender de ellas", aseguró.

Por su parte, Sergio Tricio, CEO de Patrimore, recomendó partir observando cuánto dinero se destina habitualmente a gastos personales de los hijos.

“Un buen primer paso para definir una mesada es identificar cuánto se ha gastado en este tipo de consumos durante los últimos tres meses y calcular un promedio”, indicó. Según explicó, la cifra puede variar entre $5.000 y $20.000 o más, dependiendo de la realidad de cada familia.

Respecto a la frecuencia, los expertos sugieren una entrega semanal para los niños más pequeños y mensual para los adolescentes. Esto permite desarrollar una planificación más cercana a la forma en que funcionan los ingresos durante la vida adulta.

Cuidado con "transformarse en un cajero automático"

Otro debate habitual apunta a si la mesada debería estar vinculada a tareas domésticas.

Valenzuela considera que las responsabilidades habituales del hogar no deberían remunerarse, ya que forman parte de la convivencia familiar. Sin embargo, plantea que una alternativa equilibrada consiste en combinar un monto fijo con ingresos adicionales por tareas extraordinarias.

“En el esquema mixto, los niños reciben una mesada fija orientada al aprendizaje financiero, pero también pueden obtener ingresos adicionales por tareas extraordinarias que excedan sus obligaciones habituales”, explicó.

Foto: Shisuka

“De esta forma, se promueven simultáneamente dos aprendizajes complementarios: por un lado, la responsabilidad y la cooperación dentro de la familia; por otro, las habilidades necesarias para administrar recursos, planificar gastos y tomar decisiones financieras informadas”, añadió.

Por su parte, Pérez-Bengoa coincidió en que no es recomendable vincular de forma permanente la mesada al cumplimiento de tareas cotidianas.

"Cuando se paga por responsabilidades básicas, como ordenar, estudiar o colaborar en el hogar, los niños pueden empezar a actuar solo en función de recompensas externas, desarrollando una lógica transaccional, en lugar de internalizar valores como la responsabilidad, la equidad de labores domésticas o la pertenencia familiar", afirmó.

En esa línea, sostuvo que la opción más equilibrada es entregar una base para enseñar a administrar el dinero y, si la familia lo estima conveniente, complementarla con pagos puntuales por tareas extraordinarias. "La mesada es educativa cuando se convierte en una experiencia guiada para desarrollar criterio y autonomía, más que en una herramienta de control conductual", aseguró.

Tricio, en tanto, advirtió que uno de los errores más frecuentes ocurre cuando la mesada termina funcionando como un “cajero automático”. También cuestionó entregar acceso irrestricto a tarjetas sin supervisión. “Es importante que los hijos comprendan que los recursos son limitados y que las decisiones tienen consecuencias”, afirmó.



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