Opinión Editorial

Cuando las buenas intenciones salen caras

25 de julio de 2026

El Congreso terminó aprobando dos indicaciones dentro de la Ley de Reconstrucción que suenan bien, pero podrían salir caras. Mirados de cerca, ambos "golazos" legislativos podrían encarecer y restringir justo lo que dicen defender: el acceso al crédito.

El primero es el "derecho al olvido financiero", que obliga a borrar deudas de más de cinco años. Suena razonable, pero su efecto real es limitado, porque la ley de Deuda Consolidada (que recién se puso en marcha) ya permite acceder a créditos en otro banco e instituciones pasado ese plazo. Lo que sí cambia es que los bancos tendrán menos información propia para evaluar riesgo, y eso suele traducirse en tasas más altas.

En tanto, el segundo es más drástico: la prohibición del anatocismo, es decir, que los intereses generen nuevos intereses. Afecta a casi todos los productos de crédito y ahorro. El Banco Central, la CMF, la ABIF, BancoEstado y economistas advirtieron lo mismo: la medida podría subir las tasas, reducir el acceso a productos financieros y desincentivar el ahorro, porque los depósitos a plazo también dependen de esa capitalización.

Ahí tenemos una gran contradicción, porque se supone que estas ideas buscarían proteger a las personas. El problema es que trasladan el riesgo a costos más altos que afectan sobre todo a quienes tienen un buen comportamiento, o que en muchos casos ahora te rechacen una solicitud de crédito. Quienes más lo sentirían no son las grandes empresas o personas de mayor poder adquisitivo, sino las personas y pymes que dependen del acceso a financiamiento para comprar una casa, cambiar el auto, acceder a capital de trabajo, adquirir maquinaria, etc. 

Estamos conscientes de que el sistema actual no está exento de problemas, pero si el resultado son créditos más caros y más difíciles de conseguir, la ley habrá logrado justo lo contrario de lo que prometió.

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