Señor Director:
A propósito del término de la Copa Mundial de Fútbol 2026, se experimentó un auge de las apuestas online en redes sociales, una práctica peligrosa y adictiva que es popular entre menores de edad.
La falta de regulación de estos casinos facilita la popularización de esta actividad en una población que no tiene la facultad legal para participar, provocando consecuencias tanto en el deporte como en la comunidad.
He visto en mis compañeros y amigos cómo la percepción del fútbol y el disfrute de los partidos ha dado un giro drástico, ya que ahora no solo se apoya al equipo que más les guste o en donde están los jugadores más famosos, sino que el dinero comienza a ser más importante que la pasión, el esfuerzo y el compañerismo que estas instancias proporcionan.
Las faltas cometidas, las jugadas tácticas y los goles se convierten en una situación que los mantiene angustiados durante todo el encuentro. Lo anterior ocurre, ya que existe una apuesta de por medio, en donde, si se cumplen ciertas condiciones, el valor inicial puede llegar a multiplicarse 6 veces.
Esta posibilidad altera los principios tanto del deporte como de las apuestas, que han dejado de verse como un riesgo para convertirse en una forma de entretención, promoviéndose en anuncios, comerciales e incluso por publicidad de figuras conocidas del rubro deportivo.
Quizás el problema no sea la existencia de las apuestas como tal, sino que estamos normalizando que las nuevas generaciones aprendan a relacionarse con el deporte de forma riesgosa y que prima por sobre los valores sociales.
Por ello, mi llamado a las autoridades es no solo a regular la legislación para este tipo de “negocios fantasma", también es a desenmascarar la fascinación del público e instruir sobre el peligro de las apuestas, eliminando la masificación de anuncios, para que así el fútbol pueda volver a disfrutarse como lo que es, un deporte y no una oportunidad de pérdida económica.