Las vacaciones de verano concentran una de las temporadas de mayor gasto para los hogares y encienden alertas sobre posibles desórdenes financieros que podrían arrastrarse durante el resto del año.
Lo anterior se explica porque los viajes, los traslados, las salidas y el consumo cotidiano suelen aumentar en enero y febrero, especialmente en familias con niños, lo que eleva el riesgo de desequilibrios si no existe una planificación previa.
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Según datos de la XII Encuesta Nacional Ecosistema Emprendedor, un 35% de los encuestados proyecta desembolsar más de $1 millón en sus vacaciones, más del doble que en 2025, cuando solo un 16% contempló ese nivel de presupuesto. Así, aunque el 91% declaró financiar este periodo con ahorros, el mayor dinamismo del consumo vuelve más relevante el control de los recursos.
En este sentido, desde Experian advirtieron que el desorden financiero no aparece de manera abrupta, sino que se construye a partir de pequeñas decisiones cotidianas.
“Durante las vacaciones es habitual que se relajen los mecanismos de control financiero y aumente el uso del crédito para gastos cotidianos. El riesgo aparece cuando no se evalúa el impacto acumulado de esas decisiones en la capacidad de pago de los meses siguientes”, señaló Richard Kosche, Product & Go To Market Manager de Experian.
El riesgo del “efecto bola de nieve”
Muchas familias evalúan los gastos ligados a las vacaciones de forma aislada, sin considerar su impacto conjunto en el presupuesto mensual. Así, compromisos que parecen manejables durante el verano pueden transformarse en presión financiera al sumarse a los desembolsos de marzo.

Desde Experian recomendaron mantener una mirada activa sobre la situación económica personal, revisar compromisos vigentes y evaluar con mayor cautela el uso del crédito durante este período.
En esta línea, contar con información clara antes, durante y después de las vacaciones permite anticipar eventuales tensiones y evitar que el desorden se extienda hacia marzo.
En paralelo, el académico de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Universidad de los Andes e investigador del Instituto Milenio MIPP, Patricio Valenzuela, advirtió que un mayor presupuesto no debería traducirse en un relajo financiero.
“Las vacaciones pueden ayudarnos a mejorar nuestra salud mental, mientras que el sobreendeudamiento puede producir el efecto contrario”, afirmó.
Planificación y límites claros
Para los expertos, el punto de partida consiste en definir un monto máximo de gasto y resguardar que la carga financiera no supere el 25% del ingreso disponible, una vez descontado el arriendo o dividendo. Asimismo, recomendaron llevar un registro detallado de los desembolsos diarios para mantener control efectivo del presupuesto.
“Muchas veces la planificación se centra solo en los grandes desembolsos y se pasan por alto gastos cotidianos como la alimentación, la bencina o los estacionamientos. Mantener ese registro permite evaluar si se está cumpliendo lo planificado y corregir el rumbo a tiempo", señaló Valenzuela.
"Otro elemento fundamental es priorizar, distinguir entre necesidades y deseos evita llegar a mitad de las vacaciones con la sorpresa de haber agotado el presupuesto en actividades prescindibles. A ello se suma la necesidad de ser realistas: el descanso dura algunos días, pero luego llega el momento de retomar la rutina y enfrentar la realidad económica”, agregó.
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