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Compras impulsivas: ¿Cómo saber si lo que quieres realmente vale la pena?

Desde el costo de oportunidad hasta la regla de las 48 horas, conoce las técnicas que recomiendan los expertos para evitar compras impulsivas.
Foto: Archivo Chócale

Comprar algo que no estaba contemplado en el presupuesto puede parecer una decisión menor. Muchas veces, una promoción atractiva, la posibilidad de pagar en 'cómodas cuotas' o la afirmación 'para eso trabajo' pueden pesar más que cualquier cálculo. El problema surge cuando estas conductas se repiten; el impacto en la billetera deja de ser imperceptible.

De acuerdo con cifras de Defensadeudores.cl, en Chile uno de cada cuatro adultos se encuentra en mora y casi 4 millones de personas mantienen deudas impagas. Además, el monto promedio adeudado de los chilenos bordea los $2,5 millones, lo que equivale a cerca de cinco sueldos mínimos.

En este sentido, Sebastián Muñoz, abogado jefe del área de insolvencia de DefensaDeudores.cl, advirtió que gran parte de los casos de sobreendeudamiento no comienzan con grandes compromisos financieros, sino con gastos habituales que no se analizaron con suficiente detención.

“Uno de los errores más frecuentes es confundir deseo con necesidad y tomar decisiones sin considerar el impacto financiero real”, afirmó Muñoz.

El abogado añadió que muchas adquisiciones se concretan “sin preguntarse si se puede pagar al contado sin afectar el fondo de emergencia, cuánto cuesta realmente si es a crédito, cuál es el CAE, o cuántas horas de trabajo efectivo implica esa compra”.

Bolsas de compras
Foto: Pexels

Asimismo, advirtió que “evaluar solo el precio inmediato, y no el costo total ni el impacto en el presupuesto lleva a decisiones que luego terminan en sobreendeudamiento o registros negativos en Dicom”.

Cuando el contexto empuja a decidir rápido

En diversas ocasiones surgen señales y mensajes que incentivan a comprar sin mayor reflexión. En este sentido, para Muñoz, el entorno comercial influye directamente en la percepción de si algo 'vale la pena'.

“Estrategias como 'últimos cupos', relojes regresivos, 'los 2x1' o el 'compra ahora y paga después' generan una sensación artificial de urgencia que empuja a decidir rápido, sin evaluar consecuencias”, sostuvo.

Desde la economía conductual, Karina Isla, directora del MBA Weekend de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad Diego Portales, reforzó esa idea y afirmó que “el contexto tiene un rol clave, especialmente cuando hay algún grado de urgencia, ya que activa los denominados ‘atajos mentales’”.

La académica explicó que “un descuento nos hace sentir que estamos frente a una oportunidad que no se repetirá” y que las comparaciones del tipo “antes $1.000, ahora $800” generan la impresión de pérdida si no se compra en ese momento.

Foto: Archivo Chócale

"Los descuentos también funcionan como ancla: si algo costaba mucho más antes, el precio actual parece razonable aunque siga siendo alto para nuestro presupuesto. Incluso comparar opciones puede empujarnos a elegir algo intermedio solo porque al lado hay una versión más cara", señaló, por su parte, Sergio Tricio, CEO de Patrimore.

"No evaluamos el producto en abstracto, lo evaluamos en relación al entorno. Y ese entorno está diseñado para que decidamos rápido, no necesariamente bien”, agregó.

Los principales errores que cometemos antes de comprar

Más allá del impulso o de la rebaja puntual, Patricia Aguilar, directora de carreras del Área Administración del Instituto Profesional y el Centro de Formación Técnica de Santo Tomás Los Ángeles, sostuvo que evaluar una compra exige mirar el presupuesto completo y no solo la etiqueta del precio.

“Uno de los errores más frecuentes es decidir desde la emoción de la ‘oportunidad’ y no desde la realidad del presupuesto. Cuando vemos una oferta, nuestra atención se concentra en el beneficio inmediato y dejamos en segundo plano lo que realmente podemos pagar”, explicó.

En este sentido, la académica identificó tres errores que se repiten con frecuencia. El primero consiste en ignorar el costo de oportunidad. "Cada peso que gastamos hoy es un peso que no estará disponible mañana. Una compra impulsiva puede significar, en la práctica, menos margen para la patente, los uniformes o las cuentas del mes siguiente", ejemplificó.

Además, advirtió que muchas personas analizan el desembolso de manera aislada.“Tendemos a mirar la compra como si fuera la única del mes, sin considerar que se suma a todos los demás compromisos. Esas compras que ‘no estaban en el mapa’ son las que suelen desordenar el presupuesto”, señaló.

Por su parte, Tricio indicó que la confusión más extendida radica en equipar descuento con conveniencia. "Si algo está en oferta, sentimos que estamos ganando, cuando en realidad igual estamos gastando.En el momento de decidir, el cerebro privilegia la emoción y la recompensa inmediata. El problema es que el valor real de una compra no está en lo que cuesta hoy, sino en cuánto aporta a nuestra vida después”, aseguró.

Cómo saber si una compra es realmente conveniente

Al momento de definir si una compra es conveniente, Aguilar sostuvo que el precio por sí solo no es un gran indicador. A su juicio, existen al menos tres variables que deberían pesar más: el costo por uso, el costo de oportunidad y la paz mental.

Respecto del primero, precisó que “no se trata solo de cuánto cuesta, sino de cuánto lo vas a utilizar”. Sobre el costo de oportunidad, planteó un pregunta clave: “si gasto este dinero hoy ¿qué voy a dejar de cubrir después?”. En relación con la paz mental, advirtió que “ningún descuento compensa el estrés de quedar justo o tener que ‘bicicletear’ deudas”.

Ofertas
Foto: Archivo

Muñoz, en tanto, recomendó frenar el impulso con la regla de las 48 horas. "Si después de dos días la compra sigue siendo necesaria y conveniente, recién evaluarla con calma", sugirió. También llamó a “desactivar notificaciones, eliminar datos de pago guardados y fijar topes de gasto” como medidas concretas para recuperar control.

La psicóloga Romina León, académica de la Escuela de Psicología de la Universidad de los Andes, añadió que existen señales internas que alertan sobre una decisión impulsiva. “Cuando la persona no logra responder con claridad para qué necesita algo, cuándo lo va a usar o qué función real cumplirá, es probable que se trate de un impulso más que de una necesidad”, explicó.

Como ejercicio práctico, recomendó “detenerse deliberadamente antes de comprar y tratar de situar el objeto en la experiencia concreta: preguntarse para qué lo necesita, cuándo lo va a usar, cuántas veces, dónde lo va a guardar o en qué contexto específico tendrá uso”.

“Este ejercicio permite crear un espacio de reflexión que ayuda a distinguir si el objeto tendrá un uso real o si es prescindible”, explicó.

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