Hace poco más de una década, cuando comenzaron a popularizarse las criptomonedas, la conversación giraba en torno a una gran promesa: transformar y reemplazar al dinero que conocemos. El tiempo demostró que ese escenario estaba lejos de concretarse. Bitcoin encontró su espacio como activo de inversión ("reserva de valor", le dicen), pero nadie lo ocupa en su día a día como medio de pago.
Ahora la discusión cambió. Ya no se trata tanto de crear una moneda nueva, sino de modernizar la forma en que el dinero se mueve. Y ahí aparecen las stablecoins.
A diferencia de las criptomonedas, las stablecoins buscan mantener un valor estable, normalmente equivalente al dólar estadounidense u otras monedas. Entonces, más que apostar (o especular) a que suban de precio, fueron diseñadas para transferir dinero de manera rápida, operar 24/7 y reducir costos en pagos internacionales.
El vicepresidente del Banco Central, Alberto Naudon, escribió una columna en el blog a principios de mes, y este miércoles volvió a poner el tema sobre la mesa durante el Digital Assets Forum Chile 2026. El instituto emisor viene estudiando cómo abordar estos instrumentos y prepara un marco regulatorio.
Lo que han dicho las autoridades es que, más que fijarse en la tecnología, hay que mirar la función que cumplen. Si una stablecoin termina usándose como medio de pago, deberá cumplir estándares similares a los de cualquier otro sistema que mueve dinero.
Todavía quedan algunas preguntas relevantes: cómo proteger a los usuarios, quién fiscalizará a los emisores y qué reglas deberán cumplir. Lo que está claro es que esta discusión ya no pertenece solo al mundo de las criptomonedas y se está transformando en una conversación sobre el futuro de los pagos.