Presentado por:

"FOMO": el enemigo (silencioso) que puede vaciar tu bolsillo

Comprar, viajar o invertir para no quedarse fuera puede generar gastos impulsivos y alejados de la realidad financiera personal.

Quienes hicieron filas para comprar sobres de láminas para completar el álbum del Mundial, compraron entradas para Lollapalooza pese a no conocer a la mayoría de los artistas o invirtieron en un activo porque todos hablaban de él en redes sociales, probablemente experimentaron una misma sensación: el miedo a quedarse fuera.

Este fenómeno tiene nombre y se conoce como FOMO, sigla de Fear of Missing Out o miedo a perderse algo, y cada vez aparece con más frecuencia detrás de decisiones de consumo, gastos inesperados e incluso inversiones realizadas bajo presión.

En efecto, aunque suele asociarse al auge de las redes sociales, especialistas plantean que se trata de una experiencia humana mucho más antigua, vinculada a la necesidad de pertenecer y participar de aquello que otros consideran importante.

Cristóbal Hernández, académico de la Escuela de Psicología de la Universidad de los Andes, explicó que el fenómeno está estrechamente ligado a la necesidad de pertenencia. “El FOMO tiene que ver con la preocupación de perderse experiencias, quedar excluido de grupos o conversaciones, o sentir que otros están viviendo algo de lo que uno no forma parte”, señaló.

El especialista ejemplificó que la sensación es similar a la que experimenta una persona que no puede asistir a una reunión, un viaje o una celebración y luego observa cómo el resto comparte recuerdos, historias o bromas internas de las que no forma parte. La diferencia es que hoy las plataformas digitales multiplican esas oportunidades de comparación.

“No creo que se haya vuelto tan común, sino que se ha visibilizado más con las redes sociales que amplifican las posibilidades de perdernos algo, ya que tenemos acceso a mucha información interpersonal”, afirmó.

Foto: Marchmeena29 de Getty Images Pro

Del miedo a quedar fuera al gasto impulsivo

Las redes sociales no solo muestran lo que hacen otras personas, también exponen constantemente estilos de vida, productos, viajes, restaurantes y experiencias que parecen deseables o aspiracionales. En ese contexto, el FOMO puede transformarse rápidamente en una decisión económica.

Según Hernández, cuando algo comienza a percibirse como importante para pertenecer, mantenerse actualizado o participar de una conversación, surge una presión por sumarse, incluso si eso implica gastar dinero que originalmente estaba destinado a otros fines.

El académico sostuvo que los influencers tienen un rol relevante en este proceso porque generan una sensación de cercanía que facilita la comparación. “La comparación suele tener mayor impacto cuando se produce con alguien que percibimos como similar a nosotros”, señaló.

Esa dinámica ayuda a explicar por qué algunas personas terminan comprando productos que no necesitaban, asistiendo a eventos que no tenían contemplados o realizando esfuerzos económicos importantes para replicar experiencias que observan en otros. El problema aparece cuando el deseo de participar comienza a pesar más que la planificación financiera.

“Cuando una persona siente que no alcanza determinados estándares, experiencias o estilos de vida que observa en otros, puede experimentar malestar o sensación de insuficiencia. En algunos casos, esto puede aumentar la probabilidad de realizar esfuerzos económicos para acercarse a esos objetivos de consumo”, explicó Hernández.

¿Por qué seguimos lo que hacen los demás?

La psicología económica identifica varios mecanismos que ayudan a entender por qué las personas toman decisiones financieras basadas en el comportamiento de otros. Luis Mario Castellanos, académico investigador de la Escuela de Psicología de la Universidad Santo Tomás, destacó el denominado efecto de arrastre. “Si muchas personas están comprando, invirtiendo o hablando de una oportunidad, tendemos a interpretar o intuir eso como una señal de que ‘también quiero ganar’”, explicó.

Foto: BitsAndSplits de Getty Images

La misma lógica opera cuando un activo financiero se vuelve viral, cuando una acción comienza a aparecer en todas las conversaciones o cuando una oferta parece estar siendo aprovechada por todo el mundo. La validación social genera una sensación de seguridad que puede reducir la percepción de riesgo.

Karina Isla, profesora asistente de la Facultad de Administración y Economía de la Universidad Diego Portales, señaló que en estos casos también aparece el denominado comportamiento de manada. “Existe un sesgo conocido como ‘comportamiento de manada’ —o herding behaviour— que nos lleva a realizar o imitar una acción simplemente porque muchas personas la están haciendo”.

En este contexto, agregó que las personas suelen sobreestimar la magnitud de ciertas tendencias. Si varios amigos o conocidos comentan una inversión, es fácil concluir que todo el mundo está participando, aunque en realidad se trate de un grupo reducido. Esa percepción puede alimentar la ansiedad por entrar antes de que sea demasiado tarde.

La sensación de urgencia vende

Ahora bien, el FOMO suele intensificarse cuando aparece un segundo ingrediente: la sensación de escasez.

Mensajes como “últimos cupos”, “solo por hoy”, “precio especial por tiempo limitado” o “quedan pocas unidades” buscan precisamente activar ese mecanismo psicológico. Cuando una oportunidad parece estar a punto de desaparecer, muchas personas dejan de preguntarse si realmente les conviene y comienzan a preocuparse por no perderla.

“Las personas tienden a valorar más aquello que perciben como escaso o difícil de conseguir”, explicó Castellanos. A su juicio, el principal riesgo es que la urgencia termine reemplazando al análisis.

“Cuando sentimos escasez de tiempo, la mente prioriza la rapidez por sobre la reflexión”, aseguró. "En vez de preguntarnos si realmente necesitamos comprar o si esa inversión se ajusta a nuestra situación financiera, reaccionamos desde la urgencia. El miedo a perder la oportunidad puede ser más fuerte que el análisis de conveniencia", agregó.

Por eso, los especialistas coinciden en que la mejor defensa frente al FOMO financiero es detenerse antes de actuar. Preguntarse si el gasto es realmente necesario, si la inversión se entiende adecuadamente o si la decisión responde únicamente al temor de quedarse fuera puede evitar compras impulsivas, endeudamiento innecesario y errores financieros difíciles de revertir.

Contenidos relacionados

Total
0
Compartir