¿Cruzado, nominativo, a la orden o al portador? Para muchos, esos conceptos pueden sonar lejanos o derechamente desconocidos. Y es que el uso de cheques va en retirada en nuestro país.
Este método de pago, muy utilizado por nuestros papás y abuelos hace algunas décadas, ha ido perdiendo terreno dentro del ecosistema financiero chileno, en línea con el avance de la digitalización.
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Según datos de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF), en marzo de 2016 se presentaron 6.610.782 cheques como forma de pago. Diez años después, en marzo de 2026, la cifra bajó a 743.967. Esto representa una caída de 88,7% en una década.
Mientras el uso de cheques se desplomó en los últimos años, las transacciones digitales crecieron de forma sostenida.
De acuerdo con cifras entregadas a Chócale por la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (ABIF), las tarjetas de débito registraron más de 4.500 millones de operaciones durante 2025, mientras que las transferencias electrónicas sumaron cerca de 1.500 millones de transacciones en el mismo período.

En paralelo, el promedio mensual de cheques presentados llegó a 800.010 ese año, muy lejos de los más de 6 millones registrados en 2016.
“Desde una mirada de mercado, la caída del cheque en Chile responde principalmente a un cambio estructural en la forma en que las personas y empresas realizan pagos", explicó Esperanza Gómez, gerente senior de Asuntos Regulatorios en Deloitte.
"En primer lugar, la digitalización del sistema financiero: el crecimiento masivo de tarjetas, transferencias y aplicaciones móviles ha reemplazado al cheque en prácticamente todos los pagos cotidianos. En segundo lugar, están los incentivos de eficiencia y costo: el cheque es un instrumento lento y caro de procesar, requiere emisión, traslado, compensación y validación, mientras que los medios digitales son prácticamente inmediatos y tienen un costo más bajo”, agregó.
Débito y transferencias: Los nuevos protagonistas de los pagos
La caída del cheque coincide con la consolidación de otras alternativas de pago dentro del mercado chileno. Mientras las tarjetas absorbieron gran parte de las compras cotidianas, las transferencias electrónicas comenzaron a ganar terreno en pagos entre personas y operaciones de mayor monto.
“Estos pagos digitales, junto a las tarjetas de crédito, se caracterizan por ser mucho más rápidos, cómodos y seguros, y han permitido el desarrollo de nuevas formas de comercio, como el comercio electrónico y el pago de suscripciones digitales”, señalaron desde la ABIF.
“Como principal sustituto en volumen se encuentra la tarjeta de débito, es el medio que más claramente reemplazó al cheque en pagos cotidianos", aseguró Gómez.
Entre las ventajas de las tarjetas de débito están el “pago inmediato, bajo costo, alta aceptación en comercio y menor riesgo de fraude físico”, afirmó.
Por otro lado, la ejecutiva sostuvo que “las transferencias electrónicas se presentan como el elemento clave para entender la caída del cheque por su fuerte crecimiento".
"Este medio no solo ha aumentado en número, sino sobre todo en monto, convirtiéndose en el principal canal para pagos entre cuentas. Las transferencias superan ampliamente al cheque tanto en cantidad como en valor total transado, siendo especialmente relevantes en operaciones entre empresas y pagos de mayor cuantía”, añadió.

Por su parte, desde ChilePay, su director ejecutivo, Juan Antonio Figueroa, afirmó que este cambio no solo responde a una mayor comodidad, sino también al aumento de la confianza en los sistemas digitales.
“Cada pago digital genera un registro automático, auditable, con hora, monto, origen y destino. El cheque no tiene eso de manera intrínseca: es un documento físico que puede circular, endosarse o simplemente perderse. Esa trazabilidad no es solo una ventaja operativa; es la base para que los pagos digitales funcionen como infraestructura de formalización económica”, indicó.
Un medio de pago aún vigente en ciertos nichos
Aunque el cheque perdió masividad, todavía conserva espacios de uso específicos, especialmente en operaciones entre empresas y pagos de mayor monto.
“Las personas jurídicas concentran más del 60% de los cheques en número y cerca del 80% del monto transado. Esto refleja su uso en pagos de alto valor y operaciones donde aún se requiere un respaldo físico o un instrumento diferible; como garantías, contratos o pagos con fecha futura”, explicó Gómez.
“A diferencia de una transferencia, el cheque permite cierta lógica de un pago a plazo (cheque a 30, 60 o 90 días), lo que sigue siendo valorado en algunos sectores”, agregó.
La ejecutiva también indicó que el instrumento todavía mantiene presencia “en segmentos menos digitalizados o en empresas que mantienen procesos menos modernos”.

Figueroa, por su parte, coincidió en que el instrumento sigue presente en industrias específicas. “El cheque, en particular, mantiene mayor presencia en transacciones B2B en sectores como el agropecuario y el comercio mayorista, donde los montos son altos, los plazos de pago están negociados y hay una relación de confianza preexistente que históricamente se ha anclado en ese instrumento”, sostuvo.
“El cheque era un instrumento de promesa diferida; los medios digitales son de disponibilidad inmediata. Esa diferencia no es menor para quien recibe el pago”, complementó.
Las brechas que persisten para avanzar hacia pagos digitales
Pese al avance de los pagos digitales, expertos advirtieron que todavía existen desafíos para avanzar hacia una digitalización más amplia de los pagos en Chile.
Abigail Morales, directora de Carrera del Área Administración sede San Joaquín IP-CFT, sostuvo que “sectores con menor acceso a tecnología o menor alfabetización digital —como adultos mayores o habitantes de zonas rurales— pueden quedar rezagados”.
“La reducción del uso del cheque debe ir acompañada de políticas de inclusión financiera y educación digital, de modo que la modernización del sistema no profundice brechas existentes”, añadió.
Por su parte, desde ChilePay también apuntaron a diferencias territoriales y culturales en la adopción de medios digitales. “En regiones, la dependencia del efectivo es 13 puntos porcentuales mayor que en la Región Metropolitana”, explicó Figueroa.
Además, sostuvo que “las aproximaciones de política pública de carácter punitivo pueden generar el efecto contrario al buscado, reforzando los incentivos para mantenerse al margen del sistema formal”.
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