Elegir una tarjeta de crédito se ha vuelto una decisión cada vez más compleja para los consumidores, sobre todo en un mercado donde diversas entidades compiten con una oferta cargada de descuentos, programas de puntos, millas, campañas promocionales y beneficios.
Sin embargo, detrás de esas promesas conviven costos fijos, tasas de interés y comisiones que pueden tener un impacto significativo en las finanzas personales si no se analizan con detención.
Aunque muchas personas se dejan llevar por beneficios visibles —como cuotas sin interés, acumulación de puntos o acceso a promociones exclusivas—, expertos advierten que el mayor error es no contrastar esa oferta con el uso real que se dará a la tarjeta.
“Uno de los principales riesgos al elegir una tarjeta de crédito es enfocarse únicamente en los beneficios sin considerar los costos asociados. Los costos —como comisiones y mantención— son ciertos, mientras que los beneficios son solo esperados”, advirtió Nicolás Román, académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes.
En ese contexto, especialistas coinciden en que la clave no está en encontrar “la mejor tarjeta” del mercado, sino en identificar la más adecuada según el perfil de gasto, nivel de ingresos y comportamiento financiero de cada persona.
Costos y comisiones: El punto de partida
Antes de revisar beneficios o campañas promocionales, los expertos recomiendan partir por los costos asociados a la tarjeta.
En este punto, la comisión de mantención suele ser uno de los factores más relevantes, especialmente para quienes utilizan poco el crédito o pagan la totalidad de la deuda cada mes.

“Es recomendable evaluar los paquetes de productos que ofrecen los bancos, generalmente asociados a la cuenta corriente, líneas de sobregiro, seguros y tarjetas de crédito, ya que estos pueden disminuir de manera importante los costos mensuales”, señaló Roman.
Desde una mirada más práctica, Gonzalo Iberti, director del Magíster en Gestión de Inversiones Financieras de la Universidad Diego Portales (UDP), advirtió que muchas personas pagan comisiones sin obtener un beneficio real. “Hay gente pagando $30.000 o $40.000 al año por una tarjeta que no usa, o que no le saca ningún provecho real. Eso es plata perdida”, afirmó.
"La gente se entusiasma con acumular millas o puntos, pero si haces el cálculo frío, el retorno típico es del 1% al 2% del gasto"
Gonzalo Iberti, director del Magíster en Gestión de Inversiones Financieras de la Universidad Diego Portales (UDP)
A estos cargos se suman comisiones específicas que suelen pasar inadvertidas, como las asociadas a avances en efectivo o compras en cuotas. Según Iberti, estos costos pueden resultar elevados y no siempre resultan evidentes al momento de contratar o utilizar la tarjeta.
Tasas de interés y perfil de endeudamiento
Una vez analizados los eventuales costos y comisiones, los expertos recomendaron fijarse en la tasa de interés. En este punto, advirtieron que esta variable depende directamente del comportamiento del usuario.
“Antes de mirar la tarjeta, mírate a ti mismo. ¿Cómo gastas? ¿Pagas el total cada mes o arrastras saldo? Porque esa respuesta cambia completamente el análisis”, aconsejó Iberti.

En este sentido, es importante considerar que, para quienes pagan el total de la deuda mes a mes, la tasa de interés tiene un impacto marginal. En cambio, para quienes financian compras, incluso de manera ocasional, se convierte en el factor más relevante.
“Estamos hablando de spreads de 10 o 15 puntos porcentuales entre distintos emisores. Eso, en un saldo de un millón de pesos, puede significar $150.000 más al año”, advirtió el académico de la UDP.
En esta línea, Román coincidió en que evaluar los costos variables resulta clave antes de tomar una decisión, especialmente considerando que el endeudamiento con tarjetas suele extenderse en el tiempo cuando no existe una planificación clara del gasto.
Beneficios, puntos y programas de fidelización
Ahora bien, los beneficios y las campañas promocionales suelen ser el principal gancho al momento de contratar una tarjeta de crédito.
Programas de puntos, millas, descuentos en comercios asociados o acceso a cuotas sin interés aparecen como elementos diferenciadores en un mercado altamente competitivo. Sin embargo, su valor real no es universal y dependerá de cuánto se ajustan al comportamiento de consumo de cada persona.
Desde una mirada académica, Román sostuvo que evaluar estos incentivos requiere un análisis más profundo que el simple atractivo comercial. “Se recomienda listar los beneficios ofrecidos y cuantificar cuánto se podría ahorrar efectivamente en áreas como viajes, seguros o restaurantes, según los hábitos personales”, explicó. A su juicio, muchos de estos beneficios quedan solo en el papel si no coinciden con el uso cotidiano de la tarjeta.
Para Iberti, además, existe un riesgo adicional: que estos programas terminen incentivando un mayor gasto. “La gente se entusiasma con acumular millas o puntos, pero si haces el cálculo frío, el retorno típico es del 1% al 2% del gasto”, advirtió.
En ese contexto, campañas con puntos por vencer, descuentos temporales o niveles de estatus pueden empujar a consumir más de lo necesario, diluyendo cualquier beneficio financiero.

Desde su experiencia en consultoría y regulación financiera, Franco Rizza, Senior Advisor en Riesgos y Regulación en Deloitte, planteó una mirada distinta y destacó el rol que sí cumplen estos programas en la decisión de contratar una tarjeta. “Los beneficios, como programas de fidelidad o acceso a cuotas sin interés, son definitorios”, afirmó.
Asimismo, Rizza agregó que el nivel de consumo marca una diferencia clave en la evaluación, ya que altos volúmenes de gasto permiten acceder a beneficios más aspiracionales, mientras que niveles menores vuelven relevantes los descuentos frecuentes y de uso cotidiano.
En ambos casos, coinciden los expertos, el punto central es el mismo: el valor real de una tarjeta no está en lo que promete, sino en lo que efectivamente se usa.
La importancia de comparar, leer y decidir con información
Más allá de la oferta comercial, los expertos coincidieron en la necesidad de informarse y comparar.
En este punto, Iberti destacó que hoy existe mayor transparencia en el mercado, lo que facilita una elección más informada. “La CMF obliga a publicar toda esta información de manera estandarizada, así que está todo disponible para comparar. El problema es que poca gente lo hace”, afirmó.
Román y Rizza, por su parte, coincidieron en que leer las condiciones, entender los costos y evaluar con calma los beneficios permite evitar decisiones que luego se transforman en una carga financiera.
En un mercado cada vez más competitivo, la mejor tarjeta no es la que más beneficios o estatus, sino la que realmente se ajusta al bolsillo y al comportamiento financiero de cada persona.
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