Editorial: La “pechuga de pavo” que ya no es solo pavo

"¿La idea habrá sido pasar piola? (...) Todo esto hace pensar que nunca hubo real intención por parte de Sopraval (Agrosuper) de que los consumidores se enteraran del cambio".

Durante las últimas semanas nos metimos de lleno a investigar qué estaba pasando con la pechuga de pavo. Su precio subió 50% en pocos meses, sus variedades empezaron a escasear y descubrimos que los dos principales productores nacionales comenzaron a mezclarlo con pollo en productos que siempre se conocieron como “pechuga de pavo”. Todo quedó plasmado en este reportaje.

En Chile el pavo nunca ha sido una proteína muy masiva: en 2024 el consumo de carne llegó a 82,7 kilos per cápita, pero apenas 3,3 kilos correspondieron a pavo y otras aves. Aun así, el fiambre de pechuga de pavo es parte de la mesa cotidiana de muchos hogares, más allá de las celebraciones de fin de año. Por eso lo que ocurre hoy preocupa, porque toca un producto cotidiano que la gente asocia a algo más sano y de mejor calidad.

Uno esperaría que una industria que ya cargó con la vergüenza de la colusión del pollo hubiese elevado sus estándares éticos y de transparencia. Ese episodio golpeó fuerte la confianza de los consumidores y mostró cómo prácticas que parecían invisibles podían dañar gravemente la reputación de un sector completo.

Sin embargo, Sopraval —parte de Agrosuper— no solo abandonó la crianza de pavos en el país, dejando el abastecimiento en manos de importaciones principalmente desde Brasil, sino que además reformuló su “pechuga de pavo” agregándole pollo.

¿La idea habrá sido pasar piola? Hasta hace poco, el envase decía al centro “100% carne de pavo”. Esa frase desapareció. En su lugar, en un tamaño de letra mínimo, aparece “Cecina de pavo y pollo”. El listado de ingredientes también cambió: ahora figuran tanto pechuga de pavo como de pollo —en ese orden—, además de azúcar, ácido cítrico y el colorante carmín de cochinilla. Todo esto hace pensar que nunca hubo real intención por parte de Sopraval (Agrosuper) de que los consumidores se enteraran del cambio.

Cuando la crisis explota, a veces hay que agachar el moño y reconocer que se podían hacer las cosas mejor. Sin embargo, Agrosuper optó por declaraciones vagas como “adaptamos nuestros productos para adecuarnos a las tendencias”, “protegemos la calidad y conveniencia”, “siempre cumplimos con la normativa” o “los ingredientes se encuentran debidamente indicados en el envase”. Palabras que no dicen mucho, y que contrastan con la rapidez que mostró la empresa para borrar comentarios incómodos en su perfil de Instagram.

Sospecho que nunca entendieron —o nunca quisieron entender— por qué los consumidores se molestan cuando sienten que les cambiaron un producto sin avisarles.

En el caso de Ariztía, la situación es distinta. La normativa le permite seguir llamando “pechuga de pavo” a sus productos porque el pollo representa un porcentaje muy menor —cerca de un 30% de la carne, con al menos un 70% de pavo—. No es lo ideal, pero cumple y el cambio en la receta fue mucho menos radical. Y a diferencia de Agrosuper, respondieron de forma más precisa y completa a nuestras consultas.

Por mientras, el consumidor enfrenta una disyuntiva: pagar más por un producto que ya no es lo que era o buscar sustitutos. Porque además, otras marcas como La Preferida, Receta del Abuelo y PF llevan semanas con quiebre de stock en sus pechugas de pavo.

Quizás el jamón pierna termine siendo la alternativa obligada en muchos hogares, al menos hasta que todo vuelva a la normalidad (si es que eso llega a ocurrir).

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