Compararse no siempre es grato, menos en un momento de incertidumbre global como en el que estamos. Pero cuando se trata de las reservas internacionales de un país, es útil y necesario, ya que son una de las principales líneas de defensa frente a crisis financieras, episodios de volatilidad cambiaria o interrupciones en el acceso al financiamiento externo.
Para una economía pequeña y abierta como la chilena, contar con un nivel adecuado de reservas internacionales es fundamental. No se trata simplemente de acumular recursos, sino de poder disponer de un autoseguro frente a eventos inesperados que puedan afectar la estabilidad financiera y el normal funcionamiento de la economía.
Las reservas entregan credibilidad a la política económica, fortalecen la capacidad de respuesta del Banco Central y contribuyen a reducir la vulnerabilidad ante shocks externos.
Nuestro país no tiene un problema inmediato de liquidez externa, pero no podemos ignorar que los indicadores tradicionales de adecuación de reservas son hoy menos favorables que en el pasado y que nos sitúan por debajo de varios países de la región.
En cuanto a la cobertura de importaciones, que corresponde a una medida del número de meses de importaciones que se pueden sostener en caso de que hubiese un cese en todas las fuentes de financiamiento externo del país, Chile alcanzó una cobertura de 5,01 meses en 2025, superando ampliamente el umbral de tres meses que suele utilizarse como referencia internacional. Aun así, países como Perú, Uruguay, Brasil y Colombia exhiben niveles superiores, lo que sugiere que cuentan con mayores márgenes de protección frente a eventuales restricciones del financiamiento externo o del comercio internacional.
Otro indicador relevante compara las reservas con la deuda externa de corto plazo. La denominada regla de Greenspan-Guidotti establece que los países deben tener reservas suficientes para cubrir el 100% de su deuda de corto plazo en un año. Si el indicador está bajo esa cifra, podría interpretarse como que ese país podría enfrentar un mayor riesgo de crisis externa.
Chile no ha logrado alcanzar una cifra tan alta como la registrada en el año 2000, cuando se situó en 143%. En 2025, el indicador llegó a 84%, superando en la región solo a Argentina, que tuvo un nivel de 41%. El país con mayor cobertura de su deuda de corto plazo fue Perú con 567%, seguido de Uruguay con 280%, luego Brasil con 210% y Colombia con 132%.
El tercer indicador es la relación entre reservas internacionales y agregados monetarios como M2, indicador que busca capturar el potencial riesgo de salidas de capitales y depósitos durante períodos de tensión financiera, dado que muchas de las crisis más recientes de cuenta de capital han sido acompañadas por salidas de depósitos de los residentes de un país.
En el caso chileno, la cobertura de M2 mediante reservas internacionales alcanzó cerca de 23% en 2025, recuperándose parcialmente respecto de los niveles observados en 2015 con un 18%, pero manteniéndose por debajo de países como Perú, Uruguay y Colombia. Nuevamente, el mensaje no es que Chile enfrente una situación de riesgo inmediato, sino que dispone de menos espacio de maniobra que varios países comparables.
Es de conocimiento de todos que nuestro país está expuesto a shocks externos, como variaciones en los precios de materias primas o mayores costos de financiamiento internacional, que podrían presionar las reservas internacionales del país.
Para enfrentar escenarios de estrés financiero, el Banco Central cuenta con diversas líneas de liquidez internacionales que podrían aportar cerca de USD 50.000 millones adicionales. De hecho, el Banco Central renovó el miércoles 26 de agosto la Línea de Crédito Flexible (LCF) que mantiene con el FMI por US$11.800 millones, monto menor que la LCF anterior por US$13.800 millones.
Pero para no depender de estas líneas de crédito o facilidades de liquidez, la institución ha optado por fortalecer sus reservas mediante un programa de acumulación que, de completarse en 2028, añadiría US$18.500 millones, mejorando la capacidad de respuesta ante crisis externas.
De igual forma, la nueva administración podría reforzar la posición financiera de Chile aumentando los ahorros en los fondos soberanos (FEES y FRP), aprovechando los elevados precios del cobre, que se han observado en el primer semestre de 2026 respecto de sus promedios históricos, contribuyendo así a mitigar los efectos del mayor endeudamiento fiscal de los últimos años.
Las comparaciones pueden ser odiosas, pero cuando muestran que nuestros “colchones de protección” son más estrechos, conviene prestar atención y reforzar las líneas de defensa ante la multiplicidad de shocks externos a los que estamos expuestos como país.