Cartas al director
Semana del 28 de septiembre al 4 de octubre
La experiencia de volar en avión
Señor Director:
Hay algo que me viene dando vueltas cada vez que intento comprar un pasaje aéreo, especialmente dentro de Chile: ¿en qué momento dejamos de esperar algo tan básico como la buena fe de una empresa hacia sus clientes? Muchas prácticas comerciales actuales pueden estar dentro de la normativa. Sin embargo, comparado con lo que era volar hace 10 o 20 años, la experiencia se ha vuelto cada vez más impersonal y desagradable.
Tomemos los famosos pasajes en súper descuento. Sí, probablemente exista algún vuelo a ese precio. Pero, ¿qué ocurre cuando necesitas viajar un jueves y regresar un domingo? De pronto, el vuelo de ida a las 7 de la mañana que costaba $45.000 debe complementarse con una vuelta que cuesta $180.000 o más.
El precio mínimo existe, pero exige una flexibilidad que pocas personas tienen en su vida real. Y esta estrategia se extiende a todo: asiento, equipaje, cambios y hasta algo tan básico como sentarte junto a tu hijo menor pueden transformarse en costos adicionales.
Recuerdo viajar en los años 90 y hasta aproximadamente 2016, cuando las azafatas atendían especialmente a los niños, les daban lápices para pintar y pequeños regalos. Hoy te dan snacks que parecen alpiste y el avión termina sintiéndose como en una micro con alas.
No cuestiono que las empresas deban ganar dinero. Cuestiono que hayamos aceptado como normal una relación en la que todas las partes de un servicio han sido separadas para convertirse en cargos adicionales. Es como agendar una hora al doctor y que además te cobren por el uso de la camilla, pagar más por atención preferente, cargos extra por la asistencia de la enfermera y cosas del estilo.
Quizás deberíamos volver a discutir algo que parece antiguo, pero sigue siendo vigente: la buena fe.
Una empresa puede preguntarse “¿cuánto más puedo cobrar?” y cumplir la ley. Pero también puede preguntarse: “¿Qué puedo hacer para que mi cliente disfrute el servicio?”
Quizás esa diferencia sea precisamente la diferencia entre vender un producto y construir confianza. ¿Qué pasó con la buena fe comercial?
Chile, el pasillo que todo el mundo mira
Señor Director:
En redes sociales han estado circulando memes sobre la forma de Chile. Nos llaman "pasillo", nos estiran en los mapas y algunos compatriotas se muestran ofendidos.
¡No hace falta molestarse! Esa atención puede ser una gran oportunidad para potenciar nuestra imagen país: despertar interés por visitarnos, pero también por conocer lo que producimos, exportamos y ofrecemos a quienes buscan invertir.
Benjamín Subercaseaux lo entendió mucho antes de internet. En 1940 publicó “Chile o una loca geografía”, título que convirtió la peculiaridad de nuestro territorio en una forma propia de mirarnos. Así que no seamos tan graves: un meme puede dejar una pregunta: ¿qué hay en ese país tan largo y estrecho?
Nosotros sabemos la respuesta: del desierto a los glaciares hay paisajes, culturas, pero también empresas, talento y oportunidades de intercambio comercial. Ahí está el desafío para quienes comunicamos Chile.
Que se rían del pasillo. Al final, nosotros sabemos que ese pasillo es la columna vertebral de LATAM.
5omputador: el programa Mi Primer PC
Señor Director:
Tras 17 años, las Becas TIC de Junaeb, herederas del programa "Mi Primer PC" del Presidente Lagos, podrían quedar sin financiamiento en 2027. Miles de alumnos de séptimo básico serían los primeros en casi dos décadas en no recibir una laptop para enriquecer su proceso de enseñanza-aprendizaje en plena era digital.
Una paradoja difícil de ignorar cuando, según la OCDE, nuestros adolescentes encabezan el ranking de horas en redes sociales, con más de 45 semanales. Por lo mismo, este año entró en vigencia una ley que saca el smartphone de la sala de clases y consagra la educación digital como principio. Pero meses más tarde, por razones presupuestarias, el Ejecutivo propone eliminar el programa que entrega justamente el dispositivo que sirve para crear habilidades digitales para toda la vida.
El Gobierno argumenta que el programa está mal evaluado: la Dipres no encontró efectos en las notas ni en el Simce de los estudiantes beneficiados. Pero, ¿es eso lo que se le debe pedir a un computador? La evidencia internacional, desde Rumania a Perú, es consistente: los computadores no suben puntajes en pruebas de calidad de la educación, pero sí desarrollan habilidades digitales que se proyectan hacia la educación superior y la vida adulta, justo lo que esas evaluaciones no miden. La misma Dipres, en 2018, recomendó mantener el programa e identificó el problema: no puede limitarse a repartir equipos.
Steve Jobs decía que el computador es una bicicleta para la mente: sirve para escribir, diseñar, trabajar, programar y, hoy, explorar la inteligencia artificial. Quitarle esas posibilidades a unos 96 mil escolares al año para ahorrarse cerca del 0,2% del presupuesto del Mineduc suena a un pésimo negocio para un país que dice apostar por la productividad.
El Congreso ya rescató este programa en la discusión del Presupuesto 2026, y podría hacerlo de nuevo, pero con mejor focalización, acompañamiento pedagógico y una medición de habilidades digitales entre niñas, niños y adolescentes. Hacer lo contrario es quitarle los patines (y la bicicleta) a una generación cuya vida ya es digital desde antes de nacer.
La pieza que falta
Señor Director:
En su cadena nacional del 30 de septiembre, el Presidente José Antonio Kast presentó un presupuesto que pone el trabajo en el centro de la agenda, con la meta de crear más de 100 mil empleos para paliar un déficit que hoy tiene a casi un millón de personas sin trabajo.
Desde el OTIC CChC celebramos esa prioridad, pero vemos con preocupación el riesgo de que esos nuevos puestos de trabajo no encuentren trabajadores calificados para ocuparlos, en un mercado laboral donde el desacople entre lo que las empresas necesitan y las competencias de los trabajadores ha ido abriendo una brecha que solo se puede resolver a través de la formación y reconversión laboral.
En una agenda legislativa bastante cargada, es fundamental priorizar un proyecto de ley que reformule el sistema de capacitación en Chile, para hacer capacitaciones más pertinentes, de calidad, con trayectorias trazables y que impacten a todos los trabajadores, incluidos los que se desempeñan en pymes.
De lo contrario, cuando empiecen los proyectos y las empresas salgan a buscar trabajadores, convertiremos la crisis de empleo en una de escasez de trabajadores competentes, poniendo en riesgo la estrategia de crecimiento y nuestra competitividad país.
Turbazos y comercio
Señor Director:
La última encuesta de victimización de la CNC muestra una leve baja en la tasa de victimización del comercio, de 61,2% a 56,6%. La cifra sigue siendo alta: más de la mitad de los locales del país fue víctima de algún delito en el primer semestre, y ciudades como Valparaíso-Viña del Mar incluso empeoraron, llegando a 66,6%.
El estudio deja otras tareas pendientes. El 58,4% de los locales victimizados no denunció y, entre quienes sí lo hicieron, siete de cada diez no obtuvo lo que esperaba. Además, el 76% destina recursos fijos mensuales a seguridad; en las mipymes, en promedio $447 mil, dinero que podría ir a inversión y empleo.
La seguridad es condición para que el comercio invierta, contrate y crezca. El proyecto de ley que sanciona los "turbazos" (boletín 17.235-07) llegó al Senado en abril y aún no registra avances en la Comisión de Constitución. Confiamos en que pueda recibir prioridad junto con otras iniciativas que fortalezcan la denuncia y la persecución penal.
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