Señor Director:
Tras 17 años, las Becas TIC de Junaeb, herederas del programa "Mi Primer PC" del Presidente Lagos, podrían quedar sin financiamiento en 2027. Miles de alumnos de séptimo básico serían los primeros en casi dos décadas en no recibir una laptop para enriquecer su proceso de enseñanza-aprendizaje en plena era digital.
Una paradoja difícil de ignorar cuando, según la OCDE, nuestros adolescentes encabezan el ranking de horas en redes sociales, con más de 45 semanales. Por lo mismo, este año entró en vigencia una ley que saca el smartphone de la sala de clases y consagra la educación digital como principio. Pero meses más tarde, por razones presupuestarias, el Ejecutivo propone eliminar el programa que entrega justamente el dispositivo que sirve para crear habilidades digitales para toda la vida.
El Gobierno argumenta que el programa está mal evaluado: la Dipres no encontró efectos en las notas ni en el Simce de los estudiantes beneficiados. Pero, ¿es eso lo que se le debe pedir a un computador? La evidencia internacional, desde Rumania a Perú, es consistente: los computadores no suben puntajes en pruebas de calidad de la educación, pero sí desarrollan habilidades digitales que se proyectan hacia la educación superior y la vida adulta, justo lo que esas evaluaciones no miden. La misma Dipres, en 2018, recomendó mantener el programa e identificó el problema: no puede limitarse a repartir equipos.
Steve Jobs decía que el computador es una bicicleta para la mente: sirve para escribir, diseñar, trabajar, programar y, hoy, explorar la inteligencia artificial. Quitarle esas posibilidades a unos 96 mil escolares al año para ahorrarse cerca del 0,2% del presupuesto del Mineduc suena a un pésimo negocio para un país que dice apostar por la productividad.
El Congreso ya rescató este programa en la discusión del Presupuesto 2026, y podría hacerlo de nuevo, pero con mejor focalización, acompañamiento pedagógico y una medición de habilidades digitales entre niñas, niños y adolescentes. Hacer lo contrario es quitarle los patines (y la bicicleta) a una generación cuya vida ya es digital desde antes de nacer.