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☝️El Índice de la Semana #7: ¿Qué pasa con la industria del vino en Chile… y por qué tomamos menos?

El cambio en los hábitos de consumo está llevando a la industria a buscar nuevas alternativas, desde productos más frescos hasta una categoría de vinos desde 8,5° que abrió una fuerte controversia.
Foto: Ilustración de Chócale mejorada con IA

Me gusta el vino porque el vino es bueno”. La frase se instaló durante décadas en canciones, sobremesas y celebraciones, como síntesis del lugar que tenía esta bebida en la cultura chilena.

Para la generación Z, el vino quizás aparece en otro lugar: puede sonar en Red Wine Supernova (2023), de Chappell Roan, o simplemente quedar fuera de la escena, mientras comparte espacio con cócteles en lata, cervezas y alternativas sin alcohol. El cambio de hábitos es uno que la industria ya resiente.

Chile está produciendo más vino justo cuando el mundo parece querer menos. La vendimia de 2026 alcanzó los 949,5 millones de litros, un aumento de 13,2% respecto del año anterior, según cifras del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).

El repunte contrasta con las exportaciones. Entre enero y julio de 2026, Chile envió 360,2 millones de litros por US$801,4 millones, con caídas de 13,3% en volumen y 10,6% en valor frente al mismo periodo de 2025.

De acuerdo con información entregada por NielsenIQ a Chócale, el acumulado hasta la semana 35 de 2026 muestra que las ventas de vino en autoservicios cayeron 6,1% en volumen y 3,5% en valor.

Foto: Vinos de Chile.

La paradoja de bodegas llenas y vino chileno que pierde compradores

Para Pablo Cañón, académico de Agronomía de la Universidad Mayor y especialista en viticultura y enología, la industria atraviesa “un importante ajuste estructural”.

Y los números van por esa misma línea. El consumo mundial cayó en 2025 a unos 208 millones de hectolitros, 2,7% menos que el año anterior y su nivel más bajo desde 1957, según la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV). Durante 2025, Chile envió 692 millones de litros, 10,9% menos que en 2024, y las exportaciones siguieron retrocediendo durante este año.

“Si bien es cierto que hay factores económicos que pueden revertirse con el ciclo, hay otros cambios que son bastante más profundos y que obligan a repensar el modelo”, sostiene el académico.

“Tenemos una situación evidente: mientras aumenta nuevamente la disponibilidad de vino, el mercado continúa absorbiendo menos”, advierte Cañón.

El ministro de Agricultura, Jaime Campos, comparte el diagnóstico. “La vitivinicultura enfrenta cambios estructurales en las preferencias de los consumidores, una contracción del consumo mundial de vino y la acumulación de existencias en diversos mercados”, sostiene.

Jaime Campos, ministro de Agricultura / Foto: Ministerio de Agricultura

“El desafío para la industria vitivinícola chilena combina factores coyunturales, asociados a la evolución de las exportaciones y las existencias, con un desafío de carácter estructural: adaptar y diversificar la oferta y los mercados frente a los nuevos patrones de consumo”, agrega Campos.

La generación que está cambiando la copa de vino por la cerveza y los cócteles

De acuerdo con NielsenIQ, la caída interna no afecta a todos los vinos por igual. El cabernet sauvignon, merlot, blend tinto y carmenere concentran el 71% de la contracción en volumen registrada hasta la semana 35 de 2026, aunque representan el 59% de las ventas de la categoría en autoservicios.

Los vinos frutales tintos, las sangrías y los rosados muestran una tendencia contraria y representan cerca del 6% de las ventas.

Según la consultora, las sangrías aumentaron 25% en volumen y 21% en valor en lo que va de 2026, impulsadas por formatos de uno a 1,5 litros y propuestas sparkling y listas para beber en lata.

Una encuesta de UC Davis en Chile y Arizona State University consultó entre enero y marzo de 2026 a 143 actores, entre bodegas, viticultores, exportadores, comercios, servicios y académicos.

“La encuesta apunta a una convergencia de factores, no a una sola causa”, explica Jimena Balic, Affiliated Senior Consultant de UC Davis Chile.

Según el sondeo, la salud fue mencionada por el 83% como barrera, seguida por el precio, con 65%, y los cambios culturales y generacionales, con 64%.

Foto: Omar Alejandro

“En las respuestas abiertas esto aparece sin rodeos: que los sub-30 no consumen vino, que el vino dejó de ser aspiracional para ellos, que las nuevas generaciones socializan menos y están más detrás de las pantallas”, detalla Balic.

El 80% de los encuestados percibe que el vino pierde relevancia social y el 70% identifica en los jóvenes las mayores diferencias. Además, 72% lo considera tradicional y 48% lo relaciona con ocasiones especiales.

La cerveza aparece como el principal sustituto del vino, con 72%, seguida por los destilados, con 63%; los tragos listos para beber o RTD, con 57%; y las bebidas sin alcohol, con 37%.

"Durante años se asumió que un vino técnicamente impecable tenía asegurado el éxito comercial, y la evidencia muestra que no es así: la calidad técnica y la preferencia del consumidor son cosas distintas. Más aún, que a alguien le guste un vino (preferencia), que lo encuentre aceptable (aceptación) y que efectivamente lo compre (intención de compra) son tres dimensiones diferentes, que se miden de manera diferente", grafica Balic.

"Un consumidor puede aceptar un vino y jamás elegirlo en la góndola. Por eso entender a la generación Z exige medir esas tres dimensiones por separado y con método", agrega.

Por su lado, Cañón pide evitar una conclusión simplista. “Debemos evitar la simplificación de que los jóvenes quieren vino con menos alcohol. Creo que las nuevas generaciones están buscando beber de otra manera”, señala.

“Hay espacio para vinos de menor graduación, pero también para blancos más frescos, rosados, espumantes y tintos más ligeros”, agrega Cañón.

Según el académico de la Universidad Mayor, la adaptación incluye la comunicación: “El vino ha construido durante décadas una cultura extraordinariamente rica, pero a veces hemos confundido cultura con solemnidad”, dice.

Vinos desde 8,5°: ¿innovación o puerta abierta a la dilución?

El Gobierno incorporó al reglamento la categoría “vino bajo alcohol”, para productos con una graduación alcohólica real mínima de 8,5°. El vino tradicional mantiene un mínimo de 11,5°.

“El objetivo es ampliar y diversificar la oferta vitivinícola chilena para responder a consumidores que buscan alternativas de menor graduación y acceder a nuevos segmentos de mercado”, sostiene el ministro Campos.

Para Cañón, la medida puede beneficiar zonas frías, costeras y australes. “La nueva categoría puede incluso hacer posible que determinados terroirs fríos, que antes tenían dificultades para alcanzar sistemáticamente el mínimo legal de 11,5°, produzcan vinos perfectamente equilibrados”, afirma.

“Menor graduación alcohólica no es sinónimo de menor calidad (...) Si simplemente cosechamos una variedad mediterránea demasiado temprano para obtener 8,5°, podemos obtener un vino de alta acidez, aromas vegetales, poca madurez fenólica, taninos agresivos y escaso volumen de boca”, explica el académico.

Foto: Freepik

Pequeños y medianos viñateros cuestionan la nueva categoría y advierten que podría facilitar productos diluidos, reducir la demanda de uva y presionar sus precios. También cuestionan su creación mediante decreto y la capacidad fiscalizadora del SAG.

“Esto es competencia desleal pura que atenta contra el libre mercado, destruye empleos y economías regionales”, afirmó Yenny Llanos, dirigenta de la Coalición Nacional de Viñateros, según consignó La Discusión.

“El problema aparece si la nueva categoría se utiliza simplemente como un mecanismo para abaratar vino o aumentar artificialmente el volumen disponible”, advierte Cañón.

El ministro Campos asegura que habrá controles. Las bodegas deberán avisar al SAG cinco días antes de cosechar e informar lugar, variedad, alcohol probable y azúcar. Además, registrarán fecha, kilos, origen geográfico e identificación del predio.

Tras la vendimia, el SAG analizará la genuinidad del producto, incluido el agua exógena. “Solo los productos calificados como ‘Apto’ podrán inscribirse en el Registro de Bebidas Alcohólicas y comercializarse bajo la nueva categoría”, detalla el ministro de Agricultura.

El plan reforzará la fiscalización y el Laboratorio de Química Enológica del SAG. Campos descarta un efecto automático sobre la uva: dependerá de demanda, oferta, existencias y exportaciones, dice.

Para el académico de Agronomía de la Universidad Mayor, todo dependerá de la regulación y su aplicación. “La nueva categoría de 'vino bajo alcohol' puede ser una herramienta positiva si se utiliza para innovar, pero podría resultar muy negativa si se transforma en una herramienta para diluir, abaratar o desdibujar el vino chileno”, señala.

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