La confianza en el teléfono está rota

Por Cristóbal Castillo, Country Manager de Truecaller.
Cristóbal Castillo, Country Manager de Truecaller en Chile

Hoy en Chile ocurre algo que hace algunos años habría sido impensado: casi nadie contesta llamadas de números desconocidos. Y la verdad es que las personas tienen buenas razones para hacerlo.

Durante años el teléfono se llenó de spam, estafas y suplantaciones de identidad, situación que nos llegó a tener más de 9.700 millones de llamadas en Chile durante 2025. El canal se volvió caótico y molesto, por lo que millones de personas optaron por lo más simple: ignorar cualquier llamada que no esté guardada en sus contactos.

Es una reacción comprensible que probablemente no va a cambiar. Pero esa desconfianza total también tiene consecuencias que rara vez se discuten. Cuando nadie contesta el teléfono, también se pierde un canal legítimo de comunicación entre las personas y las empresas. Esto se vuelve especialmente evidente en los procesos de cobranza.

Ignorar una llamada no elimina una deuda. Solo elimina la posibilidad de conversar a tiempo sobre alternativas de pago, renegociaciones o soluciones que podrían evitar que el problema escale.

Mientras tanto, la deuda sigue avanzando silenciosamente hasta afectar el historial crediticio. Y cuando eso ocurre, las consecuencias son mucho más profundas: dificultades para acceder a créditos de consumo, restricciones para financiar proyectos o incluso la imposibilidad de obtener un crédito hipotecario en el futuro.

El verdadero desafío no es que las personas respondan. Es recuperar la confianza en las llamadas telefónicas. Y eso no se logra eliminando información, sino todo lo contrario: entregándola.

Las personas deberían poder saber con claridad quién las está llamando, qué empresa está detrás y cuál es el motivo del contacto antes de decidir si responden o no. Esa información no obliga a nadie a contestar, pero sí devuelve algo fundamental: la libertad de elegir.

Porque en un entorno saturado de fraudes y llamadas no deseadas, la verdadera protección no es ocultar las comunicaciones, sino hacerlas transparentes. Solo así contestar el teléfono puede volver a ser una decisión informada, y no una apuesta a ciegas.

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