Elegir un régimen patrimonial va más allá de un simple trámite legal, es una decisión que puede tener un impacto directo en la estabilidad económica de una pareja a lo largo del tiempo.
Esta elección define la manera en que se administrarán y distribuirán los bienes adquiridos antes y durante el matrimonio, lo que influye en aspectos clave como la propiedad y la responsabilidad frente a deudas.
Los tres regímenes patrimoniales vigentes —sociedad conyugal, separación de bienes y participación en los gananciales— presentan enfoques distintos para la gestión y asignación de los bienes matrimoniales.
Por lo tanto, es esencial comprender las diferencias entre cada régimen para tomar una decisión informada. La idea es que se resguarde la situación económica de la pareja a largo plazo.
Según datos preliminares de 2024 del Registro Civil solicitados a través de Ley de Transparencia, el régimen de separación de bienes sigue avanzando: Pasó del 46,02% obtenido en 2023, a un 46,3% el año pasado. En el mismo periodo, sociedad conyugal cayó de 49,9% a 49,3%. En 2001 representaba dos tercios de los compromisos contraidos.
Los regímenes patrimoniales en el matrimonio: Cuáles son y en qué se diferencian
En primer lugar, se encuentra la sociedad conyugal, el régimen que se aplica por defecto si los contrayentes no pactan otro antes del matrimonio. Este modelo establece una masa común de bienes destinada a satisfacer las necesidades de la familia, administrada principalmente por el marido, según lo estipulado en el Código Civil.
“Los cónyuges que optan por este régimen se benefician en iguales partes con los incrementos que experimenten sus matrimonios durante la vida común”, explicó Francisca Fernández, abogada de familia (@fernandezabogada.cl). Sin embargo, en algunos casos, la administración de estos bienes puede generar desigualdades dentro de la pareja, especialmente si uno de los cónyuges carece de herramientas para proteger su patrimonio frente a decisiones que puedan resultar perjudiciales.
La separación de bienes es un régimen que otorga a cada cónyuge la administración exclusiva de su patrimonio. Esto tanto para el adquirido antes, como durante el matrimonio. Según el Código Civil, “los cónyuges separados de bienes administran, con plena independencia, el uno del otro, los bienes que tenían antes del matrimonio y los que adquieren durante este”.
“Cuando elegimos la autonomía, nos protegemos de que las deudas de la pareja recaigan en nuestros bienes también”, explicó la contadora Aurora Sepúlveda, conocida en redes sociales como "La Contadora". Este modelo resulta particularmente atractivo para quienes poseen un patrimonio consolidado o persiguen metas económicas individuales.

Por último, existe un régimen patrimonial “híbrido” que combina elementos de la sociedad conyugal y la separación de bienes. La participación en los gananciales establece que, durante el matrimonio, los patrimonios permanecen separados. Sin embargo, al momento de la disolución de la unión, se genera un crédito compensatorio a favor del cónyuge cuyo patrimonio creció menos.
“El sistema busca igualar los beneficios entre los cónyuges, conciliando la vida en común con el respeto a la individualidad”, detalló explicó Fernández. Aunque menos conocido, este régimen puede ofrecer una solución equitativa para aquellos matrimonios en los que uno de los miembros sacrifica su desarrollo económico en favor del bienestar familiar.
Las consideraciones previas a elegir: Diferenciar ley y amor
"Cuando nos enfrentamos a la decisión de elegir uno de estos regímenes, tenemos que pensar un poco egoístamente. ¿Cómo nos protegemos y cómo protegemos a la descendencia que pueda venir con este matrimonio?", detalló Sepúlveda.
En definitiva, antes de elegir un régimen, las parejas deben evaluar diversos factores, tales como la autonomía para tomar decisiones, los objetivos económicos individuales, los bienes personales de cada uno, etc. "Más allá de la unión, hay que diferenciar ley y amor. No se contraponen. Todo lo contrario. Si hablamos de estos temas, sobrellevar las situaciones económicas será más fácil", aseguró.
Según la abogada Francisca Fernández, actualmente las parejas tienen claro cómo funciona el régimen patrimonial de separación de bienes. Sin embargo, no ocurriría lo mismo con los regímenes de sociedad conyugal y de participación en los gananciales. "Estos últimos regímenes deben ser abordados de manera seria por los futuros cónyuges debiendo estudiar principalmente cómo se lleva a cabo la eventual unión y división de patrimonios", comentó.

En cuanto a la sociedad conyugal, la abogada destacó la importancia de comprender la distinción de los “haberes” generados dentro del matrimonio, así como los aspectos relacionados con la administración que realiza el marido. Además, hay herramientas de apoyo para la mujer en caso de que dicha administración sea errónea y perjudicial.
"De igual forma se debe conocer, de manera clara, cómo la mujer podrá llevar un patrimonio reservado del hombre dentro de la sociedad conyugal y cómo se lleva a cabo la administración de este, teniendo claridad además de cuáles son sus efectos en el caso de término del matrimonio", añadió.
Respecto al régimen de participación en los gananciales, Fernández sugirió elaborar un inventario de bienes para valorar el patrimonio inicial y el final de cada cónyuge al concluir el matrimonio.
La importancia de hablar de dinero antes de casarse
“Hablar sobre el régimen patrimonial permite conocer qué espera cada persona y llegar a acuerdos explícitos sobre el manejo del dinero”, explicó la psicóloga Daniela Salinas (@psic_danielasalinasav).
Según Salinas, las conversaciones sobre ingresos, gastos y proyectos económicos deben ser parte fundamental del proceso previo al matrimonio. Esta transparencia no solo fortalece la confianza en la relación, sino que también contribuye a prevenir conflictos futuros.
"Las parejas tenemos tanto acuerdos conscientes como inconscientes, y estos generalmente se ponen en juego al momento de tomar decisiones importantes como lo es un acuerdo conyugal. Justamente por eso, es que el ponerlo en palabras y conversarlo, nos permite conocer qué esperamos de nuestra pareja, y cómo llegar a un acuerdo explícito al respecto", concluyó.
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