Editorial: El duro golpe del gobierno a las pymes y los consumidores

Katherine Martorell, subsecretaria de Prevención del Delito

La entrada en vigencia de las restricciones al envío de productos no esenciales a través del delivery asestará un nuevo -pero aún más duro- golpe a miles de comercios, entre grandes, medianos y pequeños, pero también a los consumidores.

La medida no ha estado al margen de la improvisación por parte del Gobierno. Se anunció en el informe diario del Covid-19 del pasado jueves, y como hemos visto en muchas otras restricciones, se informan los principales lineamientos por la prensa, pero no los instructivos, decretos o resoluciones exentas que las sustentan. Hasta el momento no hay nada, solo trascendidos y declaraciones a los medios.

Anoche en conversación con T13, la subsecretaria de Prevención del Delito, Katherine Martorell, informaba que la lista de productos esenciales se publicaría recién hoy, después que la medida entrara en vigencia. Increíble.

Puede ser razonable pensar que los supermercados en comunas en cuarentena no puedan vender productos no esenciales de forma presencial. Mal que mal, el hecho que vendieran productos de primera necesidad permitía abrir los locales con todo lo que tienen dentro, incluyendo aquello que no es esencial, como electrónica, juguetes o artículos de decoración. En contraste con los pequeños comercios o las grandes tiendas, eso constituiría competencia desleal, ya que los hipermercados podrían beneficiarse de poder seguir abriendo, mientras otros no podían hacerlo. Esta discusión se dio en Francia, Argentina y Gales -por mencionar algunos ejemplos- y es muy legítimo que conversemos sobre esto.

Sin embargo, los anuncios del jueves apuntan a un extremo pocas veces visto en otros países del mundo. No solo afecta a las grandes tiendas, que quizás pueden resistir dos semanas sin vender parte de su inventario. Pienso en las pymes y emprendedores, en aquellos a quienes el gobierno impulsó a subirse al carro de la digitalización durante la pandemia, porque el e-commerce estaría permitido; o en aquellos que perdieron su trabajo o vieron caer sus ingresos, y quisieron subirse al carro de las ventas en línea desde la comodidad de su casa.

Son personas que decidieron emprender ante las limitaciones propias de los subsidios y bonos del gobierno que, aunque se agradecen, siempre serán insuficientes. El Estado no tiene la capacidad para salir a ayudar a toda la población, por lo tanto, su misión debe ser velar por no imponer restricciones antojadizas a los emprendimientos desde las casas.

La autoridad no ha dado ninguna explicación razonable ni dato duro que justifique esta medida de fuerza contra el comercio electrónico. Somos millones de chilenos los que hemos respetado una a una las distintas medidas dispuestas por la autoridad, entre ellas, la restricción al libre tránsito. El Estado ha impuesto la limitación de la posibilidad de movernos, está bien, pero ahora se está restringiendo lo que podemos o no comprar desde nuestras casas.

Las autoridades deben pensar en medidas que sean compatibles con llevar una cuarentena más amena y amable para las personas, y no profundizar aún más la sensación de “fatiga pandémica”. Este tipo de normas solo contribuye en aumentar ese sentimiento.

¿Y qué pasó con Lucas Palacios, el ministro de Economía? ¿Dónde está? ¿Qué ha dicho? ¿Ha salido a anunciar algún plan de apoyo a las pymes y emprendedores? Desapareció por completo de la agenda noticiosa.

El delivery ha demostrado ser una forma bastante segura de funcionar para el comercio y una herramienta que permite disminuir la movilidad. Todas las medidas que apunten a reducir las cifras de contagios del Covid-19 son bienvenidas, pero deben estar debidamente justificadas.

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