El kilo de guagua (y la necesidad de repartirlo mejor)

3 de octubre de 2026

Pies de bebé
Foto: Pexels

Criar a un hijo cuesta $594.882 al mes en promedio hasta los 18 años, según la Canasta de Crianza de UNICEF y el Ministerio de la Mujer. Teniendo esos números en la cabeza, no sorprende que nuestro país haya llegado a 0,99 hijos por mujer en 2025, lejos de los 2,1 que se necesitan para el reemplazo generacional.

Aunque la plata es solo una parte. CLAPES UC calcula que criar hasta los 25 años cuesta entre $78,5 y $224 millones, según el quintil de ingreso. La canasta de UNICEF suma además el tiempo: en el primer año, más de la mitad del costo corresponde a cuidado, y ese tiempo lo ponen sobre todo las mujeres. Tras el primer hijo, el empleo de las madres cae cerca de 22% y sus ingresos laborales, 28%, mientras los padres no ven cambios, según la académica Pilar Wiegand.

¿Qué se le puede pedir al Estado? Hay coincidencia en que los bonos aislados duran poco: Hungría gasta cerca del 5% de su PIB en beneficios familiares, subió de 1,23 a 1,61 hijos por mujer (aunque en 2024 volvió a caer). Funcionan mejor los paquetes estables y de largo plazo, con cuidado infantil accesible, permisos y vivienda, y con una lógica de corresponsabilidad entre familias, empresas y sociedad. La meta tampoco es recuperar el nivel de reemplazo, algo que ningún país ha logrado, sino reducir la brecha entre los hijos que se tienen a los que se quieren tener.

Esa agenda -por supuesto- tiene que cuidar el empleo, y hoy el diseño juega en contra. La sala cuna la paga el empleador solo cuando tiene 20 o más trabajadoras, y la evidencia muestra que ese costo termina en sueldos más bajos para las mujeres. Por eso los permisos parentales que involucren a los padres importan, ya que reparten el costo laboral de criar. Y el país los necesita, porque la población en edad de trabajar caería cerca de 23% en 40 años (según la OCDE) y dependerá más de la participación laboral de mujeres y personas mayores.

También es importante preguntarnos por qué queremos tener hijos. Acá la respuesta podría ser un poco más optimista, pero más que si queremos, la pregunta que nos deja la socióloga Martina Yopo es quiénes pueden formar las familias que quieren. La Premio Nobel Claudia Goldin apunta en la misma dirección: en Suecia y Dinamarca nacen más niños que en Japón o Italia, donde las mujeres cargan con muchas más horas de trabajo doméstico. Es decir, parece que se pueden querer más hijos cuando el cuidado se reparte.

Criar no se va a volver gratis con ninguna política. Sería idílico pensar que no tendría costos (es "parte de").

El problema es que están mal repartidos: hoy lo asumen sobre todo las madres, con su carrera, su sueldo y su tiempo. Una buena meta para Chile sería achicar la distancia entre los hijos que la gente quiere tener y los que realmente tiene, y para eso debemos decidir cómo lo repartimos.

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