En el cine de los 90 y los 2000 las casas estaban llenas. Los McCallister de Mi pobre angelito tenían cinco hijos y uno se les quedó olvidado camino al aeropuerto.
Steve Martin criaba doce en Más barato por docena y la película era una comedia, no un drama financiero. Hoy ese guion sería ciencia ficción: en Chile, el promedio ya no llega a un hijo por mujer.
¿Quién lo va a cuidar? ¿Dónde vamos a vivir? ¿Alcanza el sueldo? Cualquiera que haya pensado en tener un hijo se sabe esas preguntas de memoria. Y en nuestro país, cada vez más gente las responde postergando la decisión, teniendo menos hijos de los que quería o derechamente dejando pasar el tema.
Las cifras lo muestran sin anestesia. Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la tasa global de fecundidad cayó a 0,99 hijos por mujer en 2025, lejos de los 2,1 que se necesitan para el reemplazo generacional. La última vez que el país superó el nivel de reemplazo fue en 1998.
Lo que cuesta criar: En plata y en horas
Hay dos estudios recientes que ayudan a entender qué hay detrás de este fenómeno. El primero es la Canasta de Crianza (2025) de UNICEF y el Ministerio de la Mujer, que estima un gasto de $594.882 al mes en promedio hasta los 18 años, con cifras a marzo de 2025.
La particularidad de esta canasta es que le pone precio tanto a lo que se compra como al tiempo dedicado al cuidado, porque suma el trabajo doméstico no remunerado.
Por eso, los primeros años son más caros. Criar a un menor de un año cuesta $735.057 al mes y más de la mitad de ese monto corresponde al cuidado. Entre los 14 y 17 años, la cifra baja a $484.643 y el tiempo representa apenas 14% del costo. A esa edad, en cambio, lo que sube es el gasto en bienes y servicios.
El segundo cálculo es de CLAPES UC, que estira la cuenta hasta los 25 años. El costo total va de $78,5 millones en el quintil de menores ingresos a $223,7 millones en el de mayores, a precios de diciembre de 2025.
Esa suma considera dos componentes: el gasto directo asociado a la crianza y el ingreso que la madre deja de percibir por la interrupción de su carrera laboral. El primero va de $78,5 millones a $144,4 millones según el quintil, mientras que el segundo incorpora una brecha salarial de 23,3% frente a los hombres. En el quintil de mayores ingresos, este costo de oportunidad llega a $79,2 millones y explica buena parte de la diferencia.
El estudio se pregunta además si tener hijos es "buen negocio" para una familia. Para responderlo, compara lo que cuesta la crianza con los sueldos que ese hijo ganará a lo largo de su vida. En el escenario base del estudio, el resultado es positivo para todos los quintiles, con salarios que crecen 2,51% al año y una tasa de interés de 3,47%.
Pero el resultado cambia significativamente cuando se modifica la tasa de interés. Si la tasa sube a 4,33%, el promedio de los créditos hipotecarios entre 2002 y 2024, la ganancia cae más de 70%. Con 5,5%, la cuenta queda en rojo para todos.
Martina Yopo, socióloga y académica de la Universidad Católica, pone el foco en quién puede pagar esa cuenta. A su juicio, "estos altos costos de la crianza y el cuidado nos interpelan desde la perspectiva de la desigualdad y la justicia social", dijo en el seminario de CLAPES UC donde se presentó el estudio.
La cuenta que pagan ellas
Pilar Wiegand, académica de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), pide mirar más allá del sueldo. "Los factores económicos importan, pero menos, y de otra manera, de lo que solemos suponer", plantea. Lo que pesa, explica, es lo que una mujer arriesga en su carrera al ser madre.
Los números de ese costo son duros. "Tras el primer hijo, su empleo cae cerca de un 22%, sus ingresos laborales bajan un 28%, muchas pasan a trabajos informales y los padres no ven ningún cambio", detalla Wiegand sobre las madres chilenas.
Sarahí Rueda, demógrafa de la Universidad Mayor, plantea que "la fecundidad sí o sí penaliza la trayectoria laboral de las mujeres". A eso se suma que los apoyos institucionales son pocos. En ese escenario, agrega la académica, "tener hijos se vuelve una decisión cuesta arriba".

La sala cuna es el ejemplo más claro, dice Wiegand. Hoy la paga el empleador solo cuando tiene 20 o más trabajadoras, y la evidencia muestra que ese costo se traspasa a sueldos más bajos para las mujeres. Wiegand lo resume así: "Con el diseño actual, el costo del cuidado lo terminan pagando las propias trabajadoras".
La Nobel de Economía Claudia Goldin llega a una conclusión parecida en un documento publicado en julio por el NBER. Según su análisis, la natalidad cae cuando las mujeres ganan autonomía y los hombres no asumen su parte del cuidado. En países donde ellas cargan con muchas más horas de trabajo doméstico, como Japón o Italia, nacen menos niños que en Suecia o Dinamarca.
La maternidad llega más tarde
Las chilenas están siendo madres cada vez más tarde. "La edad media de la maternidad aumentó de 27 a 30 años entre 1993 y 2025", señala María Francisca Pais, ginecóloga de la Unidad de Medicina Reproductiva de Clínica Alemana.
Rueda lo confirma desde la demografía: "La fecundidad hoy en día está liderada por mujeres de más edad".
¿Por qué se posterga? "Se trata de un fenómeno multifactorial, aunque sus principales causas son de carácter social", explica Pais. Entre ellas menciona los estudios más largos, el desarrollo profesional, las condiciones laborales y las barreras para compatibilizar trabajo y crianza.

Empezar más tarde deja menos tiempo, dice Pais. La reserva ovárica y la calidad de los óvulos bajan con la edad, y el cambio se nota más desde los 35 años. Por eso, advierte la ginecóloga, "postergar la maternidad no solo implica retrasar el momento de tener hijos, sino que puede influir en el número final de hijos que una mujer logra tener".
Rueda lo aterriza: "Si tienes a tu primer hijo a los 30 o a los 40 años, tienes mucho menos tiempo disponible en tu ventana reproductiva para tener más descendencia".
Según las cifras que entrega Wiegand, la proporción de mujeres que a los 40 años ha tenido al menos un hijo era 91% en 1992 y seguía en 91% en 2022. "Lo que cambió es cuántas siguen después del primero", dice. Entre las madres, la probabilidad de tener un segundo bajó de 89% a 80%, y la de un tercero cayó de 78% a 52%.
Menos partos, más tratamientos y un país más viejo
En los hospitales y clínicas, la bajada de natalidad ya se empieza a notar. Por un lado, hay menos partos, y por eso "algunas maternidades han debido cerrar, mientras que otras han tenido que redistribuir sus camas y recursos", cuenta Pais.
Por otro, agrega, "existe una mayor necesidad de consultar por dificultades para lograr un embarazo y, consecuentemente, una mayor demanda de técnicas de reproducción asistida, que actualmente son costosas y presentan un acceso desigual".
A largo plazo, el efecto es un país más viejo. Según el Censo 2024, en Chile viven 3,7 millones de personas de 60 años o más, cerca de tres veces más que en 1992. Rueda anticipa la consecuencia: "El Estado va a tener que invertir muchísimo más en seguridad social, pensiones y salud abocada a este contingente de adultos mayores".

El mercado laboral también lo va a sentir. Wiegand cita una estimación de la OCDE según la cual la población en edad de trabajar, entre 20 y 64 años, caería cerca de 23% en cuarenta años. Con menos jóvenes entrando, el país dependerá más de la migración, de la participación laboral de mujeres y personas mayores y de la productividad, dice.
Y no se arregla rápido. "Aunque la fecundidad subiera mañana, los trabajadores de 2045 ya nacieron", explica Wiegand.
Aun así, la académica llama a no caer en el alarmismo: "Una fecundidad algo por debajo del nivel de reemplazo es manejable". El problema, explica, es cuando cae a niveles como el actual, porque el envejecimiento se acelera.
¿Se puede dar vuelta?
Las expertas piden bajar las expectativas. "Ningún país ha logrado recuperar la fecundidad por sobre el nivel de reemplazo", dice Rueda.
Hungría gasta cerca del 5% de su PIB en beneficios para las familias y subió de 1,23 a 1,61 hijos por mujer entre 2011 y 2021, pero en 2024 volvió a caer, ejemplifica Rueda. Para la demógrafa, "estos bonos tienen un efecto muy pequeño en el tiempo".
¿Entonces qué? "Una meta razonable para Chile es apuntar a disminuir la distancia entre los hijos que la gente quiere tener y los que realmente tiene", propone Rueda. Tanto ella como Wiegand ponen primero el cuidado infantil accesible, partiendo por la sala cuna.

Wiegand agrega los permisos parentales que involucren a los padres. "Mientras el cuidado recaiga casi solo en las madres, el costo laboral de tener hijos seguirá siendo de ellas", advierte.
Y sobre el diseño de las políticas: "Funcionan mejor los paquetes estables y de largo plazo (cuidado, permisos, vivienda) que las medidas aisladas".
Yopo llevó la discusión un paso más allá. "Tenemos que avanzar también en corresponsabilidad social", sostuvo, es decir, repartir los costos de criar entre las familias, las empresas y la sociedad.
Y dejó planteada la pregunta de fondo: "Tenemos que hacernos la pregunta de quiénes hoy día en Chile tienen la posibilidad de formar las familias que quieren".
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