Señor Director:
Recorrer los malls capitalinos en pleno octubre resulta impactante: las vitrinas y los espacios comunes ya están decorados para Navidad.
Más allá del significado que esta celebración tiene para los cristianos, adelantarla de esta manera exacerba el consumismo y desvirtúa profundamente el sentido de una fecha que debiera trascender la lógica del mercado.
¿Y después nos escandalizamos del populismo de la dictadura venezolana, que adelanta la Navidad por conveniencia política?