La pregunta parecía sencilla. Consorcio cumple 110 años y el moderador quería saber qué significa hoy, para Patricio Parodi, ser una empresa. El presidente de Consorcio habló varios minutos antes de admitir que no iba a responder.
“No voy a contestar la pregunta que me hizo usted, porque el corazón me delata”, dijo. Estaba en casa. El panel se hacía en el zócalo del Instituto Chileno de Administración Racional de Empresas (ICARE), la institución que alguna vez presidió, ante ejecutivos que compartían café y desayuno.
A su lado estaban Susana Jiménez, presidenta de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), y Antonio Büchi, gerente general de Entel. Los tres habían sido convocados por ICARE y la CPC para hablar de Empresas x Chile, una iniciativa que busca que el empresariado tenga un rol activo frente a problemas sociales.
La iniciativa funciona por verticales. En salud preventiva, las compañías abren un espacio y un horario dentro de la jornada para que sus trabajadores se hagan exámenes en el mismo lugar de trabajo, y algunas extienden esos operativos a clientes y vecinos.
En formación, ofrecen prácticas profesionales a estudiantes técnico-profesionales, guiados por un maestro de la propia empresa. A eso se suman la seguridad en los barrios y una nueva área de emergencia laboral. Cada empresa elige en cuál participar y la iniciativa coordina las acciones.
La mano izquierda
El expresidente de Icare recordó que, en los años 50, un grupo de empresarios se unió para capacitar a sus colaboradores, y así nació la institución donde estaban sentados. “Empresas x Chile va a ser el ICARE del siglo XXI”, anunció.

“Empresas que se unen para hacer cosas que juntos se hacen mejor. Se visibilizan mejor”. Y lanzó la pregunta que le interesaba. “¿Por qué no estaríamos aquí? ¿Qué empresa puede decir que no?”.
Parodi atribuyó el impulso a Susana Jiménez, la primera mujer en presidir la CPC y quien empujó la iniciativa. Ella devolvió el crédito a los socios con una imagen de un Fórmula 1. “Nos demoramos en construir este auto. Es un auto de lujo, tenemos los mejores pilotos. Ahora hay que meterle combustible para que corra, y corra rápido”.
Jiménez apuntó a una paradoja. La gente suele querer a la empresa donde trabaja, explicó, “pero cuando hablan de las empresas suelen tener una visión mucho más prejuiciada”. Para ella, parte de la responsabilidad es del propio sector, que durante años prefirió no difundir sus acciones sociales.

“Las empresas antes estaban acostumbradas a esa cosa como católica, que tu mano izquierda no vea lo que hace la derecha. Y lo que hemos aprendido hoy día es que sí hay que mostrar lo que se hace”, afirmó.
El silencio, dijo, ya no es una opción.“Se acabaron los ejecutivos que no se atreven a levantar la voz, a hablar con los medios y a tener redes sociales”.
Y remató: “Yo soy de esas que creen fervientemente en que la respuesta privada a los problemas públicos existe, es eficaz y es efectiva”.
La iniciativa partió hace dos años, durante el gobierno anterior. Jiménez recordó que la entonces ministra de Salud, Ximena Aguilera, escribió una carta reconociendo el trabajo en salud preventiva. “Y esa posta la tomó este gobierno”, dijo. “Este es un trabajo que no tiene color político, que no es ideológico”.
Después del terremoto
Entel, recordó Antonio Büchi, nació después del terremoto de Valdivia, en 1960, cuando el sur quedó incomunicado. De ahí viene una idea que, según él, todavía guía a la compañía. “Chile necesita estar conectado de una manera distinta para que resista la emergencia”.
Para Büchi, las empresas ya entendieron que su impacto va más allá de sus oficinas. “Impactamos el entorno, impactamos a nuestros contratistas, impactamos los barrios donde está la antena”, dijo. Esa apertura de mente, sostuvo, hace natural sumarse a causas comunes.

Sobre la inteligencia artificial (IA), Büchi citó una frase que ha escuchado muchas veces: “La inteligencia artificial no va a desplazar a los trabajadores. Son las personas que manejan inteligencia artificial las que van a desplazar a las que no la manejan”.
Por eso, Entel se propuso que todos sus colaboradores se alfabeticen en IA. “Vamos a tener un bumpy road (carretera llena de baches). Pero en la medida que seamos capaces de promover que las personas se suban al carro, ese bumpy road va a ser más suave”, explicó.
Una enfermedad contagiosa
Cuando la palabra volvió a Parodi, la conversación tomó un tono más personal. Contó entre risas que llevaba dos años sin hacerse un control médico y que, cuando por fin lo hizo gracias a esta campaña, salió con prediabetes.
De ahí pasó a la idea que recorrió el resto de su intervención. “Uno se cansa de ver en los medios las malas noticias, las malas prácticas. Pero aquí hay una gran oportunidad para mostrar las buenas prácticas”, afirmó, antes de formular una teoría casi epidemiológica.
“El optimismo es una enfermedad que se contagia. Y el contagio se da con los buenos ejemplos”, agregó.

Esos ejemplos, a su juicio, deben venir de las empresas más grandes o más adelantadas, para que otras los repliquen e incluso el Estado se sume. Por eso destacó lo ocurrido en Puente Alto, donde un Centro de Salud Familiar (Cesfam), el alcalde y tres empresas trabajaron en conjunto. “Mira lo que se logró”, insistió.
Lo demás, según Parodi, depende de la constancia y de los gestos simples. Habló de replicar, mostrar y enseñar “majaderamente lo bueno”, y de un optimismo que se contagia desde que uno se levanta de la cama. Su consejo para el sector cabe en pocas palabras: “Muestra que hablas. Muestra que escuchas”.
Con ese ánimo dirigió la mirada hacia La Moneda. “Hay que decirle a los que están ahora mandando al país que sean un poquito más optimistas”, sostuvo, y les pidió hacerlo siempre con una sonrisa, aunque estén pasando por un mal momento.
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