Cuando cinco mujeres de una misma familia decidieron abrir un estudio de pilates en Vitacura, al principio no todos creyeron en la idea. Entre dudas, cambios laborales y varias conversaciones incómodas, las hermanas Mónica (30) y Colomba Castro (28), junto a su prima, Isidora Irarrázabal (25), y sus respectivas mamás Mónica (56) y María Gabriela Videla (54), apostaron por emprender juntas y crear Zamara Pilates.
El proyecto nació de una inquietud común: contar con un espacio propio que reuniera sus experiencias en torno al pilates, pero también construir algo más que un negocio. Un nuevo estudio de pilates ubicado en Vitacura, en un strip center compartiendo espacio con el restaurant Beasty Butchers y una farmacia, y una propuesta centrada en el bienestar, clases personalizadas y la construcción de comunidad.
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“Por eso nace Zamara Pilates, de la necesidad de hacer algo juntas y hacer algo que nos guste y nos une. Como nosotras, las socias, somos familia, queremos que nuestros clientes y clientas se sientan también como una familia”, señaló Mónica Castro, terapeuta ocupacional.
A ese objetivo se sumó la intención de ofrecer una propuesta que fuera más allá del ejercicio físico. “Queríamos que sea un espacio distinto donde sea el bienestar y no solamente hacer deporte”, afirmó Irarrázabal.
El nombre del estudio también apunta a ese concepto. "Zamara viene de la idea del movimiento ligero y natural, como una semilla que cae suavemente”, lo que conecta con el equilibrio y la relación cuerpo-mente que buscan transmitir.

"Nadie confiaba en nosotras"
El proyecto surgió luego de que Isidora dejara su trabajo como profesora y comenzara a explorar nuevas alternativas.
"Partimos haciendo todos los cálculos, las proyecciones, y nadie confiaba en nosotras, la verdad. Nuestra familia, nuestros papás, nos decían: 'Están locas, ¿qué les pasa?'", comentó la socia. Sin embargo, a medida que la idea fue tomando forma, se dieron cuenta de que el negocio resultaba viable.
"Partimos haciendo todos los cálculos, las proyecciones, y nadie confiaba en nosotras, la verdad. Nuestra familia, nuestros papás, nos decían: 'Están locas, ¿qué les pasa?'"
Isidora Irarrázabal
Para organizarse, las socias definieron roles claros y establecieron reglas internas. “Somos cinco y cada una aporta lo suyo”, explicó Castro. Distribuyeron funciones en áreas administrativas, digitales y operativas, trabajando de manera complementaria.
También acordaron mantener una separación entre la vida familiar y las decisiones del emprendimiento. "En un almuerzo no vamos a hablar de Zamara. Si es que alguien quiere aportar, por ejemplo, nuestros papás, nuestros hermanos, feliz, pero que vengan a las reuniones", indicó Irarrázabal.
"Esto no se habla en almuerzo ni en una comida, porque ahí podemos confundir las cosas y empezar a pelear. Tratamos de hacerlo lo más profesional posible", agregó.
Enfoque en personalización y experiencia
En cuanto a la propuesta, Zamara busca posicionarse como un estudio boutique. “Queremos que vivan una experiencia al entrar al lugar. Entonces, le pusimos muchísimo cariño en la decoración, en los olores, en la música, en los reformers. Queríamos que todo tuviese su porqué”, señaló la fundadora.
El estudio funcionará con clases de lunes a sábado, desde las 7:00 hasta las 20:20 horas, y ofrecerá planes mensuales, trimestrales y semestrales. Las reservas se gestionarán a través de la aplicación Fitco, que permite elegir horarios, profesores e incluso el reformer.

Uno de los focos principales será la personalización. Cada máquina estará asignada a un alumno, lo que facilita un seguimiento más cercano durante las clases. “Es importante que la profesora conozca a cada persona y pueda corregirla de manera individual”, explicó Mónica Castro.
El equipo también puso énfasis en la selección de instructores. “Buscamos mucha calidad pensando en la distinta variedad de personas que vamos a tener”, indicó, y destacó que el estudio atenderá a hombres, mujeres, personas mayores y embarazadas.
A días de su apertura, el proyecto ya mostró una buena recepción. “Tenemos harta gente inscrita”, aseguró Isidora. Mónica añadió que la visibilidad del local ayudó a captar interés espontáneo. “La gente nos viene a preguntar harto”, comentó.
Más allá del ejercicio, las socias buscan construir una comunidad en torno al estudio. “Queremos que se sientan parte (…) que todos estamos unidos por lo mismo”, señaló Castro.
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