Decir 'me lo merezco' antes de pagar con tarjeta de crédito puede parecer una decisión menor, pero en muchos casos marca el inicio de un problema financiero.
Detrás de ese tipo de frases —junto a otras como 'después veo cómo pago' o 'Dios proveerá'—, los expertos identifican un patrón común: decisiones de consumo impulsivas que se justifican emocionalmente, pero que terminan impactando el presupuesto mes a mes.
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Así, en un contexto en que cada vez más personas acceden a créditos comerciales, el desafío ya no es solo tener una tarjeta, sino saber cuándo y cómo usarla sin que se transforme en una deuda difícil de manejar.
El fenómeno no es aislado. En conversación con Chócale, especialistas advirtieron que el problema no comienza en la tarjeta en sí, sino en la forma en la que las personas entienden o distorsionan su capacidad de pago.
“Uno de los errores más frecuentes es utilizar la tarjeta como si fuera una extensión del ingreso, sin tener claridad de cómo se pagará posteriormente”, explicó Nicolás Román, académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes, quien advirtió que este comportamiento suele pasar desapercibido hasta que el costo comienza a acumularse.
De esta forma, la facilidad para postergar el pago, sumada a la normalización de prácticas como pagar el mínimo o financiar gastos cotidianos, ha instalado una lógica donde el crédito deja de ser una herramienta puntual y pasa a convertirse en un respaldo permanente.

En este contexto, el llamado de expertos apunta a volver a lo básico: entender la tarjeta como un medio de pago que debe estar integrado a un presupuesto y con un plan claro de cómo se cubrirán esos consumos en el corto plazo.
'Dios proveerá' y 'Me lo merezco': Relatos que empujan a la deuda
'Me lo merezco', 'después veo cómo pago' o 'Dios proveerá' son frases que suelen aparecer justo antes de tomar decisiones que no siempre tienen respaldo financiero. Sin embargo, lejos de ser inofensivas, expertos advirtieron que funcionan como mecanismos de autojustificación que permiten validar gastos impulsivos y postergar la preocupación por cómo se pagarán.
“Juegan un rol enorme porque el sobreendeudamiento no parte en la tarjeta, sino que parte en el relato que uno se cuenta a sí mismo. ‘Me lo merezco’, ‘después veo’, ‘algo saldrá’, son frases que maquillan una decisión financiera mala y la convierten en algo emocionalmente aceptable", explicó Ricardo Ibáñez, abogado y fundador de DefensaDeudores.cl.
"El problema es que la tarjeta no perdona autoengaños. Lo que parte como un gusto termina muchas veces como una bola de nieve con intereses, compras en cuotas, avances y una sensación permanente de angustia”, agregó el abogado.
Desde una mirada conductual, estas expresiones responden a sesgos que empujan a priorizar el bienestar inmediato por sobre las consecuencias futuras.

"Estas expresiones reflejan sesgos conductuales bastante estudiados en economía del comportamiento. Por un lado, el ‘Dios proveerá’ se asocia a un exceso de optimismo y a la subestimación del riesgo futuro, donde las personas confían en que su situación financiera mejorará sin una planificación concreta”, señaló Rodrigo Flores, director académico de la Universidad Santo Tomás Santiago Centro.
“En tanto, el ‘me lo merezco’ responde a un mecanismo de autojustificación del gasto, donde el consumo se valida como una recompensa emocional, incluso cuando no es consistente con la capacidad de pago. En ambos casos, se prioriza el bienestar inmediato por sobre la sostenibilidad financiera”, agregó.
Cuando la tarjeta se vuelve un "segundo sueldo"
Aun así, más allá de las frases o los impulsos, uno de los riesgos más relevantes es cómo la tarjeta de crédito se instala en la vida cotidiana. Según los expertos, el problema comienza cuando deja de ser un medio de pago puntual y pasa a cumplir un rol estructural dentro del presupuesto.
“La tarjeta no puede ser un segundo sueldo. Tiene que estar incorporada dentro del presupuesto como un medio de pago, no como una fuente de financiamiento habitual”, advirtió Ibáñez, quien explicó que este cambio suele ocurrir de forma gradual, sin que las personas lo perciban de inmediato.

En la práctica, esto se traduce en usar la tarjeta para cubrir gastos básicos como supermercado, cuentas o transporte, lo que tensiona el presupuesto mes a mes. A diferencia de una compra puntual, este tipo de uso genera una dependencia constante que puede escalar rápidamente si no existe un plan de pago claro.
“La tarjeta sirve cuando ordena, da trazabilidad, permite acumular beneficios o enfrentar una contingencia acotada. Pero cuando se usa para tapar hoyos del mes, ya entramos en una zona de riesgo”, alertó el abogado.
Claves para usar la tarjeta sin caer en deudas
En definitiva, para un uso responsable de la tarjeta de crédito, los expertos coinciden en que la clave no es dejar de usarla, sino hacerlo con planificación.
“La tarjeta debería considerarse como un medio de pago y no como una fuente de financiamiento permanente. Idealmente, los gastos realizados con tarjeta deben estar respaldados por ingresos disponibles o futuros claramente identificados”, indicó Nicolás Román.
Asimismo, el académico alertó sobre señales que suelen normalizarse. “Una señal clara es depender de la tarjeta de forma habitual para financiar gastos corrientes. También lo es no tener definido un plan de pago o recurrir constantemente a mecanismos más flexibles”, explicó.
En términos prácticos, los especialistas recomendaron fijar un tope de uso mensual, evitar el pago mínimo como regla y revisar periódicamente el estado de cuenta para no perder el control del gasto. A esto sumaron plantearse una pregunta clave antes de comprar: si ese gasto puede pagarse sin desordenar el mes siguiente.
Finalmente, advirtieron que los beneficios asociados a las tarjetas —como puntos o descuentos— no deben ser el principal criterio de uso. “Los beneficios de una tarjeta pueden ser útiles, pero jamás compensan el costo de una mala deuda”, concluyó Ricardo Ibáñez.
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