
Cecilia Muñoz
Hay términos que se ponen de moda según lo que esté pasando. Por estos días, seguro los trending topics son Cónclave, Papa, Francisco, León, etc. Pero hay uno que lleva un tiempo dando vueltas y que quiero abordar: interoperabilidad.
Como es una palabra habitual, pero poco clara, lo primero que hace hoy un estudiante es preguntarle a alguna IA. Una de ellas responde: “Capacidad de dos o más sistemas (ya sean computadoras, software, redes, etc.) de interactuar y compartir datos de manera efectiva y eficiente, siguiendo un método definido”. Mhmm... interesante. Pero, ¿cómo se ve esto en la práctica?
Aplicado al mundo de los medios de pago, significa que todos los bancos, fintechs, personas y comercios puedan compartir información entre sí de manera segura, rápida y eficiente, utilizando mecanismos de comunicación estándar que permitan realizar la mayor cantidad de transacciones posibles. En Chile, esto se traduciría en que, si tienes saldo en la billetera A, en el Banco B, la Cooperativa X, la Caja de Compensación Z o donde sea, puedas escanear el QR de un comercio y pagar sin importar en qué institución tiene su cuenta ese comercio.
Esto abre una verdadera puerta hacia la inclusión. Al usar APIs estándar —esos conectores tecnológicos entre sistemas, como aprendí en el curso “10Pay”— se logran economías de escala, bajan los costos y disminuyen las barreras de entrada. ¿El resultado? Todos acceden a una mejor experiencia de compra, que es lo que finalmente importa.
Si estuviste en la “fiebre turística” de visitar Brasil, probablemente conociste PIX. Tal vez lo usaste para pagar un jugo de açaí en Copacabana a un vendedor simpático y alegre, de quien no registraste ni un solo dato (¿para qué, si difícilmente lo volverás a ver?). Y lo mejor: volviste feliz, sin tener que empeñar el alma para pagar el estado de cuenta de la tarjeta de crédito, con su temido costo por transacción internacional y un tipo de cambio de terror.
Seguramente también te preguntaste: ¿Por qué en Chile no hay algo así? Y ahí es cuando mis insomnios se cruzan con las clases de 10Pay. La respuesta es simple: interoperabilidad local. Luego pienso: ¿y si no fuera solo local? ¿Y si pensamos al menos en una interoperabilidad continental? Quizás Bolívar no estaba tan perdido.
¿Cómo logra un país como Brasil —con 214 millones de habitantes proyectados al 2025, casi 12 veces Chile según el Censo 2024— que todos los actores compartan información de forma segura, rápida y eficiente? El éxito de PIX se explica porque la autoridad tomó el liderazgo. Definió las APIs que debían usar bancos, fintechs y otros proveedores de servicios de pago, estandarizando y agilizando la experiencia. La cuenta con saldo se asocia a un alias (teléfono, email, etc.), lo que evita almacenar múltiples datos. El resultado: la transacción se concreta en promedio en 10 segundos, desde la autorización hasta el abono al comercio. En nuestro Chile querido, eso es lo que nos demoramos en registrar los datos del destinatario para recién comenzar a transferir.
Entonces me pregunto: si en Chile se crean normas —y por lo general las respetamos—, ¿por qué no establecer un estándar de interoperabilidad que también pueda dialogar con el de otros países? No estoy descubriendo América en Google Maps: esto ya lo está haciendo la Comunidad Económica Europea con WERO, que permite transferencias bancarias entre Francia, Bélgica y Alemania, y que es compatible con Bizum (el que la rompe en España). ¿Se imaginan el potencial?
En Chile tenemos servicios que agrupan a grandes mayorías, pero ninguno es compatible con todos los actores del sistema. Si tu tarjeta es del Banco Z, probablemente no puedas usar el QR del adquirente clásico.
El gran desafío para Chile —y también para Latinoamérica— es garantizar la interoperabilidad. No solo para que los pagos funcionen mejor, sino como una herramienta que dinamice la economía y abra el acceso a mercados de bienes y servicios. Estamos en un momento clave. La autoridad no necesariamente debe definir las APIs, como hizo el Banco Central de Brasil, pero sí puede establecer una hoja de ruta clara para conectar a todos los actores del ecosistema de pagos con una mirada estratégica. Pensar: ¿por qué no hacerlo en todo Chile... y también entre países del continente? Tal como soñó Bolívar.
¿Por qué dejar que solo la Comunidad Económica Europea avance en esto y no trabajar hacia una Comunidad de Pagos Latinoamericana? Le dejo el desafío a nuestras autoridades: capacítense urgente para legislar. Necesitamos conocer experiencias y dominar la terminología adecuada para hacerlo bien.
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