El Dato de la Soa #3: ¿Un sour para brindar?

Pisco sour

Cuando dije que quería escribir sobre la vida de soa, siempre supe que el pisco sour sería un tema en sí mismo. Es que mi amor por este traguito/coctelito/una cosita, que ya viene de hace años, se reafirmó cuando enfrentamos las primeras cuarentenas. Mientras muchos de ustedes aprendieron hacer pan, a bordar o desarrollar algún tipo de hobbie, yo me dediqué a probar y tomar todos los sours que se me antojaron.

Por mucho tiempo el pisco sour estuvo reservado para ocasiones extremadamente especiales, casi ceremonias.  Nuestros padres, tíos y abuelitos hacían “salud” con su copita alargada y nosotros veíamos al pisco sour como algo lejano, solo de adultos y que difícilmente, incluso siendo veinteañeros, hubiésemos disfrutado. Pero los años pasaron y el sour dejó de ser visto como algo de “gente mayor” o de ocasiones que parecían una ceremonia.  

Mi amor por este traguito comenzó casi a los 25 años, corrían los mejores años de Primer Plano y el panorama de la época era ver el “Escándalo de la Semana”, con una copita de sour (de botella o receta casera) y un picoteo. Ya más “adulta”, en las salidas a comer se convirtió en el aperitivo de cabecera. Debo confesar que la receta peruana la amo con todo mi corazón.

Como toda bebida alcohólica, la moderación e hidratarse son la clave para no pasar un mal rato y cuidarse. También es importante conocer la calidad del pisco y así evitar una caña. ¿Qué pasa con la preparación, receta casera, de botella o de restaurante? Todos son válidos e incluso hasta va depender de la ocasión por cuál optar.

En el 2019 con mi mamá nos fuimos una semana a Tacna, por lejos el mejor lugar para comer, tomar y descansar en buen hotel a buen precio. Por supuesto que nos tomamos todos los sour que encontramos, incluso probamos la versión del “Tacna Sour” (saborizado con durazno). Además de perfumes, ropa y otras chucherías aprovechamos de traer pisco de la zona, así que al regreso con Betty nos dedicamos a preparar en casa. No quiero empezar un conflicto diplomático, pero si se trata de elegir, el pisco peruano siempre será mi favorito.

De todas maneras, para hacer en casa no es necesario que éste sea su origen, pero sí es importante que sea doble destilado, Alto de Carmen, Los Nichos y Mal Paso son buenas opciones para una rica preparación. Sobre qué método es mejor, personalmente prefiero hacerlo en coctelera, aunque sea un poco más de trabajo.

No hay nada más hermoso que el sonido del hielo al agitar y servir el sour con esa espumita y cremosidad que difícilmente se puede lograr con la juguera. Para darle un sabor especial, el amargo de angostura o incluso ají tabasco, le viene bien.

Cuando hay ganas de tomarse una copa pero no el tiempo o las ganas de prepararlo, los embotellados son una solución: un poco a la juguera, hielo y listo. Hay para todos los gustos y bolsillos, algunos dan caña y otros no (soy una convencida que en esto influye la edad). Como decía al principio de esta columna, en la cuarentena me dediqué a buscar nuevos piscos sour. La Pizka y Alma Sour son los que más recomiendo, su elaboración artesanal mantienen ese sabor como si estuvieran recién hechos. Pero también hay aquellos que son masivos, y también son más económicos, Cusqueño Sour y Sabor Peruano, son buenas alternativas para quedar como reina cuando eres anfitriona de una junta.

Cuando se trata de pedir una copita en restaurante, podemos encontrar sours para todos los gustos. En la gastronomía peruana, más allá de pedir el tradicional, catedral o vaticano (la foto de esta columna), todo va en el pisco: Tres Gallos, Portón y Tabernero se robaron mi corazón. Las mejores preparaciones las he tomado en el Barandiarán y Sabores del Ají Seco.

También está el sour de cortesía y la verdad es que a ése nunca se le dice que no, siempre he dicho “quédate con el restaurante que ya te conozca y apenas te sientes te ofrezca el sour de cortesía”, incluso si pides para llevar te lo echen en una botella de vidrio individual. En Colina está “El Rincón de la Sarita”, local que tiene como especialidad pescados y mariscos y cada vez que voy, me tienen mi copita de regalo.

Y por supuesto, no podía faltar el pisco sour del restaurante de comida china. No será el más elaborado ni premium, tal vez incluso es de botella, pero ese sabor mezclado con wantán nos hace recordar que no necesitamos de grandes festines gourmet para disfrutar una copa solo porque lo valemos.

Para mayor disfrute de una copita, siempre es bueno acompañarlo de un buen bolero. ¡Salud!