LA500: Testimonio de un vuelo de Santiago a Miami en plena pandemia

LATAM se sumó a TSA PreCheck

“Necesitaba viajar a Estados Unidos lo antes posible y pensaba que no se podía. De hecho, mi mejor escenario era poder volar recién en agosto.

Sin embargo, alguien salió a responder mis dudas. Me aclaró que no existe ningún impedimento para salir de Chile y, contrario a lo mucha gente pensaría, tampoco para entrar a Estados Unidos.

¿Se puede viajar al extranjero? Sí.

¿Hay vuelos internacionales operando de manera regular? Solo ruta entre Santiago – Miami, por lo menos así era en las últimas semanas.

El aeropuerto de Santiago estaba vacío como nunca. Fue impresionante entrar y ver casi la totalidad de los counters cerrados. Había una larga fila de personas, me acerqué a ver si era mi vuelo, y el único otro operando además del LA500 que yo tomaría, tenía como destino Guayaquil. La mayoría de las personas que abordaban ese vuelo, volvían a sus casas.

Impresionante fue también llegar al ingreso de Policía Internacional y que hubiese muy poca gente. Pasé de inmediato y me dirigí al control de seguridad. Este lugar también estaba totalmente vacío, ordenado como nunca; es como uno cree que se vería un centro comercial a las 5 de la mañana.

Entrar a la zona del Duty Free fue algo confuso. A pesar de que las luces estaban prendidas y los carteles regulares indicando las diferentes puertas de embarque seguían ahí, había rejas en todas las salidas y poco personal del aeropuerto. A lo lejos vi una de las rejas abiertas al lado de una caja que permitía la compra de chocolates y dulces. Al pasar por esa especie de puerta, comprobé que estaban las dos puertas de embarque habilitadas: la del vuelo a Guayuaquil y el LA500 a Miami.

Ambos lugares donde los pasajeros esperábamos para abordar tenían bastantes personas. A ratos te daba la sensación de que no había mucha posibilidad de mantener el distanciamiento, con personas y grupos familiares expandiéndose por el pequeño pasillo que unía ambas puertas para poder mantenerse alejados de las otras personas.

La única pantalla disponible mostraba unos pocos vuelos nacionales e internacionales para esa tarde, varios de ellos en estado “cancelado”. Nada de salones vip, ni restaurantes. Locales, prácticamente ninguno abierto. ¿Espigones? Nada. Toda la parte nueva del aeropuerto permanece cerrada.

Con muchas medidas para el distanciamiento social empezó el embarque. Asistentes de cabina empezaron a acercarse a cada grupo de personas dando instrucciones específicas para el embarque y repartiendo alcohol gel para todos los pasajeros. Por supuesto, el uso de mascarilla es obligatorio desde el momento en que se ingresa a Pudahuel.

Llegó el momento de embarcar

Nos explicaron cómo sería el proceso de embarque, haríamos una fila por zonas de embarque, manteniendo al menos un metro de la persona que se encuentra delante tuyo.

Hasta ahí todo parecía ser simple; la mayor preocupación de estas personas que intentaban organizar este proceso era que no nos amontonáramos al momento de estar en la manga del avión. El personal de LATAM, con algo de nerviosismo, gritaban “mantengan la distancia”. Es que al chileno le gusta mucho amontonarse.

El vuelo tenía despegue programado a las 23:10. Sin embargo, la necesidad de mantener el distanciamiento social y preservar el equilibrio de peso del avión, hizo que la tripulación tuviese que hacer cambios de asiento in situ.

En un principio estábamos todos amontonados en las primeras 20 filas. Al parecer, debido a la disponibilidad de asientos a la hora de hacer la compra del pasaje, todos habíamos comprado pasajes en la parte frontal del avión.

Nos explicaron en ese momento que el avión no podía despegar ya que el peso en ambos extremos era muy desigual y necesitaban equilibrarlo; separaron a los pasajeros en una suerte de grupos, dejando a adultos mayores y un par de personas con movilidad reducida en la primera parte del avión y con mucha separación entre ellos.

El resto de las personas fueron siendo ubicadas hacia atrás teniendo, al menos, un asiento vacío entre ellos. La verdad es que el personal a bordo, en general, fue muy amable y considerado con los requerimientos de varios pasajeros que surgieron en ese momento.

Te daba la sensación de haber empatía desde ellos hacia nosotros, que debíamos volar por diversos motivos en esas circunstancias, y de nosotros hacia ellos que lo hacían posible.

Dormí gran parte del vuelo, así que nunca supe si había algo para comer. Me dio la sensación de que no, ya que cuando me levanté a ver si había algo en la parte posterior del avión no vi los carritos donde siempre transportan las cosas y ningún pasajero mostraba restos de haber comido nada.

N. de la R.: Tutorial de Viajes voló dos días después, en el mismo vuelo LA500, y dijo que hubo comida y un desayuno envasado.

Antes de aterrizar, la tripulación nos entregó un formulario titulado “Traveler Health Declaration”. Además de los datos personales, había que indicar si en las últimas 24 horas había presentado fiebre o dolor de cabeza, tos o dificultad para respirar.

El documento contenía un apartado que debía ser llenado por funcionarios del aeropuerto al aterrizar, y viene listada una serie de países con restricción de acceso a Estados Unidos, como Irán, Irlanda, China (excepto Hong Kong y Macau), el Reino Unido, la zona de Schengen (Europa) y Brasil.

Este es el "Traveler Health Declaration" para ingresar a Estados Unidos durante la pandemia
Este es el “Traveler Health Declaration” para ingresar a Estados Unidos durante la pandemia

Lo curioso es que -pese a la insistencia por llenar el documento a bordo del avión, nadie me lo pidió al aterrizar (Tutorial de Viajes ratifica la situación en su vuelo posterior). Personal a bordo nos dijo incluso que no dejarían desembarcar el avión de no tener el 100% de los formularios completos. De todas maneras siempre es mejor tenerlo listo que perder el tiempo llenándolo.

En Miami, debía tomar un conexión a Dallas, después de muchas horas de escala. A último minuto se abrió un vuelo que salía dos horas después de que había aterrizado mi vuelo; decidí tomar esa opción de American Airlines, que me llevaría a mi otro vuelo, para finalmente llegar a destino en San Francisco (SFO).

Alrededor de 30 horas después de iniciado el viaje, me encontraba en mi destino.”

*Este testimonio fue enviado por Ángela, lectora y amiga de Pasajero Frecuente.

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