Este miércoles Chile vivirá un nuevo cambio de mando presidencial, una ceremonia que marca el inicio de un nuevo ciclo político y que forma parte de una de las tradiciones más simbólicas de la vida republicana del país.
En el Salón de Honor del Congreso Nacional, el Presidente de la República, Gabriel Boric Font, entregará la banda presidencial a su sucesor ante el Congreso Pleno, en un acto que mezcla institucionalidad, historia y gestos políticos que muchas veces anticipan el rumbo del nuevo gobierno.
La transmisión del poder presidencial constituye uno de los rituales más antiguos del sistema político chileno. Aunque hoy la ceremonia parece inmutable, su forma y fecha han cambiado varias veces a lo largo de casi dos siglos de historia, hasta consolidarse en la tradición que se observa actualmente cada 11 de marzo.
En esta ocasión, la ceremonia dará paso al gobierno de José Antonio Kast, en un acto que reunirá a autoridades nacionales y delegaciones internacionales y que, además de su carácter protocolar, suele convertirse en un espacio de lectura política sobre el escenario regional y las primeras señales diplomáticas del nuevo Ejecutivo.
Dos siglos de historia republicana
Los orígenes del cambio de mando presidencial en Chile se remontan al siglo XIX. Según explica el historiador Andrés Gooycolea, de Extensión Cultural de la Universidad de los Andes, los primeros protocolos comenzaron a consolidarse entre 1826 y 1875, cuando los mandatarios juraban ante el Congreso Pleno en el antiguo Tribunal del Consulado.
Con el paso del tiempo, la ceremonia adquirió mayor solemnidad y simbolismo dentro del sistema político chileno. “A mediados del siglo XIX, el rito adquirió una carga simbólica adicional al coincidir deliberadamente con el 18 de septiembre, vinculando la asunción presidencial con el aniversario de la Primera Junta de Gobierno y las celebraciones de Fiestas Patrias”, relata el historiador.

Esta tradición terminó de institucionalizarse en 1841 durante el gobierno de Manuel Bulnes. En esa etapa también se consolidó otra práctica que aún se mantiene: el discurso final del mandatario saliente ante el Congreso Nacional antes de entregar el poder.
Durante décadas, el cambio de mando se realizó en distintas fechas del año. El historiador y académico de la Universidad de Las Américas, José Pedro Hernández, explica que la fecha no siempre fue fija y que la transmisión del poder se organizaba de acuerdo con los ciclos electorales de cada época.
“En Chile hay fechas que, más que elegirse, terminan instalándose como parte del ritmo de la vida republicana. Una de ellas es el 11 de marzo. No importa qué día de la semana sea, cada cuatro años ese día queda marcado como el momento en que un Presidente entrega la banda presidencial a su sucesor”, señala.
En distintos momentos de la historia, las ceremonias se realizaron incluso en fechas cercanas a celebraciones o festividades. Por ejemplo, el presidente Ramón Barros Luco asumió el cargo el 23 de diciembre de 1910, prácticamente en vísperas de Navidad. Durante el siglo XX también existieron otros cambios: desde Gabriel González Videla en 1946 hasta Salvador Allende en 1970, el cambio de mando se realizaba cada seis años el 3 de noviembre.
La fecha actual quedó fijada tras el retorno a la democracia en 1990. Desde entonces, el 11 de marzo marca tanto el inicio del período presidencial como el comienzo del mandato de los nuevos parlamentarios.
Los símbolos del poder presidencial
Más allá del protocolo, el cambio de mando también se caracteriza por una serie de símbolos que refuerzan la continuidad del Estado y la legitimidad institucional del nuevo gobierno. “Entre los más importantes se encuentran la banda presidencial tricolor y la denominada Piocha de O’Higgins, considerada el emblema más representativo de la autoridad presidencial”, explica Gooycolea.
Durante la ceremonia, el presidente del Senado recibe estos símbolos del mandatario saliente y luego los entrega al presidente electo, formalizando el traspaso del poder.
La Piocha de O’Higgins, una estrella de cinco puntas que se coloca sobre el pecho del mandatario, también ha estado rodeada de episodios curiosos en la historia política del país. Según recuerda el historiador, en las investiduras de José Manuel Balmaceda en 1886 y de Arturo Alessandri en 1920, la insignia se desprendió durante la ceremonia, situación que en su momento algunos interpretaron como un presagio de crisis políticas.
La pieza que se utiliza actualmente no es la original. La insignia histórica se perdió durante el bombardeo al Palacio de La Moneda en 1973, por lo que desde entonces se utiliza una réplica.
El momento clave de la ceremonia
Desde el punto de vista protocolar, el acto central del cambio de mando se desarrolla ante el Congreso Pleno y sigue una secuencia cuidadosamente establecida.
El académico Raúl Burgos, director ejecutivo del Observatorio de Historia y Política de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, explica que el momento principal corresponde al juramento del nuevo mandatario. “Debemos entender que esta ceremonia representa la investidura del presidente electo y también la entrega de los símbolos de mando que lo constituyen como la máxima autoridad del país”, explicó el historiador.
El primer paso corresponde al juramento o promesa del presidente electo ante el Congreso, instancia en la que se compromete a respetar la Constitución y las leyes de la República.
Luego se realiza la entrega de los símbolos presidenciales. “Se hace la entrega de la banda presidencial y de la Piocha de O’Higgins a través del presidente del Senado, quien recibe estos objetos del mandatario saliente y luego se los entrega al Presidente electo”, indicó Burgos.
La ceremonia concluye con la entonación del Himno Nacional, momento que formaliza el cierre del proceso de transmisión del poder.
Un acto también cargado de señales políticas
Aunque el cambio de mando tiene un fuerte componente simbólico y ceremonial, también suele interpretarse como una instancia relevante para observar las primeras señales políticas del nuevo gobierno, especialmente en materia de relaciones internacionales.
La presencia de delegaciones extranjeras suele entregar pistas sobre las afinidades diplomáticas y las prioridades de política exterior de la nueva administración.
“El cambio de mando presidencial es la primera instancia en que distintas delegaciones internacionales pueden reunirse y compartir con el nuevo Presidente. Esto permite proyectar y observar cuáles podrían ser los apoyos y eventuales alianzas que este gobierno va a desarrollar hacia el futuro”, señaló Raúl Burgos, director ejecutivo del Observatorio de Historia y Política de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV).
Entre los invitados a la ceremonia destacan mandatarios latinoamericanos como el presidente de Argentina, Javier Milei, y el presidente de Ecuador, Daniel Noboa. Aunque se esperaba la asistencia del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, finalmente se anunció que no viajará a nuestro país para presenciar la ceremonia.
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