
Arturo Geissbühler
Vicepresidente de Seguros de SURA Chile
En Chile, la penetración de seguros alcanza al 4,7% del PIB, cifra que nos ubica por debajo de Norteamérica, que se encuentra sobre el 10%, y Europa y Asia Pacífico por sobre el 5%.
Aunque nuestro país destaca en comparación con el resto de Latinoamérica, que alcanza cifras del 3%, esto nos invita a reflexionar sobre cuántas personas aún no comprenden la importancia de estar protegidas mediante un seguro, alejándonos de las cifras de los países más desarrollados.
Es probable que muchas no se hayan incorporado a los seguros porque no entienden completamente la industria. Esto se debe, en gran medida, a que las aseguradoras manejan una serie de conceptos y palabras, como prima, deducible o capital asegurado, que en general las personas desconocen o bien no entienden su significado.
Esto puede generar una brecha considerable entre las expectativas de los asegurados y la verdadera cobertura que obtienen, un fenómeno que debe ser abordado desde la entrega de información, ya que esto no solo dificulta la elección del producto o solución adecuado, sino que también puede generar malentendidos o insatisfacción cuando los clientes necesitan hacer uso de su seguro.
Históricamente, el sector asegurador ha utilizado un lenguaje técnico y, en ocasiones, excesivamente complicado. Esto ha creado una barrera para que las personas comprendan lo que realmente contratan. A esto se suma el hecho de que muchas veces no existe un esfuerzo significativo por parte de las instituciones para traducir estos conceptos al lenguaje cotidiano. En lugar de tomarse el tiempo de explicar todo de forma y simple al cliente, se confía en que, al firmar el contrato, han entendido a cabalidad las coberturas, asistencias y todo lo que significa contar con el seguro.
Este desconocimiento tiene un impacto directo en la percepción del seguro como una herramienta de protección. Muchas personas asumen que están completamente cubiertas para cualquier eventualidad, sin saber que su póliza puede tener limitaciones o exclusiones. Esto se ve claramente en seguros de salud, por ejemplo, donde términos como "copago" o “deducible” a menudo no son comprendidos en su totalidad, hasta que el asegurado enfrenta una situación médica compleja.
Si bien es responsabilidad del asegurador proporcionar productos claros y transparentes, también es esencial que como industria promovamos la educación. Un cliente informado toma decisiones acertadas, elige mejor, acorde a sus necesidades y, lo más importante, sabe qué esperar de su seguro en el momento que más lo necesita.
En el marco del mes de la educación financiera las compañías tienen la oportunidad de comprometerse a desempeñar un papel más activo, generando contenido y recursos que ayuden a las personas a comprender lo que significa estar asegurado y cómo los seguros son una herramienta clave al momento de proteger su patrimonio y bienestar.
En este sentido, invito a todos los actores del sector asegurador a hacer un esfuerzo adicional para cerrar la brecha de lenguaje que hemos tenido durante tantos años, para crear una sociedad más informada y consciente del valor que ofrecen los seguros. Solo así podremos contribuir a un mercado más transparente, accesible y confiable para todos.
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