La inteligencia artificial suele asociarse con avances tecnológicos, productividad y nuevas oportunidades económicas. Sin embargo, para el papa León XIV, también representa uno de los mayores desafíos sociales y éticos de los tiempos actuales.
Por eso decidió dedicarle la primera encíclica de su pontificado. Publicada esta semana bajo el nombre Magnifica Humanitas (“Magnífica humanidad”), la carta aborda el impacto de la inteligencia artificial sobre el trabajo, la democracia, la información, la educación y la guerra, en un texto que busca abrir un debate global sobre el futuro de estas tecnologías y su impacto en la sociedad.
¿Qué es una encíclica y por qué importa?
Las encíclicas son uno de los documentos más relevantes que puede emitir un Papa. A través de ellas, el Vaticano fija posiciones doctrinales sobre temas que considera fundamentales para la Iglesia y la sociedad.
Aunque están dirigidas principalmente a los fieles católicos, históricamente han tenido influencia mucho más allá del ámbito religioso. La más conocida en materia social es Rerum Novarum, publicada por León XIII en 1891, que abordó las consecuencias de la Revolución Industrial y ayudó a sentar las bases de la doctrina social de la Iglesia.
No es casualidad que León XIV haya firmado Magnifica Humanitas exactamente 135 años después de aquel documento. El propio Pontífice establece un paralelo entre los cambios que provocó la industrialización a fines del siglo XIX y la transformación que hoy impulsa la inteligencia artificial.
La IA: Una revolución comparable a la industrial
Según el Vaticano, la nueva encíclica es el resultado de una década de reflexión sobre el impacto de las tecnologías emergentes y busca responder a preguntas que trascienden el ámbito técnico.
León XIV sostiene que la inteligencia artificial ya influye en múltiples aspectos de la vida cotidiana, condiciona decisiones, modifica las relaciones sociales y está transformando incluso la manera en que se desarrollan los conflictos armados.
A diferencia de quienes presentan la tecnología como una herramienta neutral, el Papa plantea que cada sistema refleja las decisiones, intereses y prioridades de quienes lo diseñan, financian y controlan.
Por ello, uno de los mensajes centrales del documento es que el debate sobre la inteligencia artificial no puede limitarse a la innovación o la eficiencia, sino que debe incorporar preguntas sobre el poder, la justicia y la dignidad humana.
Los principales riesgos de la inteligencia artificial
La encíclica advierte sobre la concentración de conocimientos, datos y tecnologías en manos de un grupo reducido de actores, lo que podría profundizar las desigualdades entre quienes participan de la revolución digital y quienes quedan excluidos de ella.
También aborda los efectos sobre el empleo. León XIV reconoce que la inteligencia artificial puede liberar a las personas de tareas repetitivas, pero advierte que no debe utilizarse para reemplazar trabajadores únicamente con el objetivo de reducir costos o aumentar ganancias.
Otro capítulo se refiere a la información y la democracia. El documento llama a fortalecer el periodismo, la transparencia en los algoritmos y el pensamiento crítico frente a fenómenos como la desinformación y la manipulación digital.
Asimismo, el Papa expresa preocupación por el desarrollo de armas autónomas y plantea que ninguna tecnología puede hacer moralmente aceptable una guerra ni sustituir la responsabilidad humana en decisiones relacionadas con la vida y la muerte.
Un llamado a “desarmar” la inteligencia artificial
Uno de los conceptos más llamativos del documento es el llamado a “desarmar la inteligencia artificial”.
Con esa expresión, León XIV propone liberar estas tecnologías de las lógicas de competencia militar, dominio económico y concentración de poder que hoy impulsan gran parte de su desarrollo. El objetivo, según explica el Vaticano, es que la inteligencia artificial se ponga al servicio del bien común y no de los intereses de unos pocos.
"Desarmar quiere decir romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar. Desarmar no significa renunciar a la tecnología, sino impedirle el dominio sobre lo humano. Significa sustraerla a los monopolios, hacerla discutible, refutable, y por tanto habitable, restableciendo en ella la pluralidad de las culturas humanas y de las formas de vida", dice la encíclica.
"La tarea, hoy, no es sólo ética o técnica; es ecológica en el sentido más radical, porque interpela una nueva dimensión de nuestra Casa común. La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora", agrega.