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Las claves para enfrentar el alza de los combustibles sin afectar el presupuesto familiar

Las opciones van desde recortar gastos no esenciales hasta modificar los hábitos de movilidad. Aun así, expertos recomendaron implementar ajustes graduales en lugar de medidas drásticas.
Foto: Yattaa de Getti Images Pro y vwalakte de Getty Images

El reciente anuncio del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, sobre el aumento en el precio de los combustibles tensa el presupuesto de los hogares y obliga a reestructurar los gastos familiares.

Lo anterior, ya que, según expertos, el impacto no solo se reflejará en el costo al llenar el estanque del auto familiar, sino también en el encarecimiento de otros bienes y servicios asociados a la cadena logística, lo que terminaría por elevar el costo de vida de una forma más amplia.

“Supongamos a alguien que gastaba $50.000 en llenar un estanque que le duraba una semana, ahora deberá desembolsar $15.000 extra semanal, lo que equivale a un gasto mensual adicional de $60.000”, explicó Helmut Franken, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Santo Tomás.

"Al ser el combustible un insumo básico en la cadena productiva, otros ítems de la canasta de consumo de una familia típica también subirán", aseguró.

Foto: Fahroni

El impacto, además, no es igual para todos los hogares. En este escenario, la académica del Departamento de Economía de la Universidad Diego Portales, Bárbara Sádaba, advirtió que “en Chile, los hogares de menores ingresos destinan una mayor proporción de su presupuesto al transporte y la energía, lo que los hace especialmente sensibles a aumentos en los precios de los combustibles”.

En esa línea, detalló que “los hogares de los deciles más bajos (1–3) gastan entre un 6 y un 10% de su ingreso en transporte público, taxis y combustible para vehículos propios, mientras que en los de mayores ingresos esta proporción baja a entre 3% y 5%".

Así, frente a este escenario, especialistas coincidieron en que el principal ajuste no pasa solo por reducir drásticamente el consumo de combustible, sino que también por reorganizar el presupuesto y priorizar los gastos esenciales de cada familia.

Ajustar el presupuesto sin afectar lo esencial

El académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes, Nicolás Román, explicó que "las alzas pronunciadas como las de los combustibles pueden generar ciertos cambios en los hábitos de consumo, pero en general se trata de bienes bastante inelásticos. Es decir, a las personas les resulta difícil reducir significativamente su uso, especialmente en transporte o en bienes asociados a cadenas logísticas que siguen siendo necesarios".

Foto: Niphon Subsri de Niphon subsri

En ese contexto, planteó que “el principal ajuste debe venir por el lado de revisar la concordancia entre los ingresos y el nivel de gasto”. Esto implica, en la práctica, restringir la compra de bienes o servicios no esenciales más que esperar una caída relevante en el consumo de combustible.

Una línea similar planteó el economista René Fernández, académico de la Universidad de Santiago, quien advirtió que muchas familias reaccionan de forma equivocada ante estos escenarios. “Cuando hablamos de hacer ajustes en el presupuesto familiar, la mayoría de las personas reacciona recortando en partidas como educación; eso es un error neuropsicológico”, señaló.

Por esto, recomendó priorizar medidas como “consolidar la carga de combustible en un solo vehículo por hogar, aunque implique coordinar horarios” y reasignar recursos de otros items del presupuesto, por ejemplo, mover fondos destinados a imprevistos hacia transporte de forma preventiva para evitar recurrir a deuda.

Evitar errores que agravan el problema

Para los expertos, uno de los principales riesgos en contextos de alzas es no hacer ajustes a tiempo.

“El principal riesgo es no hacer ningún ajuste pese al aumento en el costo de vida, manteniendo los mismos niveles de consumo con ingresos constantes”, advirtió Roman. Esto, explicó, suele derivar en endeudamiento mediante tarjetas o líneas de crédito, lo que resulta insostenible en el tiempo.

Desde otra perspectiva, Fernández identificó sesgos conductuales que también afectan las decisiones. Entre ellos, mencionó el “error de focalización”, que lleva a reducir viajes largos pero mantener recorridos cortos en auto, pese a que podrían hacerse caminando, lo que impide dimensionar el gasto acumulado.

Asimismo, destacó el “sesgo de status quo”, que hace que las personas mantengan las mismas rutas o hábitos de consumo aun cuando existen alternativas más eficientes, y el “efecto etiquetado”, donde se pierde control del gasto al cargar combustible por montos fijos en lugar de litros, dificultando la trazabilidad del consumo.

En definitiva, a estos errores se suman prácticas como no comparar precios entre estaciones de servicio, pese a que en escenarios de alta volatilidad las diferencias pueden ser significativas, lo que implica un gasto innecesario adicional.

Estrategias concretas para reducir el gasto

En el corto plazo, los expertos estuvieron de acuerdo en que existen medidas prácticas que pueden aliviar el impacto sin afectar significativamente la calidad de vida.

“Una estrategia concreta es cambiar el uso del vehículo particular por la locomoción colectiva en los casos en que sea posible”, planteó Roman, lo que permite reducir el gasto de manera inmediata.

“Una estrategia concreta es cambiar el uso del vehículo particular por la locomoción colectiva en los casos en que sea posible", Nicolas Román. (Foto: xavierarnau de Getty Images Signature)

En la misma línea, Fernández sugirió cambios en el entorno más que en la fuerza de voluntad. Entre ellos, recomendó reorganizar los lugares de compra para que estén en la ruta habitual, evitando desvíos que aumenten el consumo de combustible.

Otra alternativa es compartir viajes. “Ofrezca un asiento a un vecino o compañero por un monto simbólico fijo semanal”, indicó, destacando que cuando existe una transacción explícita, las personas perciben el traslado como un recurso y no como un costo hundido.

Asimismo, el uso de herramientas digitales para comparar precios y la planificación de rutas también permiten optimizar el consumo. A esto se suman prácticas de conducción eficiente y la combinación de distintos medios de transporte, como el uso del auto solo hasta estaciones de Metro o buses.

Cambios graduales más que transformaciones inmediatas

Pese al impacto de las alzas, los expertos coincidieron en que no necesariamente se producirán cambios estructurales inmediatos en los hábitos de las familias. Román explicó que “si bien estas alzas pueden generar ciertos ajustes, es difícil que provoquen cambios profundos en hábitos que ya están muy arraigados”.

Sin embargo, las alzas sí pueden incentivar modificaciones puntuales, como sustituir algunos trayectos por transporte público o ajustar otros consumos del hogar, por ejemplo en calefacción, buscando alternativas más económicas.

Desde una mirada más estructural, Sádaba planteó que la clave está en anticiparse a escenarios prolongados.

“Si el aumento del precio del petróleo se percibe como persistente y los conflictos geopolíticos no muestran señales de resolverse, conviene hacer ajustes graduales al presupuesto familiar”, aseguró. En este sentido, advirtió que “si se tratara de un pico temporal, los cambios drásticos podrían ser innecesarios”.

Fernández, en tanto, planteó que los cambios estructurales dependen más de los incentivos que de la conciencia. En este sentido, recomendó, por ejemplo, evaluar el costo total de mantener un segundo vehículo, considerando no solo el combustible, sino también el seguro, la mantención y la depreciación.

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