Platos, vasos y cubiertos de un solo uso como cartón, madera y plástico

Chilean way y su NOT récord en sostenibilidad

"Chile alcanzará un hito difícil de igualar: tendrá la ley más restrictiva del mundo en materia de entrega de productos desechables para consumo dentro de locales de comida"

Sebastián Herrera Larraín
Socio Lathrop Mujica Herrera y Diez Abogados

En febrero de 2026, si nada cambia, Chile alcanzará un hito difícil de igualar: tendrá la ley más restrictiva del mundo en materia de entrega de productos desechables para consumo dentro de locales de comida. La normativa —parte de la llamada “Ley de Plásticos de un Solo Uso”— prohibirá ofrecer vasos, platos, cubiertos, bowls, palillos, individuales y otros implementos, incluso si están fabricados con cartón, papel, fibras vegetales, madera, biopolímeros o materiales compostables certificados.

Es importante subrayarlo: aunque el título de la ley aluda al plástico, su etapa final va mucho más allá. La prohibición será total respecto de cualquier producto de un solo uso, sin distinguir materiales, origen, certificación ni desempeño ambiental. En la práctica, esto significa que un vaso de cartón compostable quedará fuera de la ley, mientras que un vaso reutilizable de mala calidad —que se deseche a los pocos usos— estará plenamente permitido.

Todo esto descansa sobre una premisa absolutista profundamente equivocada: “todo reutilizable es mejor que cualquier desechable”. Como todas las generalizaciones, esta es una peligrosa. Se ignora, sin excepción, las evaluaciones de ciclo de vida, los impactos reales de producción, uso y disposición, y las nuevas tecnologías que han permitido el desarrollo de soluciones verdaderamente sostenibles en el ámbito de los descartables.

El resultado no será menor: una normativa que penaliza la innovación y castiga a quienes han invertido en alternativas responsables. Esto solo logrará reforzar un espejismo regulatorio donde lo importante no es el impacto real, sino la señal política. Bajo este esquema, se institucionaliza un tipo de greenwashing que, lejos de fomentar la economía circular, la obstaculiza.

Una regulación ambiental seria no puede darse el lujo de ignorar la evidencia científica ni los avances tecnológicos. Sobre todo, cuando el beneficio de la solución es completamente discutible y los costos para la deprimida industria local son altísimos.

Si lo que buscamos es sostenibilidad, necesitamos políticas públicas que reconozcan la complejidad del problema y premien las mejores soluciones disponibles, sin dogmas ni simplificaciones.

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