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Óscar Landerretche, economista: "Chile no enfrenta una escasez de profesionales, sino una de capacidades"

El decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile planteó fortalecer el vínculo entre universidades y empresas. Además, propuso crear 20 campus científico-empresariales para potenciar la investigación y la innovación.
Archivo / Foto: Felipe Poga Prensa U. de Chile

La expansión de la educación superior no ha bastado para impulsar la productividad ni para que Chile desarrolle más conocimiento propio.

Para Óscar Landerretche, economista y decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, el desafío está en que el país no solo forme más profesionales, sino que también desarrolle capacidades que puedan traducirse en mayor productividad y conocimiento.

“Un sistema educativo que se organiza en torno a la señal de que puede expandirse durante décadas, certificar a millones de personas y, sin embargo, no hacer al país más capaz”, sostuvo en una presentación realizada en el encuentro anual de Acción Empresas.

“Chile no enfrenta hoy en día escasez de profesionales, sino una escasez de capacidades”, señaló. A su juicio, el país debe dejar de medir el avance educativo solo por la cantidad de títulos y poner el foco en lo que efectivamente aprenden las personas.

Para acercar la investigación a la actividad productiva, propuso crear una red de 20 campus científico-empresariales, articulados en torno a universidades y a las vocaciones productivas de cada región. La iniciativa reuniría a empresas, laboratorios, centros tecnológicos y organismos públicos.

Más títulos y una productividad estancada

Landerretche planteó como una paradoja que Chile haya expandido su educación superior durante las últimas dos décadas mientras la productividad permanece prácticamente estancada desde hace más de diez años.

Oscar Landerretche, decano de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile exponiendo en el encuentro anual de Acción Empresas / FOTO: Chócale.

“Si contamos con una fuerza de trabajo más calificada y no somos más productivos, caben tres hipótesis: que formamos con calidad insuficiente, que formamos en las competencias equivocadas o que la economía no ofrece los espacios donde ese conocimiento puede desplegarse. Yo sospecho que las tres operan simultáneamente en nuestro caso”, indicó.

Para el economista, el problema está en confundir la educación con la obtención de credenciales. “El stock de capacidades de un país no es igual a su número de cartones”, dijo. Y advirtió que, cuando el título pasa a ser el objetivo del sistema, estudiantes e instituciones pueden terminar privilegiando la credencial por sobre el aprendizaje efectivo.

El diagnóstico también apunta a la baja inversión en investigación y desarrollo. Chile destina alrededor de 0,4% del Producto Interno Bruto (PIB) a esta área, frente a un promedio de 2,7% en los países de la OCDE, expuso. “La distancia no es de grado, es de magnitud. Es de escala”, enfatizó.

Universidades y empresas: una conexión débil

Landerretche destacó que en Chile las empresas ejecutan entre 35% y 40% de la investigación y desarrollo, una proporción similar a la de la educación superior.

En las economías que han avanzado hacia actividades más complejas, en cambio, las empresas tienen un papel más relevante en la producción de conocimiento, mientras las universidades alimentan ese proceso, dijo.

La debilidad de ese vínculo, planteó, no depende de un solo actor. En las empresas, comprar tecnología ya desarrollada puede ser más rápido y menos riesgoso, pero también puede cerrar oportunidades de aprendizaje.

Archivo / Foto: Felipe Poga Prensa U. de Chile

“Cada solución adquirida como caja cerrada es una oportunidad de aprendizaje que no se aprovecha. Y aquello que no se aprende no puede mejorarse ni adaptarse a las condiciones locales”, afirmó.

En las universidades, cuestionó que los sistemas de evaluación académica privilegien las publicaciones indexadas y den poco reconocimiento al trabajo aplicado o a la colaboración con el sector productivo.

“Un académico que dedica años a resolver un problema industrial complejo sin producir publicaciones encuentra en muchas de nuestras instituciones escaso reconocimiento de carrera. Probablemente no podría progresar en la carrera, de hecho”, planteó.

También llamó a revisar los incentivos públicos. La continuidad y la previsibilidad, señaló, son necesarias para que empresas y universidades desarrollen proyectos conjuntos durante periodos largos.

“Abundan los acuerdos de cooperación de carácter general y escasean las colaboraciones sostenidas en torno a problemas específicos. Y es en esas últimas donde efectivamente se acumulan capacidades”, dijo.

Una red de 20 campus científico-empresariales

Como propuesta, Landerretche planteó crear 20 campus científico-empresariales articulados en torno a universidades con alto desempeño en investigación y con presencia adicional en capitales regionales.

“Lo que falta es convertir esa base en ecosistemas, lugares donde empresas, laboratorios universitarios, centros tecnológicos, emprendimientos y organismos públicos compartan un mismo espacio físico y una misma agenda de largo plazo”, sostuvo.

Foto: USS

Entre las universidades que mencionó para esa red están la Universidad de Chile, la Pontificia Universidad Católica, la Universidad de Santiago, la Universidad de Concepción y la Universidad Técnica Federico Santa María, además de instituciones regionales.

El economista señaló que Chile debería avanzar hacia una inversión en investigación y desarrollo equivalente al 1% del PIB y sostuvo que una estrategia de largo plazo permitiría fortalecer la capacidad de innovar.

“La universidad tiene una ventaja que es propia: puede pensar en horizontes de 20 o 30 años con independencia del ciclo económico y del ciclo político. La empresa tiene otra: sabe transformar ideas en soluciones que funcionan y que la sociedad valora”, dijo.

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