La informalidad, las brechas digitales de las personas mayores y la necesidad de adaptar la educación financiera a distintos públicos marcaron el panel 'Educación e inclusión financiera: El rol de la sociedad civil', realizado en el marco del Encuentro Nacional de Educación Financiera (ENDEF), organizado por Chócale.
En la instancia, participaron Karina Gómez, gerenta general de Fondo Esperanza; Sofía Rivas, directora ejecutiva de Conecta Mayor UC; y Jaime Ruiz-Tagle, director de Mi Barrio Financiero y académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile.
La conversación, moderada por Macarena Ossa, gerenta general de la Asociación de Fondos Mutuos, comenzó con las brechas que los panelistas identifican en su trabajo con distintas comunidades.
Gómez puso el foco en la importancia del acompañamiento. “No se puede hacer inclusión financiera solo a través de instrumentos financieros, es decir, crédito, ahorros y los seguros, sino que tiene que ser de la mano de la educación financiera”, aseguró.
Las barreras digitales para las personas mayores
Para Rivas, gran parte de la inclusión financiera se juega en tareas cotidianas que hoy pasan por el celular, por lo que sostuvo que las instituciones deben considerar esas situaciones al diseñar sus productos.
"Para las personas mayores ya no se trata de entender qué es una tasa de interés, sino que se trata de entender: ¿cómo descargo esta aplicación?, ¿es segura? ¿El mensaje que me mandaron me lo está mandando mi banco o es una estafa? ¿Y a quién le pido ayuda para que me ayude en este trámite sin pasarle mi clave?", planteó.

Esta dificultad, agregó, no necesariamente responde a una falta de capacidad. "La inclusión en la mayoría de los casos, sobre todo en las personas mayores, no viene por el desinterés de las personas mayores, sino que viene del diseño que hacemos de los productos, de las interfaces, de los canales", afirmó.
En este contexto, llamó a incorporar a los adultos mayores desde las primeras etapas de desarrollo de servicios y políticas públicas. "Primero, diseñemos con las personas mayores, no solo para las personas mayores", propuso.
Asimismo, defendió la continuidad de alternativas presenciales para diversos trámites. "No se olviden, muy importante, siempre hay que mantener la puerta humana abierta. Un canal presencial, un canal telefónico real, y no como una excepción, sino como un derecho", aseguró.
Microseguros y alternativas para los emprendedores
Desde la perspectiva de Fondo Esperanza, Gómez planteó que el diseño de productos financieros para emprendedores debe considerar cuánto ganan las personas y los riesgos que enfrentan.
"El 60% gana menos de $400.000. Una prima de 5.000 pesos es muy alta. Nuestras primas más vendidas son las de $1.500. Quiero ponerle cifras para que cuando hagamos inclusión y diseñemos instrumentos, tengamos esos números también a la hora de poder diseñar el instrumento", planteó.
En 2025, Fondo Esperanza entregó 15 mil microseguros con coberturas de salud, vida y efectos del cambio climático. Gómez explicó que estos instrumentos pueden ayudar a enfrentar emergencias, sobre todo entre emprendedores informales que no tienen protección social.

"Nosotros creemos firmemente que, para generar educación financiera, inclusión financiera, los microseguros son esenciales", aseguró.
La gerenta general también abordó la situación de los emprendedores que logran guardar parte de sus ingresos, aunque mantienen ese dinero fuera del sistema formal. A partir de ese diagnóstico, propuso que otros actores también puedan ofrecer alternativas de ahorro formal.
"Que no solamente los bancos y las cooperativas puedan pactar ahorro, sino que instituciones como nosotros de microfinanzas, que hacen inclusión, que hacemos educación financiera, y otros tipos de actores".
El desafío de llegar a todos
Por su parte, Ruiz-Tagle, desde su experiencia con Mi Barrio Financiero, planteó que la educación financiera funciona mejor cuando aborda decisiones que las personas enfrentan en determinados momentos de su vida.
Por ejemplo, en el caso de los estudiantes, mencionó gastos relacionados con las casas de apuestas en línea, la compra de ropa de marca y conciertos, además del endeudamiento informal.
"Es muy interesante entender cuáles son las decisiones que están tomando los jóvenes en los colegios. ¿Cuáles son sus decisiones financieras? Y para eso muchas veces lo que hay que hacer es preguntar. Así de simple", señaló.

El académico sostuvo que esa adaptación requiere conocer a cada público y no asumir de antemano qué necesita. "Es importante muchas veces acercarse a las decisiones inmediatas", aseguró. Para eso, agregó, las organizaciones deben conversar con las personas y recoger sus experiencias antes de definir los contenidos.
Asimismo, sostuvo que mejorar la inclusión financiera no depende solo de la educación. A su juicio, también es necesario avanzar en conectividad, sobre todo fuera de Santiago.
El rol de la sociedad civil
Hacia el cierre de la conversación, Rivas definió a las organizaciones sociales como un vínculo entre las comunidades y las instituciones que ofrecen servicios financieros.
"El rol de la sociedad civil, yo diría que somos un puente. Porque llegamos a territorios donde el sistema no llega. Llegamos a comunas chicas, a territorios aislados, a zonas rurales", planteó.
"La sociedad civil agrega el puente, agrega los lentes y agrega el conocimiento de las personas, la parte más humana que es fundamental", complementó Ruiz-Tagle.
Para los panelistas, esa experiencia también debe influir en el diseño de productos y políticas. La participación de las comunidades desde el inicio, sostuvo Rivas, permite anticipar barreras que aparecen cuando los servicios ya están implementados.
"No nos llamen al final, cuando el producto ya está listo, para que nos capacitemos. Cuando el producto ya está lanzado o cuando la norma ya está publicada. Llámenos en el inicio", cerró Rivas.
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