
Antes de convertirse en las caras visibles de Camino Financiero, Ana Sanahuja y Sebastián Urizar tenían vidas laborales bastante distintas. Ella trabajaba como psicóloga y él como publicista, ambos en Alemania.
El rumbo de Sanahuja cambió cuando comenzó a buscar alternativas para guardar sus ahorros y descubrió los ETF. A partir de entonces, empezó a estudiar sobre inversiones y a documentar lo que iba aprendiendo en YouTube.
El canal comenzó a crecer y, con el tiempo, ambos vieron una oportunidad para dejar sus trabajos y dedicarse de lleno a la educación financiera. Así nació Camino Financiero, proyecto desde el que comparten contenidos sobre ahorro e inversión con su comunidad.
Desde sus primeros recuerdos relacionados con el dinero hasta la forma en que hoy organizan sus finanzas, Ana y Sebastián repasan su historia financiera en el cuestionario de Chócale.
– ¿Te daban mesada cuando chico/a? ¿Recuerdas qué hacías con ella?
Ana: Sí, a mí me daban mesada cuando era pequeña y me la gastaba en álbumes de las Spice Girls.
Sebastián: A mí me daban mesada, pero me la gastaba en cualquier chorrada. Era muy malo para ahorrar. Me lo gastaba todo; apenas me llegaba.
– ¿Emprendiste, trabajaste o tuviste algún tipo de negocio durante el colegio o la universidad? ¿En qué consistía?
Ana: Yo no, lamentablemente no tengo este espíritu emprendedor. Ha sido a través de Sebastián que me ha inculcado esto del emprendimiento.
Sebastián: Mientras estaba en el colegio, vendí chicles, Chocman y Super 8 en el recreo. Después me puse a montar computadores para señoras. Luego, en la universidad, hice páginas web.
– ¿Qué hiciste con tu primer sueldo?
Sebastián: Lo primero que hice fue agarrar el sueldo y fundírmelo de una. Me compré una tele y una PlayStation, automáticamente.
Ana: Yo en ropa, seguramente.
– ¿Cuál fue tu primer gran error financiero y qué aprendiste de él?
Sebastián: Hubo un proyecto de criptomonedas, que seguramente alguien se acordará, que se llamaba Terra. Había una criptomoneda que era como un dólar estable, que uno lo podía poner a ahorrar, y te daría un 20% de rendimiento. Personalmente, puse mucha más plata de la que debería, sin haber estudiado nada del ecosistema, y se fue a cero.
Ana: Me pasó lo mismo. Además, si puedo añadir otro error, fue no haber ahorrado, gastarlo en tonterías y no empezar a invertir.
– ¿Qué gasto innecesario recuerdas haber hecho y que hoy no repetirías?
Ana: Pagué un montón de dinero por un curso de inglés. Fue una tontería porque realmente lo que necesitaba era practicar más en lugar de apuntarme a otro curso.
Sebastián: El mío es cambiarme el teléfono una vez al año. Ahora, al menos, ya estamos haciendo contenido y lo uso como herramienta de trabajo, pero antes era solo por el vicio de cambiarlo.
– Actualmente, ¿destinas algo para ahorrar o invertir?
Ana: Sí, por lo menos un 30% de nuestros ingresos va a inversión, ahorro o a algún proyecto futuro para el que necesitemos acumular algo. Para los proyectos hay una cuenta remunerada para el corto plazo. Lo de largo plazo, por supuesto, en ETF.
Sebastián: Sí. Ahorro cerca de un 30% de mi sueldo, y lo trato de automatizar lo más posible, de enviar una transferencia automática al broker donde invierto, y ahí se hace toda la magia.
– Si tuvieras que resumir tu relación con el dinero con una frase, ¿cuál sería?
Sebastián: Para mí es una herramienta que te abre muchos espacios. No significa que el objetivo de tu vida deba ser ganar más y más plata, pero sí que te permite tener una calidad de vida determinada y cumplir ciertas cosas.
Ana: Yo diría que es un potenciador. Hay gente que dice que el dinero te hace mal, pero creo que potencia la forma en que tú seas. O sea, si eres buena persona, vas a ser más generoso con dinero, y si eres codicioso, vas a querer explotar más a la gente o algo así.
– Si tuvieran que dar un consejo financiero a alguien, ¿cuál sería?
Ana y Sebastián: Que empiecen a invertir lo antes posible.
– ¿Y un consejo para las finanzas en pareja?
Ana y Sebastián: Conversar y tener objetivos en conjunto.
También creemos que no existe una regla de quién debe aportar más o menos porcentaje, pero sí que se tiene que tener en consideración —si uno quiere tener cierto estilo de vida— qué puede aportar cada uno.
Debe estar conectado para enviar un comentario.