El avance de los pagos digitales en Chile y la región ha traído consigo un desafío creciente: el fraude. La rápida digitalización de los servicios financieros ha obligado a bancos, fintech y empresas tecnológicas a reforzar sus sistemas de seguridad para proteger a los usuarios y resguardar la confianza en los nuevos canales de pago.
Así lo señalaron Carlos Osuna, Senior Director International Business Development de Equifax, y Jaime Lorenzini, abogado socio de Lorenzini y Twyman, durante un nuevo capítulo de la segunda temporada del podcast El futuro de los Pagos, producido por ChilePay en colaboración con Chócale.
Según explicó Osuna, el proceso de digitalización se aceleró durante la emergencia sanitaria, cuando millones de personas comenzaron a realizar operaciones financieras de manera remota. “La pandemia nos hizo cambiar muchísimo en términos de adopción de la tecnología. O sea, aceleramos en un año lo que normalmente, si seguíamos con el mismo paso, hubiese sido a lo mejor 15”, señaló.
Este salto en la adopción digital también abrió espacio para nuevas modalidades de delitos informáticos. El ejecutivo explicó que muchos usuarios comenzaron a utilizar herramientas digitales sin experiencia previa, lo que facilitó el surgimiento de distintos tipos de engaño.
En ese contexto, advirtió que el principal riesgo para la industria no se limita a las pérdidas económicas, sino a la confianza de las personas en los sistemas digitales. “En el momento que no hay confianza, se dejan de usar. (…) Porque si hay fraude, ese es el dolor número uno”, afirmó.
El rol de los seguros bancarios
Las estafas también generan efectos reputacionales para las instituciones financieras, más allá del impacto directo en las víctimas. “Nadie está contento con los fraudes. Ni los consumidores, ni las instituciones financieras”, afirmó Lorenzini.

El abogado explicó que este fenómeno involucra distintos factores, desde el comportamiento de los usuarios hasta el marco regulatorio vigente, especialmente en lo que respecta a quién debe asumir los costos cuando ocurre un engaño.
En ese contexto, planteó que se debería considerar el rol de los seguros bancarios para enfrentar las pérdidas asociadas a este tipo de delitos digitales, sobre todo cuando no existe una responsabilidad clara.
“La regulación que se ha hecho en Chile, ¿es correcta? (…) Mi respuesta es, lamentablemente, no. (...) Aquí no es culpa del banco, tampoco de la señora Juanita. Cuando no es culpa de nadie (…) para ello se inventó el seguro”, señaló.
Según explicó, muchas estafas se producen mediante estrategias de ingeniería que llevan a las personas a compartir sus credenciales. "Si la persona entregó voluntariamente las claves porque hubo una inteligencia social sofisticadísima (…) que opere el seguro. Pero hoy día no está”, agregó.
Educación financiera y detección de patrones
Ambos especialistas coincidieron en que enfrentar estas amenazas requiere combinar educación financiera con herramientas tecnológicas de detección.
Lorenzini explicó que muchos engaños aprovechan debilidades o sesgos conductuales que afectan la toma de decisiones, especialmente cuando los delincuentes generan presión para que las víctimas proporcionen información sensible.
“Las personas somos seres humanos falibles en que cometemos errores”, señaló.
Por ello, planteó la necesidad de desarrollar políticas de educación financiera orientadas a los usuarios reales del sistema. “Trabajo en serio, en efectivo, medible, cuantificable de educación financiera”, indicó.
El ejecutivo de Equifax coincidió en que la formación debe comenzar desde edades tempranas, considerando que cada vez más jóvenes utilizan tarjetas y cuentas digitales.
“El tema educacional debe ser a todo nivel, debe ser desde el colegio”, afirmó. “A los que tenemos que asegurarnos de que aprendan bien y rápido son los que están más chicos (…) y a todo nivel, socioeconómico, porque la economía digital entra a todos lados”.
Junto con la educación, la tecnología también cumple un rol clave en la prevención de este tipo de ilícitos. Osuna explicó que hoy es posible detectar patrones inusuales en las transacciones y bloquear operaciones sospechosas en cuestión de segundos.
“Nosotros usamos inteligencia artificial para poder procesar datos en micro segundos y poder generar grafos que identifican patrones anómalos y con eso tomar decisiones”, explicó.
Sin embargo, Lorenzini advirtió que la regulación también puede transformarse en una limitación si restringe el uso de estas herramientas. “Hay un proyecto de la presidencia que limita, lamentablemente, el uso de la inteligencia artificial para la detección de fraude”, señaló.
A su juicio, el principal desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la protección de los datos personales y el uso de soluciones que permitan prevenir este tipo de delitos en el sistema financiero.
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