Marzo ya se asoma en el calendario y trae consigo una serie de gastos que muchos prefieren ignorar hasta que llega el momento de pagar. Tras el verano y las vacaciones, las familias deberán enfrentar una lista de compromisos financieros que se concentran en pocas semanas.
“Marzo, en Chile, no es solo un cambio de estación, ya que suele transformarse en una tormenta financiera perfecta para los hogares”, advirtió Sebastián Muñoz, abogado jefe del área de insolvencia de DefensaDeudores.cl.
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El especialista explicó que se trata de gastos “obligatorios y habilitantes”, es decir, desembolsos que admiten postergación sin consecuencias directas. “Esta concentración de vencimientos genera una presión de flujo de caja que puede superar el 40% de los ingresos mensuales de un hogar promedio”, señaló en conversación con Chócale.
En la misma línea, Sergio Tricio, CEO de Patrimore, apuntó al carácter estructural del fenómeno. “En Chile, marzo concentra una cantidad inusual de pagos en pocas semanas. Matrículas, útiles, uniformes, permisos de circulación, seguros, transporte. Es como si el año financiero empezara de golpe”, afirmó.
Además, recalcó que muchos hogares llegan a este periodo con una situación debilitada. “No es solo una sensación cultural: estructuralmente es un mes donde se superponen gastos grandes y poco postergables. Eso genera un shock de caja”, sostuvo.
Desde la academia coinciden con este diagnóstico. Nicolás Román, académico de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de los Andes, coincidió en que el problema no es solo el monto de los gastos, sino su concentración.

“Normalmente, los ingresos de los hogares son más estables que los gastos, con algunas excepciones como bonos y aguinaldos. En cambio, los gastos tienden a concentrarse en ciertos periodos”, explicó.
“Durante el verano se generan mayores gastos y, cuando estos se pagan con tarjetas de crédito, sus pagos se concentran en marzo”, agregó.
En este contexto, aunque se trata de compromisos conocidos, Juan Ortiz, economista senior del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, advirtió que “este tipo de gastos, dado que no se presentan en meses previos, implican un shock significativo para las familias, a pesar de ser completamente previsibles”.
Gastos previsibles pero exigentes financieramente
La mayor carga económica de marzo, en comparación con otros meses del año, se explica por la naturaleza de compromisos que se deben asumir. Muñoz subrayó que, a diferencia de diciembre —cuando gran parte del desembolso responde a decisiones voluntarias—, en el tercer mes del año los pagos no admiten postergación.
“Si no se paga la patente no se puede circular; si no se paga la matrícula no se puede estudiar”, ejemplificó.
Román agregó que durante el verano muchas familias aumentan su consumo y luego enfrentan en marzo el pago de esas tarjetas de crédito. Ese efecto, sumado al inicio del pago de mensualidades educacionales y otros compromisos, eleva la presión sobre el flujo de caja.
A este escenario se suma el entorno macroeconómico. Muñoz recordó que “no estamos en años de dinero fácil” y que, aunque la inflación ha retrocedido, “los precios quedaron en un escalón alto y las tasas de interés siguen lejos de ser ideales”, lo que limita el poder adquisitivo de las familias.

El uso del crédito: alivio inmediato con riesgo futuro
Ante el desequilibrio entre ingresos y egresos, muchos hogares suelen optar por tarjetas de crédito o créditos de consumo. Sin embargo, los expertos llamaron a evaluar esa decisión con cautela. “Desde una mirada técnica, no es sostenible financiar sistemáticamente marzo con créditos de corto plazo”, advirtió Muñoz.
Tricio coincidió en que el financiamiento puede servir como apoyo puntual, pero no como hábito. “Puede ser una herramienta puntual, pero no es sostenible si se vuelve rutina”, explicó.
A su juicio, el problema radica en la naturaleza repetitiva de estos pagos. “Si todos los años se financian con deuda de corto plazo, en la práctica se está trasladando el problema hacia adelante con intereses”, sostuvo.
Muñoz complementó que el uso reiterado de crédito para cubrir desembolsos que se repiten cada año genera “un efecto bola de nieve”, lo que podría traducirse en un alza de la morosidad hacia mitad de año.
“Lo que parte como una solución puntual termina tensionando no solo las finanzas familiares, sino también el sistema financiero en su conjunto”, afirmó.

El abogado identificó señales de alerta que permiten anticipar un eventual desorden presupuestario, como pagar solo el mínimo de la tarjeta, arrastrar la llamada “doble cuota” en junio o no contar con un fondo de emergencia.
En esos casos, recomendó priorizar obligaciones legales como patente y matrículas, evitar avances en efectivo y evaluar alternativas formales como la renegociación administrativa ante la Superintendencia de Insolvencia.
Para quienes no cuentan con ahorro previo, Joaquín Castro, CEO de Kuanto —aplicación móvil que permite organizar las finanzas personales—, tiene una mirada pragmática sobre el uso de cuotas.
“La clave no es evitar las cuotas a toda costa, sino entender su impacto: saber cuántas cuotas son, por cuánto tiempo y cómo reducen el presupuesto disponible en los meses siguientes”, señaló. “Cuando esos compromisos se registran y se hacen visibles, es posible repartir el impacto de marzo sin desordenarse y mantener un presupuesto manejable durante el resto del año”, agregó.
Planificación y control son la clave para comenzar bien el año
Los especialistas coinciden en que el primer paso para enfrentar los gastos de marzo consiste en asumir que se trata de un mes que exige una estrategia distinta. “Lo primero es asumir una realidad: marzo no se evita. Es un mes distinto y requiere enfrentarse con intención”, señaló Castro.
Para ello, recomendó algo básico, pero poco habitual: “Darse un momento para reflexionar, identificar qué gastos vienen y enlistarlos uno a uno: patente o permiso de circulación, matrículas, útiles y uniformes escolares, y en muchos casos el pago de vacaciones”, ejemplificó.
“El error más común es enfrentar marzo como un mes normal”, explicó. “Muchas personas saben que vienen más gastos, pero no ajustan su presupuesto ni su forma de gastar, y terminan pagando sobre la marcha, sin una visión clara de cuánto dinero queda disponible”. Esa dinámica, dijo, “lleva a tomar decisiones a ciegas y a postergar la revisión del gasto, lo que genera estrés y desorden financiero”.
Asimismo, recalcó la importancia de distinguir entre distintos tipos de egresos. “Tener claridad sobre el gasto fijo mensual habitual y restarlo del ingreso permite saber cuánto dinero queda realmente disponible”, señaló. Con esa cifra definida, agregó, “los gastos extraordinarios de marzo, que ya están identificados, deben priorizarse antes que los gastos variables”.
En cualquier caso, Ortiz subrayó que el escenario más favorable siempre será anticiparse con ahorro en los meses previos y distribuir estos compromisos a lo largo del año. “Planificar marzo no es solo ordenar un mes difícil, es una decisión clave para proteger el presupuesto de todo el año y evitar terminar en morosidad o Dicom más adelante”, cerró.
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