La industria de la moda es una de las más contaminantes del mundo. Representa cerca del 10% de las emisiones globales de carbono y es responsable de aproximadamente el 20% de las aguas residuales a nivel mundial, según cifras del Ministerio del Medio Ambiente.
En Chile, la realidad no es distinta: durante 2021 se generaron más de 572.000 toneladas de desechos textiles, equivalentes al 7% del total de los residuos sólidos urbanos.
El país, además, se posicionó como el cuarto mayor importador de ropa de segunda mano a nivel global, con un volumen superior a las 150.000 toneladas anuales, de las cuales una gran parte termina en vertederos ilegales como el del desierto de Atacama.
Este modelo de consumo acelerado y desechable, conocido como fast fashion, ha provocado un creciente cuestionamiento por parte de consumidores, emprendedores y actores del retail. Como respuesta, ha cobrado fuerza el concepto de slow fashion: una forma de entender la moda desde la sostenibilidad, la reutilización y la responsabilidad social.
La relevancia de esta tendencia se refuerza con la reciente inclusión de los residuos textiles en la Ley 20.920 —también conocida como Ley REP (Responsabilidad Extendida del Productor)— la cual establece que los fabricantes de ciertos artículos prioritarios son responsables de organizar y financiar la gestión de los desechos que sus productos generan.
De este modo, a partir de 2027, deberán hacerse cargo de recolectar y tratar las prendas que elaboran o vendan. Esto marca un antes y un después para la industria de la moda en el país.
Reutilización y arriendo de ropa como respuesta
Una de las respuestas más concretas al modelo del fast fashion ha sido el arriendo de vestuario. Chic Dress Project ofrece esta alternativa para eventos formales, con un modelo que incluye asesoría personalizada, préstamo de ropa, accesorios, y devolución sin necesidad de limpieza por parte del cliente.
“Arrendar una prenda en lugar de comprarla puede reducir la huella ambiental hasta en un 70 %, al evitar la producción de nuevas prendas y disminuir la acumulación de ropa en vertederos”, señaló Nicole Steck, fundadora de Chic Dress Proyect.

Desde su creación, el emprendimiento ha logrado que cada pieza se utilice hasta 15 veces. Según Nicole, esto ha permitido evitar el consumo de más de 150 millones de litros de agua. Además, la iniciativa se ha expandido para atender a mujeres de distintas edades y realidades.
Por su parte, X-IT Fashion propone un ecosistema circular que integra arriendo, intercambio, reacondicionamiento y reventa de vestuario.
“Transformamos lo que otros desechan en oportunidades de conexión, diseño y sostenibilidad, aportando desde Chile a un modelo que puede cambiar la industria textil en toda la región”, afirmó su fundadora, Úrsula Tiselj.
La empresa también impulsa iniciativas educativas y alianzas con colegios y recicladores, como Recicla2, buscando ampliar su impacto. Este enfoque permite llegar a diversos tipos de usuarios, desde quienes desean renovar su clóset sin comprar, hasta marcas o influencers que tienen prendas sin vender.
Obstáculos, cultura de consumo y el futuro del slow fashion
Transformar los hábitos de consumo continúa siendo uno de los grandes retos del sector. "Una de las principales barreras ha sido cambiar la mentalidad tradicional de compra y propiedad que existe en la industria de la moda", indicó Steck.
Tiselj, por su parte, destacó la falta de infraestructura tecnológica y el escaso conocimiento general sobre el modelo circular como obstáculos relevantes.
El retail tampoco está exento de dificultades. Tiendas como Falabella y Paris enfrentan barreras que van desde asegurar la trazabilidad en cadenas globales hasta la necesidad de inversiones significativas. La circularidad, reconocen, aún no se masifica en la industria.
“Lo sostenible debe dejar de ser una excepción y volverse parte del día a día”, indicó María Fernanda Kluever, gerenta de Sostenibilidad y Clientes de Paris.
A esto, se suma una evolución en las expectativas del consumidor. “Hoy el cliente no solo quiere comprar, quiere participar de otras experiencias circulares o ser parte de un cambio: donar su ropa, personalizarla o encontrar una segunda vida para sus prendas”, señaló Malena Marcalle, gerenta de Sostenibilidad de Falabella.
A pesar de las dificultades, tanto grandes compañías como emprendimientos están avanzando con iniciativas que buscan acelerar el cambio al slow fashion: desde el fortalecimiento de servicios de reciclaje, la expansión del vestuario de segunda mano, hasta la apertura de nuevas tiendas bajo modelos circulares.





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