El alivio mensual también tiene un precio

19 de octubre de 2026

Una oferta que reduce la cuota puede mejorar el presupuesto del próximo mes y elevar lo que se pagará durante años. Esa tensión merece ocupar el centro de la información crediticia.

A junio de 2025, el 14,1% de los deudores analizados por la CMF destinaba más de la mitad de su ingreso mensual al pago de obligaciones financieras. La carga mediana era 11,9%, según su Informe de endeudamiento 2025. La distancia entre el centro de la distribución y su extremo revela urgencias financieras muy distintas.

El informe se centra en deudores bancarios e incorpora sus obligaciones con entidades supervisadas; sus porcentajes no describen a todos los hogares. Para quienes llegan con poco margen a fin de mes, reducir un pago puede evitar atrasos. La dificultad aparece cuando la publicidad presenta ese alivio como si demostrara una rebaja del precio del préstamo. El plazo permite transformar una obligación grande en pagos manejables, pero también puede esconder cuánto cuesta obtener ese margen.

La investigación de Argyle, Nadauld y Palmer (2020), publicada en The Review of Financial Studies, ayuda a entender el mecanismo. Con 500.000 créditos estadounidenses para automóviles usados y discontinuidades en las condiciones ofrecidas por cientos de prestamistas, documenta una demanda más sensible al vencimiento que a la tasa de interés. También encuentra cuotas concentradas en números redondos.

Los consumidores parecen organizar decisiones alrededor de un presupuesto mensual, incluso en grupos que probablemente no enfrentan restricciones severas de liquidez. Los autores también observan que ahorros exógenos en la mensualidad se destinan a préstamos mayores. La cuota puede funcionar así como un objetivo que adapta el tamaño de la deuda.

Ese resultado no demuestra cómo decide un deudor chileno. Su aporte es mostrar que centrarse en la mensualidad puede responder tanto a una necesidad económica como a una regla mental sencilla. Ambas requieren una información mejor diseñada. Una persona puede conocer la tasa y, aun así, organizar toda su decisión en torno a cuánto puede pagar hoy. Agregar una cifra técnica al contrato no asegura que esa cifra determine la elección.

Un ejemplo hipotético permite ver el intercambio. Para recibir dos millones de pesos se ofrecen 24 cuotas de 100.000 o 36 cuotas de 75.000, incluidos todos los costos y sin desembolsos adicionales. La mensualidad baja 25%, mientras el total sube de 2,4 a 2,7 millones. El hogar obtiene 25.000 pesos de holgura durante los primeros dos años, a cambio de 300.000 pesos adicionales y un tercer año de pagos. Una decisión razonable puede aceptar ese costo; necesita verlo primero.

La forma de exhibirlo importa. Bertrand y Morse (2011) realizaron un experimento de campo en locales estadounidenses de préstamos de corto plazo conocidos como payday. Destacar los cargos monetarios que se acumulaban al renovar los préstamos redujo en 11% la probabilidad de volver a pedirlos durante los cuatro meses posteriores, respecto del grupo de comparación. Es una reducción relativa en ese mercado, sin equivalencia automática para Chile. Aun con ese límite, el estudio muestra que hacer visible la acumulación de costos puede modificar decisiones reales.

La enseñanza práctica es que un buen comparador necesita dos vistas. La primera mantiene constante monto y plazo para examinar el precio. El Sernac explica que la CAE permite comparar bajo esas condiciones. La segunda permite cambiar el vencimiento y muestra, simultáneamente, la cuota, el total a devolver y los meses agregados. Así se distingue cuánto cuesta el financiamiento de cuánto cuesta acomodarlo a una restricción mensual. Un ordenamiento basado solo en la cuota tenderá a premiar plazos extensos.

Al refinanciar, esa segunda vista debe comparar la operación nueva con los pagos pendientes de las deudas anteriores. El monto que se recibe, los gastos incorporados y la fecha en que se termina de pagar deben quedar visibles. Una consolidación puede simplificar la administración e incluso reducir el riesgo de atraso, aunque aumente el desembolso total. Evaluarla únicamente por la caída de la cuota deja fuera precisamente el costo del alivio ofrecido.

También existe una objeción atendible: demasiada información puede volver ilegible una oferta. La respuesta es jerarquizarla. Una pantalla breve puede mostrar monto líquido, cuota, costo total y vencimiento final, con el detalle disponible para revisar. Esa presentación puede probarse con usuarios y evaluarse según su comprensión de las diferencias, además de la contratación. Informar es útil cuando permite anticipar las consecuencias de la elección.

El crédito cumple una función valiosa al distribuir pagos en el tiempo. La transparencia debe hacer comprensible el precio de esa distribución. En un mercado donde la restricción mensual pesa tanto, la promesa de una cuota menor necesita ir acompañada de una respuesta igualmente visible: cuánto cuesta conseguirla y cuándo se recupera la libertad de dejar de pagar.

Juan Alberto Díaz Mondaca

Ingeniero comercial y docente

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