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☝️El Índice de la Semana #12:¿Qué pasa con la economía si Chile produce menos cobre?

En agosto, la minería cayó 17,4% y arrastró al Imacec a terreno negativo. Expertos explican por qué el principal motor del país perdió fuerza.
Ilustración: Chócale

La minería chilena atraviesa uno de sus años más complejos en dos décadas. La producción de cobre viene cayendo desde 2018 y este año tocaría uno de sus niveles más bajos en más de veinte años, un retroceso que ya se nota en el crecimiento y que abre una pregunta incómoda: ¿está Chile frente a una recesión minera?

Para responderla, Chócale conversó con cuatro especialistas del sector. Aunque ninguno se apresura a usar la palabra recesión, todos coinciden en el diagnóstico de fondo: el país está produciendo menos cobre por una mezcla de mala suerte, geología y problemas de gestión, y recuperar el terreno perdido tomará años.

El golpe quedó a la vista en agosto. Ese mes, según el Índice Mensual de Actividad Económica (Imacec), el indicador mensual de actividad económica del Banco Central, la economía cayó 1,0% y la minería se desplomó 17,4%, mientras el resto de los sectores creció 1,4%. Fue el cobre el que arrastró el resultado total a terreno negativo.

¿Recesión minera? Los expertos prefieren otra palabra

Carlos Carmona, presidente del Instituto de Ingenieros de Minas de Chile y académico de la Universidad Mayor, pide cautela con el término. “Yo sería muy cauteloso al hablar directamente de una ‘recesión minera’, porque no es un concepto que debamos utilizar solamente porque cae la producción durante algún tiempo”, advierte.

Prefiere hablar de “una contracción importante de su actividad minera y particularmente de la producción de cobre”. A su juicio, esa contracción deja en evidencia brechas de productividad, gestión y capacidad de ejecución que la industria tiene que corregir.

Foto: Ministerio de Minería

Andrés González, encargado del Área Minera de Plusmining, también duda del concepto, pero pone el foco en la tendencia. “Lo cierto es que la producción de cobre chilena viene en una curva descendente desde 2018, cuando se sobrepasaron los 5,8 millones de toneladas”, explica.

Según su estimación, este año se producirán menos de 5,1 millones, “lo que marcará la menor producción desde 2003”.

Las cifras varían según quién proyecte, pero todas apuntan en la misma dirección. Cochilco estima cerca de 5,27 millones de toneladas para 2026, 2,6% menos que en 2025. Gustavo Lagos, académico especialista en minería de la Universidad Católica, calcula “poco menos de 5,2 millones”, frente a los 5,41 millones del año pasado.

Menos ley, roca más dura: las causas de fondo

Un concepto clave para entender la caída es la ley del mineral, que indica cuánto cobre contiene cada tonelada de roca extraída. Cuando la ley baja, hay que mover y procesar más material para obtener la misma cantidad de metal, lo que encarece y hace más lenta la operación.

Viviana Fernández, académica de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), sostiene que la caída refleja “un deterioro de la capacidad productiva del país”.

Entre las causas menciona “el agotamiento y menor ley del mineral en yacimientos históricos”, el paso a minería subterránea profunda, los mayores costos por escasez hídrica y las demoras regulatorias. A su juicio, el envejecimiento de los yacimientos fija un piso productivo más bajo y exigente.

Carmona describe el mismo fenómeno desde la ingeniería. “Hoy necesitamos mover y procesar más mineral, utilizar más activos, energía y agua, e invertir más para obtener incluso la misma cantidad de cobre”, detalla. Producir lo mismo cuesta cada vez más, porque los yacimientos son más profundos y maduros.

Foto: tifonimages en Getty Images

Ninguno de los expertos, eso sí, atribuye todo a la geología. Fernández afirma que “los problemas operacionales y los retrasos en las obras de reposición impidieron que la capacidad instalada absorbiera esa degradación geológica”. A eso se sumó el mal tiempo asociado al fenómeno de El Niño, que según González “afectó fuertemente a Los Pelambres y Caserones”.

Lagos detalla dónde se concentró la caída. Este año, según el académico, “se confabularon muchas condiciones”. La baja más fuerte vino de Escondida, con unas 120 mil toneladas menos, y de Codelco, con unas 70 mil.

En total, Chile dejaría de producir cerca de 230 mil toneladas de cobre respecto de 2025. Para Lagos, varias de estas diferencias son propias del vaivén normal de la minería, con una excepción que mira con más atención: Chuquicamata y El Teniente, las dos grandes divisiones de Codelco.

Esas faenas “dejarían de aportar unas 300 mil toneladas en conjunto respecto a la producción de hace seis años”, explica, en un proceso de unos cinco años. “Yo pienso que esa producción se va a recuperar en la próxima década, pero hay quienes tienen otra visión”, reconoce.

Cuánto le cuesta a la economía la caída del cobre

Un factor amortiguó el golpe. El alto precio del cobre permitió que los ingresos por exportaciones y la recaudación fiscal no cayeran al ritmo de la producción. “El alto precio del cobre este año compensó la caída de la producción, tuvimos suerte”, resume Lagos.

Fernández advierte que esa compensación tiene límites. Un valor elevado del metal mejora la caja fiscal, pero “no logra evitar que la menor extracción reste puntos al crecimiento del PIB real”. El PIB real mide cuánto produce el país sin considerar el efecto de los precios, por eso menos toneladas significan menos crecimiento, aunque cada una valga más.

Foto: Nyamdorj

El impacto también llega a las regiones. Según la académica, al procesar y transportar menos mineral, “se reduce la demanda de insumos, fletes y servicios especializados”. Menos cobre significa menos trabajo para proveedores y transportistas en zonas como Antofagasta, Atacama y Coquimbo.

González explica el peso del sector con números: “La minería explica aproximadamente el 60% de las exportaciones, alrededor del 10% de los ingresos fiscales y cerca del 12% del PIB directo, aunque puede llegar al 30% al incluir encadenamientos productivos”.

Los encadenamientos productivos son las actividades que dependen de la minería, como la ingeniería, la construcción, el transporte o los proveedores de insumos. Por eso una caída en las faenas se expande al resto de la economía.

“Si la producción del cobre cae en torno a 7%, no es sorpresivo que esté en duda si la economía nacional logra evitar decrecer este año”, añade González.

Carmona recuerda que el Banco Central recortó su proyección de crecimiento para 2026 y que, entre las razones, menciona expresamente la menor producción minera, aunque aclara que no es la única causa.

Mucha inversión, pocas minas nuevas

Chile sigue invirtiendo montos importantes en minería, pero buena parte de ese dinero sirve para mantener la producción actual más que para aumentarla. Aquí entran en juego dos conceptos clave del sector: los proyectos brownfield y los greenfield.

Los brownfield son expansiones, reposiciones o continuidades de minas que ya operan. Los greenfield son minas nuevas, levantadas desde cero en zonas sin infraestructura previa. Son estos últimos los que permiten sumar capacidad productiva neta, y en Chile escasean.

Foto: solucionfotografica de Getty Images

“Hay una sequía de proyectos greenfield de cobre a gran escala. De hecho, el último fue hace más de 10 años, lo que hace desafiante que el país logre expandir su producción”, explica González.

González destaca que el proyecto de ley MK4, la reforma al mercado de capitales que presentó el Gobierno, incluye medidas para promover la exploración greenfield. A su juicio, la iniciativa “va en la dirección correcta, pero sus efectos se podrían comenzar a ver recién a largo plazo”.

Fernández llega a una conclusión similar. “Los proyectos proyectados apenas compensan el agotamiento natural de los yacimientos actuales, pero no son suficientes para expandir de forma neta la capacidad productiva del país”, advierte. Llevar un proyecto greenfield desde la factibilidad hasta la primera producción puede tomar entre 8 y 10 años, plazo que la Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales busca acortar.

¿Cuándo podría volver a crecer la producción?

La buena noticia es que 2027 se perfila mejor. Lagos considera que 2026 es “un punto de inflexión” y que el próximo año varias minas aumentarán su producción, “cada una aportando un poco, pero en conjunto ello representa bastante”. Calcula un alza de unas 350 mil toneladas. González proyecta para 2027 “una recuperación en torno al 4%”.

Carmona distingue entre dos tipos de recuperación. En el corto plazo, la clave está en mejorar la gestión. “Hay operaciones que pueden recuperar niveles productivos sin esperar el desarrollo de una nueva mina”, afirma. Volver a crecer de forma sostenida, en cambio, exige exploración y nuevos proyectos.

Los plazos, en todo caso, son largos. González advierte que una aprobación más expedita de proyectos en evaluación ambiental “puede ayudar, pero se trata de efectos que se podrían comenzar a ver recién en unos tres años”. Incluso con una recuperación, la producción seguiría bajo el máximo de 2018 durante al menos esta década.

Fernández estima entre 3 y 5 años para estabilizar la oferta con proyectos de continuidad, y entre 7 y 10 años para superar los 6 millones de toneladas de cobre fino. Eso pone en duda la meta oficial. Lagos cree que la proyección del ministro Mas de llegar a 6 millones de toneladas en 2030 “puede ser un poco optimista”, aunque matiza: “Es bueno que el gobierno sea optimista y que empuje”.

Carmona cierra con un llamado. “Por eso debemos actuar ahora. Las decisiones que tomemos hoy van a determinar buena parte de la producción minera que Chile tendrá durante la próxima década”, concluye.

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